El primer hito del mes llegará el 8 de septiembre, cuando Saturno alcance su punto de oposición respecto al Sol. En ese momento, el planeta se ubicará en su posición más cercana a la Tierra dentro de su órbita anual, lo que se traduce en un mayor brillo y un tamaño aparente más grande visto desde territorio mexicano. Según el sitio especializado Star Walk, citado como referencia técnica, el planeta de los anillos podrá verse durante toda la noche, aunque su observación detallada —con la nitidez de los anillos— requiere telescopio.
En la madrugada del 19 de septiembre, la Luna en fase creciente se aproximará visiblemente a Venus en el horizonte este, un fenómeno conocido como conjunción lunar. Este tipo de acercamientos aparentes entre la Luna y los planetas son relativamente frecuentes en el calendario astronómico, pero su visibilidad depende de la claridad del cielo antes del amanecer y de la ausencia de nubosidad, condiciones que suelen ser más favorables en las regiones del centro y norte del país durante esta época del año.
El 22 de septiembre, a las 12:05 horas del tiempo del centro de México, se producirá el equinoccio de otoño, de acuerdo con los registros del Observatorio Astronómico Nacional de la UNAM. En ese instante geométrico, el eje de rotación terrestre queda perpendicular a la línea que conecta la Tierra con el Sol, lo que provoca que el día y la noche tengan una duración prácticamente idéntica en todo el planeta. El fenómeno marca el inicio astronómico del otoño en el hemisferio norte.
La observación de equinoccios y solsticios tiene una larga tradición en México, sostenida institucionalmente por la UNAM, que desde hace décadas difunde de manera pública los horarios exactos de estos eventos con fines tanto científicos como de divulgación. El seguimiento de estos ciclos hunde sus raíces en las culturas mesoamericanas, que construyeron observatorios y templos orientados a los movimientos solares: el caso más conocido es el de Chichén Itzá, en Yucatán, cuya pirámide de Kukulcán proyecta durante los equinoccios el descenso de una figura serpentina sobre su escalinata, uno de los precedentes astronómicos más célebres de la historia del país.
Entre el 9 y el 11 de septiembre se espera además la actividad de una lluvia de meteoros conocida como Perseidas de septiembre, de menor intensidad que la corriente homónima de agosto. De acuerdo con las proyecciones disponibles, la madrugada del 9 de septiembre concentrará el pico de actividad, con un promedio estimado de entre 5 y 7 meteoros por hora en cielos con baja contaminación lumínica, una cifra muy inferior a la que puede alcanzar la lluvia de las Perseidas clásicas en agosto, la más vistosa del calendario anual.
La superluna que cierra el mes
El evento de mayor atractivo visual llegará el 29 de septiembre con la Luna de la Cosecha, nombre tradicional que recibe la luna llena más cercana al equinoccio de otoño. Ese día, la fase de Luna Llena coincidirá con el perigeo, es decir, el punto de la órbita lunar más cercano a la Tierra. Según datos de la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA), el satélite natural se percibirá hasta un 14% más grande y un 30% más brillante que en una luna llena promedio, lo que la convierte en la última superluna registrada en el calendario de 2026.
El fenómeno de superluna, aunque llamativo para el público general, no representa un evento astronómico infrecuente: ocurre varias veces al año cuando la órbita elíptica de la Luna la sitúa en su punto de máxima cercanía coincidiendo con la fase llena. La diferencia de tamaño y brillo respecto a una luna llena convencional, si bien perceptible, suele ser sutil a simple vista y se aprecia mejor mediante fotografía comparativa o instrumentos ópticos.
Para la observación de estos fenómenos, tanto el INAOE como la Oficina de Coordinación de Asuntos del Espacio Exterior de las Naciones Unidas (UNOOSA) recomiendan alejarse de las fuentes de luz urbana, verificar las condiciones meteorológicas locales antes de salir a observar y permitir que la vista se adapte a la oscuridad durante al menos 20 minutos antes de iniciar cualquier sesión de observación nocturna. Estos organismos subrayan que el monitoreo constante de los astros permite comprender los ciclos de movimiento de la Tierra y de los cuerpos celestes que la rodean.
México cuenta con varios puntos reconocidos para la observación astronómica de calidad, entre ellos el Parque Nacional Sierra de San Pedro Mártir, en Baja California, sede del Observatorio Astronómico Nacional, así como zonas del desierto de Sonora y de Oaxaca con baja contaminación lumínica. Estas ubicaciones son frecuentemente recomendadas para maximizar la visibilidad de eventos como los previstos este mes.
El calendario astronómico de septiembre se suma a una serie de fenómenos que han captado la atención pública durante 2026, incluido un eclipse lunar parcial reportado previamente, que congregó a fotógrafos y curiosos en distintos puntos del país, como el Ángel de la Independencia en la Ciudad de México. La combinación de eventos accesibles a simple vista ha impulsado en los últimos años un interés creciente por la divulgación científica y el turismo astronómico en distintas regiones.
De cara a octubre, los organismos especializados suelen publicar con antelación los calendarios de nuevos fenómenos, entre ellos posibles lluvias de meteoros y conjunciones planetarias adicionales, cuya confirmación dependerá de las efemérides que difundan la UNAM y el INAOE en las próximas semanas.