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Bruselas aprueba 114,7 millones de ayuda para la frontera de Ceuta

Frontex, Europol y la Agencia de Asilo respaldan el refuerzo operativo pedido por España, un mes después de que Madrid declinara ese apoyo

Por Redacción de El Hemiciclo· · Actualizado:
4 min de lectura
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La Comisión Europea ha aprobado una partida de 114,7 millones de euros destinada a reforzar los controles fronterizos de Ceuta y agilizar los procedimientos de retorno de migrantes en situación irregular. La decisión responde a una petición formal del Gobierno español, que solicitó apoyo operativo a Frontex, Europol y la Agencia de Asilo de la Unión Europea (EUAA) tras semanas de presión migratoria en la ciudad autónoma.

La secuencia resulta llamativa porque el propio Ejecutivo español había declinado semanas antes una oferta de despliegue de Frontex en Ceuta, la agencia europea de guardia de fronteras y costas creada en 2004 y reforzada sucesivamente tras la crisis migratoria de 2015. Ese giro —rechazo primero, solicitud de ayuda urgente después— ha situado el expediente en el foco del debate político español un mes después de la negativa inicial.

Ceuta, junto con Melilla, constituye la única frontera terrestre de la Unión Europea con el continente africano. Este enclave concentra desde hace décadas episodios de presión migratoria irregular, intentos de entrada por la valla perimetral y, en ocasiones, tragedias humanas: en junio de 2022 murieron al menos 23 personas en un intento de salto múltiple en la frontera de Melilla, según el recuento de organizaciones humanitarias y la investigación abierta por la Fiscalía española.

La ayuda aprobada por la Comisión se articula en tres frentes paralelos. Frontex aportaría agentes adicionales y medios de vigilancia para el control del perímetro fronterizo; Europol reforzaría la cooperación contra las redes de tráfico de personas que operan en el Estrecho y el norte de Marruecos; y la EUAA, agencia creada en 2022 para armonizar los procedimientos de asilo en los Veintisiete, prestaría apoyo técnico para acelerar la tramitación de solicitudes y, en su caso, las resoluciones de expulsión de quienes no cumplan los requisitos para permanecer en territorio comunitario.

El marco jurídico y los fondos que sostienen la intervención

El marco jurídico que ampara esta clase de intervenciones es el Reglamento (UE) 2019/1896 sobre la Guardia Europea de Fronteras y Costas, que permite a Frontex desplegar equipos de reacción rápida a petición de un Estado miembro cuando este afronta una presión que supera su capacidad de respuesta ordinaria. España ya recurrió a este mecanismo en episodios anteriores de crisis en Canarias, donde la llegada de embarcaciones marcó picos históricos, según datos del Ministerio del Interior.

La cifra de 114,7 millones se enmarca en los fondos del Instrumento de Gestión de Fronteras y Visados (BMVI, por sus siglas en inglés), dotado para el periodo 2021-2027 con más de 6.000 millones de euros a escala comunitaria, según la propia Comisión Europea. España figura, junto con Italia, Grecia y Malta, entre los principales receptores de estos fondos por su condición de frontera sur de la Unión.

El Gobierno de Pedro Sánchez no ha ofrecido hasta el momento una explicación pública detallada sobre los motivos que le llevaron a rechazar en un primer momento el despliegue de Frontex en Ceuta para después solicitar una ayuda de mayor cuantía. En episodios anteriores, fuentes del Ejecutivo defendieron que España cuenta con capacidad propia de gestión fronteriza y que la cooperación con agencias comunitarias se activa cuando resulta estrictamente necesaria, evitando una dependencia estructural de los mecanismos europeos.

Desde la oposición, el Partido Popular ha reclamado en los últimos meses una gestión migratoria más firme en Ceuta y Melilla y ha criticado lo que considera una descoordinación entre el Gobierno central y las autoridades locales de las ciudades autónomas. Vox ha exigido el cierre efectivo de la frontera y el rechazo a cualquier ayuda que, a su juicio, incentive la migración irregular. La ciudad autónoma de Ceuta, gobernada por el popular Juan Jesús Vivas desde 2001, ha reclamado reiteradamente mayores recursos estatales y europeos para hacer frente a lo que sus autoridades describen como una presión migratoria estructural.

Marruecos, pieza clave del control fronterizo

La dimensión geopolítica del expediente ceutí trasciende lo estrictamente migratorio. Marruecos ejerce un papel de control efectivo sobre los flujos que llegan a la valla en virtud de acuerdos bilaterales de cooperación policial reforzados tras la crisis diplomática de mayo de 2021, cuando miles de personas cruzaron la frontera de Ceuta en apenas 48 horas coincidiendo con la tensión por el ingreso en España, por motivos humanitarios, del líder del Frente Polisario, Brahim Ghali. Aquel episodio marcó un antes y un después en la relación entre Rabat y Madrid y evidenció la dependencia española de la cooperación marroquí.

La relación bilateral se reconfiguró tras la reapertura de los pasos comerciales de Ceuta en 2022, en el marco del acuerdo alcanzado entre Sánchez y el rey Mohamed VI que reorientó la posición española sobre el Sáhara Occidental. Ese giro diplomático permitió normalizar la cooperación fronteriza, aunque las autoridades ceutíes siguen advirtiendo de la fragilidad estructural del enclave ante posibles tensiones futuras.

La Unión Europea ha reforzado progresivamente su implicación directa en la gestión de las fronteras exteriores mediante el Pacto sobre Migración y Asilo, aprobado por el Parlamento Europeo y el Consejo en 2024 tras años de negociación. El texto establece mecanismos de solidaridad obligatoria entre Estados miembros, procedimientos de retorno más ágiles y un reparto de responsabilidades que ha generado fricciones entre los países de primera línea, como España, Italia y Grecia, y los del centro y norte de Europa.

El precedente más directo de una intervención de esta magnitud en territorio español se remonta a la crisis migratoria de Canarias de 2020 y 2021, cuando la llegada de más de 23.000 personas por vía marítima, según cifras del Ministerio del Interior, obligó a activar un dispositivo excepcional con apoyo de Frontex y fondos comunitarios de emergencia. Las autoridades canarias calificaron entonces la situación de colapso humanitario, un diagnóstico compartido por organizaciones como Cruz Roja y ACNUR.

A partir de ahora, el foco se desplaza a la ejecución efectiva de los 114,7 millones aprobados y al calendario de despliegue de los efectivos de Frontex, Europol y la EUAA en Ceuta, previsto para las próximas semanas. Queda pendiente también si el Gobierno ofrece explicaciones parlamentarias sobre el rechazo inicial a la ayuda comunitaria, una cuestión que los grupos de la oposición podrían plantear en las próximas sesiones de control al Ejecutivo en el Congreso de los Diputados.

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