La compañía insistió en que el procedimiento, contemplado en la legislación estadounidense para empresas en dificultades financieras, no implica liquidación ni cierre de planta. "Es importante señalar que este proceso no implica una liquidación ni cierre de operaciones, sino una reestructura financiera consensuada con accionistas y acreedores, cuyo objetivo es fortalecer la estructura financiera de la compañía, reducir su nivel de endeudamiento y asegurar la continuidad de las operaciones de largo plazo", señaló Braskem Idesa a Expansión.
Como parte del acuerdo de reestructura, Braskem S.A., accionista mayoritario de la empresa mixta, aportará aproximadamente 476 mdd, en lo que la compañía describió como una muestra de su interés en el desarrollo futuro del proyecto. La operación conjunta entre la petroquímica brasileña y el conglomerado industrial mexicano Grupo Idesa data de 2010, año en que ambas firmas constituyeron la sociedad para desarrollar la planta Etileno XXI.
El complejo, ubicado en Coatzacoalcos, entró en operación en 2016 y se dedica principalmente a la producción de polietileno, materia prima empleada en las industrias del plástico, automotriz y de la construcción. Su capacidad instalada es de 1.05 millones de toneladas anuales de etano, 750,000 toneladas de polietileno de alta densidad y 300,000 toneladas de polietileno de baja densidad, de acuerdo con datos de la propia empresa.
El origen de las dificultades financieras se remonta al esquema original de abasto de materia prima. Etileno XXI fue diseñado para recibir etano —insumo básico del proceso— directamente de Petróleos Mexicanos (Pemex), bajo un contrato de proveeduría de largo plazo. Sin embargo, la caída sostenida en la producción petroquímica de la empresa estatal derivó en incumplimientos de esos suministros, lo que obligó a la sociedad conjunta a buscar alternativas para mantener operativa la planta.
La respuesta de la compañía fue la construcción de la Terminal Química Puerto México (TQPM), una instalación para importar etano desde Texas, Estados Unidos, desarrollada junto con la firma Advario e inaugurada en mayo de 2025. La terminal tiene capacidad para 54,000 toneladas y puede transportar hasta 80,000 barriles diarios, lo que redujo la dependencia del suministro nacional. Pese a ello, la compañía subrayó que el contrato de proveeduría con Pemex sigue vigente.
De Pemex a las importaciones de Texas
El caso de Braskem Idesa se inscribe en un fenómeno que atraviesa a la industria petroquímica mexicana: el declive de la producción de Pemex en ese segmento, que ha dejado capacidad instalada dependiente del abasto estatal expuesta a interrupciones. La petroquímica de la empresa productiva del Estado ha operado durante años por debajo de su capacidad, obligando a las plantas del sector privado y mixto asentadas en el Golfo de México a recurrir a etano importado para no detener sus procesos.
La compañía había insistido, en su comunicación previa, en distinguir su situación financiera de la viabilidad operativa del complejo: sostiene que Etileno XXI seguirá produciendo polietileno para sus clientes en México y la región mientras avanza la negociación con acreedores. Braskem Idesa pidió diferenciar a la sociedad conjunta —constituida entre la brasileña Braskem S.A. y Grupo Idesa— del proceso de insolvencia al que se acogió su estructura de deuda.
El Capítulo 11 de la Ley de Quiebras estadounidense permite a una empresa continuar operando mientras negocia con sus acreedores un plan de reorganización financiera, a diferencia de otros procedimientos de insolvencia que conducen a la liquidación de activos. Es un mecanismo utilizado con frecuencia por corporativos con operaciones binacionales o accionistas extranjeros, dada la profundidad de los mercados de deuda de Estados Unidos y la experiencia de sus tribunales en estos procesos.
El recurso a la legislación estadounidense por parte de empresas con operaciones en México tiene antecedentes conocidos en el sector energético y de infraestructura. Constructoras y compañías del ramo petrolero que participaron en proyectos ligados a Pemex durante la última década recurrieron a esquemas de reestructura y a tribunales binacionales para renegociar pasivos tras la contracción de la actividad en Coatzacoalcos y en el resto del corredor industrial del sur de Veracruz, una de las zonas históricas de la petroquímica nacional desde su expansión en la segunda mitad del siglo XX.
La instalación de Coatzacoalcos representa una de las inversiones industriales más relevantes hechas en Veracruz en años recientes, con impacto en el empleo regional y en las cadenas de suministro de manufactura de plásticos del centro y sureste del país. Una reducción significativa de su capacidad operativa incidiría en la disponibilidad de polietileno para la industria nacional, que recurre a importaciones cuando la oferta interna no cubre la demanda.
El proceso de reestructura se produce en un contexto de atención pública sobre la relación entre la iniciativa privada y Pemex en el sector petroquímico, un tema presente en la agenda energética federal en medio de los esfuerzos por revertir la caída en la producción de crudo y derivados de la última década. La empresa estatal no ha emitido, hasta ahora, un posicionamiento sobre el proceso de su antiguo proveído.
De cara a los próximos meses, el proceso bajo el Capítulo 11 seguirá su curso ante un tribunal de quiebras en Estados Unidos, donde se definirán los términos finales de la reestructura entre Braskem Idesa, su matriz brasileña y el conjunto de acreedores. La compañía no ha precisado un calendario público para la conclusión del proceso, que en este tipo de procedimientos suele extenderse por varios meses hasta la homologación de un plan de reorganización aceptado por las partes.