Los datos oficiales publicados por la Comisión Electoral húngara son concluyentes. El Fidesz de Orbán se queda en torno al 33% de los votos, su peor resultado desde 2006. La coalición opositora encabezada por el partido Tisza —liderado por el exmiembro de Fidesz y hoy pro-europeo Péter Magyar— supera el 47%. El resto se reparte entre formaciones menores, incluida la extrema derecha del Movimiento Nuestra Patria, que entra al Parlamento con una representación testimonial. Traducido al lenguaje institucional: Hungría tendrá, por primera vez en casi dos décadas, un Ejecutivo alineado con el mainstream europeo.
Las implicaciones para Bruselas son inmediatas. Hungría vuelve a la política 'de mayorías construidas', lo que facilitará la aprobación de paquetes de defensa, migración y ampliación que hasta ahora dependían del veto húngaro en el Consejo. El canciller alemán y el presidente francés ya han felicitado personalmente al ganador esta misma tarde. En Moncloa, el presidente del Gobierno ha evitado hacerlo en público y ha delegado en el ministro de Exteriores.
El golpe más inesperado, sin embargo, no se ha dado en Budapest sino en Madrid. Porque Santiago Abascal acaba de perder, de golpe, a su principal —y casi único— interlocutor político en el Consejo Europeo. Durante los últimos años, Orbán había sido la puerta de entrada de Vox a la mesa europea: reuniones informales, cumbres paralelas, entrevistas cruzadas, incluso el histórico acto compartido en Budapest en 2024. Esa puerta, a partir de mañana, está cerrada. Y Abascal no tiene un plan b claro.
Alberto Núñez Feijóo, por el contrario, ha aprovechado la jornada con cirugía política. En un acto celebrado esta tarde en Sevilla, el líder del PP ha pronunciado la frase del día: 'Vamos a liberar a Europa y a España del Orbán del sur'. La expresión, cuidadosamente ensayada, apunta en dos direcciones: hacia Pedro Sánchez —al que dibuja como el rival geopolítico— y hacia el propio Vox —al que pretende aislar como residuo ideológico—. Es una jugada arriesgada, pero revela hasta qué punto la caída de Orbán reabre el melón de la estrategia europea del centro-derecha español.
Primero, recuperar el liderazgo en el Partido Popular Europeo y desgastar cualquier simetría con Vox. Segundo, usar el nuevo mapa europeo para presionar al Gobierno en temas como migración, defensa o energía, donde Feijóo considera que 'Sánchez no tiene coartada'. Y tercero, llegar a la precampaña andaluza con un relato de 'cambio de era continental' que ayude a Moreno a consolidar su mayoría absoluta.
En Vox, en cambio, la jornada ha sido de silencios cruzados. El portavoz del partido en el Congreso ha pedido 'respetar la soberanía de los votantes húngaros', una frase aséptica que no disimula el golpe. Y Abascal no ha emitido declaraciones en público durante todo el día. En su entorno reconocen que la caída del líder húngaro 'nos obliga a rehacer la agenda internacional desde cero' y admiten que el partido había apostado 'quizás demasiado' por un eje Madrid-Budapest que hoy queda desactivado.
Fuera del plano político, hay una lectura más honda. La victoria de Magyar en Hungría no se puede explicar solo por el cansancio: se explica también por el hartazgo con la corrupción, con los abusos del poder y con el desgaste de los liderazgos mesiánicos. Quienes han seguido de cerca la campaña coinciden en que lo que ha movilizado al electorado húngaro no ha sido tanto la ideología como el olor acumulado de una década de poder sin contrapesos. Ese es un mensaje que, bien leído, afecta a toda la Unión. Y que conviene no ignorar en ningún país, incluido el nuestro.
El resultado tendrá además consecuencias prácticas muy pronto. El próximo Consejo Europeo, que se celebrará en Bruselas a mitad de mayo, tiene en la agenda el paquete de ampliación hacia los Balcanes Occidentales, un acuerdo sobre el fondo común de defensa y una nueva ronda de sanciones. Sobre los tres puntos, Hungría había sido hasta ahora el principal escollo. Sobre los tres puntos, se espera ahora una tramitación ágil. Europa, por primera vez en meses, tiene un trámite político más fácil por delante. Solo falta saber si lo aprovecha.

