Según explicó Kazdin durante su intervención, el escenario de crisis climática se combina con otros factores que agravan la salud mental: el aumento de la migración, inundaciones, huracanes, sismos e incendios, así como el desplazamiento forzado y la inseguridad alimentaria e hídrica. Todos estos elementos, sostuvo, actuarían como detonantes adicionales de estrés en contextos urbanos y rurales por igual. El especialista añadió que la contaminación atmosférica y del agua estaría asociada con incrementos en las tasas de depresión, ansiedad, trastornos del espectro autista y conductas suicidas, aunque no ofreció cifras específicas para México durante su presentación.
Uno de los planteamientos centrales del investigador, cuya trayectoria incluye décadas de estudio sobre tratamientos conductuales en niñas, niños y adolescentes, fue que la atención de la salud mental no puede limitarse al consultorio. "Existen actividades de la vida cotidiana que tienen impacto significativo en la reducción de los síntomas de los trastornos psiquiátricos", expuso, y puso como ejemplo caminar hacia la oficina, una práctica que a su juicio contribuye a mejores estados de salud y mayor empatía.
Sin embargo, el propio especialista reconoció una limitación relevante para el contexto mexicano: la inseguridad en las grandes ciudades y las largas distancias entre los hogares y los centros de trabajo dificultan que estas prácticas puedan replicarse de forma masiva, particularmente en zonas metropolitanas como el Valle de México. La atención de la salud mental, sostuvo, debe reconectar a los pacientes con su dimensión más humana.
Kazdin abordó también el papel creciente de la tecnología en el diagnóstico y tratamiento de trastornos mentales. Mencionó el uso de inteligencia artificial para personalizar intervenciones terapéuticas, así como chatbots, telemedicina, aplicaciones, servicios de mensajes cortos, realidad virtual y aumentada, y robots de asistencia social como herramientas en desarrollo o implementación en distintos países.
No obstante, el investigador advirtió sobre los límites de estas herramientas: incluso los propios especialistas enfrentarían dificultades para distinguir cuándo interactúan con un sistema de inteligencia artificial. En ese sentido, planteó que uno de los principales retos de la psicología contemporánea consiste en alejar a los pacientes con depresión y otros padecimientos del estrés y reconectarlos con vínculos humanos y empáticos.
La directora de la Facultad de Psicología de la UNAM, Magda Campillo Labrandero, señaló que el propósito del encuentro fue analizar cómo ampliar el acceso a las intervenciones en salud mental. Destacó a Kazdin como un referente de la psicología contemporánea por sus aportaciones en tratamientos de conducta infantil y adolescente, sus investigaciones sobre crianza y sus propuestas para diversificar las alternativas de atención psicológica más allá del modelo clínico tradicional.
En la conferencia participaron también María Elena Medina-Mora Icaza, titular de la Unidad de Apoyo a la Salud Emocional y Psicológica de la UNAM, y Juan José Sánchez Sosa, profesor emérito de la Facultad de Psicología, ambos referentes en la investigación sobre epidemiología psiquiátrica y terapia conductual en México durante las últimas décadas.
La ponencia se dio en el marco de una agenda académica de la Facultad de Psicología, que en fechas recientes ha documentado otros riesgos ambientales para la salud pública: un estudio de la propia UNAM identificó las zonas de mayor riesgo por muertes asociadas a rayos, que habrían dejado más de 2,470 fallecimientos en el país en años recientes, según esa investigación.
El planteamiento de Kazdin se inscribe en un debate más amplio sobre los efectos del cambio climático en la salud pública. En México, la vigilancia epidemiológica en materia de salud mental recae en instituciones como la Secretaría de Salud y el Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz, si bien no existe hasta ahora un mecanismo específico que vincule de manera sistemática variables climáticas con indicadores de salud mental.
La discusión sobre salud mental y desastres no es nueva en el país: especialistas del sector salud han documentado desde hace décadas el impacto psicológico de eventos como el sismo de 1985 y el del 19 de septiembre de 2017, que dejaron secuelas de estrés postraumático estudiadas por instituciones académicas. La novedad del planteamiento de Kazdin radica en vincular ese tipo de afectaciones con el fenómeno más amplio y sostenido del cambio climático.
De cara a los próximos meses, la Facultad de Psicología de la UNAM no ha anunciado un calendario específico de actividades derivadas de este encuentro, aunque su dirección adelantó la intención de continuar impulsando espacios académicos orientados a ampliar el acceso a la atención psicológica en el país, en coordinación con unidades como la de Apoyo a la Salud Emocional y Psicológica.