De concretarse ese movimiento, México quedaría con dos calificaciones soberanas situadas en el límite del grado de inversión, el umbral que separa a un emisor apto para inversión de bajo riesgo de la categoría especulativa. Gutiérrez precisó que, técnicamente, ese recorte no activaría por sí solo una cláusula de incumplimiento crediticio para los mandatos de inversión internacionales, pero sí constituiría, en sus palabras, «un reconocimiento de que se ha presentado un deterioro».
El grado de inversión es la clasificación que otorgan agencias como S&P Global Ratings, Moody's o Fitch a la deuda de un país o una empresa cuando consideran que el riesgo de impago es bajo. Perderlo no implica una quiebra automática, pero eleva el coste al que el Gobierno y las empresas mexicanas pueden financiarse en los mercados internacionales, porque numerosos fondos institucionales operan bajo mandatos que les impiden mantener deuda por debajo de ese umbral.
Gonzali situó el diagnóstico en términos comparativos: actualmente México compite, dijo, en una liga de mercados emergentes en la que destaca por combinar grado de inversión, tasas de interés atractivas y profundidad de mercado, una combinación que, según sostuvo, ningún otro emergente ofrece en conjunto. La advertencia es que, si las autoridades no aplican políticas capaces de elevar el potencial de crecimiento de largo plazo, las calificadoras podrían retirar por completo ese grado y el país pasaría a competir en un terreno con más rivales y menos ventajas relativas.
Recurriendo a una metáfora futbolística en referencia al reciente cierre del Mundial, Gonzali ejemplificó que, en ese escenario, México disputaría la atención de los inversionistas frente a economías como Brasil, que ofrece tasas más altas y un mercado de deuda más profundo, o China, donde —afirmó— la distinción frente a otros emergentes se reduce de forma notable.
Gutiérrez fue explícito sobre cuál considera el riesgo real: no una recesión abrupta, sino el estancamiento prolongado del crecimiento por debajo del 2% anual. La pregunta relevante, sostuvo, no es cómo evoluciona el marcador de crecimiento en un trimestre concreto, sino cuánto tiempo puede permitirse México seguir rezagándose frente a sus pares emergentes antes de que ese rezago se vuelva estructural.
Para respaldar el diagnóstico, la firma citó la trayectoria de la última década: un crecimiento acumulado del 12,8%, muy inferior al 75% de India y al 71% de China en el mismo periodo, según los datos que manejó Franklin Templeton. El contraste ilustra la brecha que se ha abierto entre México y las economías emergentes que los propios inversionistas usan como referencia. El escenario que más preocupa, insistieron, no es el de una crisis financiera repentina, sino uno de inmovilismo: un círculo en el que el bajo crecimiento limita la recaudación, esa recaudación restringe el margen de maniobra fiscal y esa falta de estímulo perpetúa el bajo crecimiento, sin necesidad de un shock externo que lo detone.
El frente comercial y el T-MEC
Sobre el comercio, ambos analistas coincidieron en que el momento de mayor incertidumbre en torno al Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) ya quedó atrás, y lo situaron en abril de 2025, cuando Washington impuso una ronda de aranceles que tensó la relación trilateral. Gutiérrez matizó que, incluso tras la decisión de Estados Unidos de no renovar el acuerdo por un nuevo periodo de dieciséis años, los datos posteriores muestran que aumentó la proporción de exportaciones mexicanas hacia ese país acogidas a las reglas preferenciales del propio tratado, señal de que el marco sigue operando como base de la relación bilateral.
El T-MEC, en vigor desde julio de 2020 en sustitución del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), contempla un mecanismo de revisión conjunta a los seis años de su entrada en vigor y prevé una vigencia total de dieciséis años, prorrogable si las tres partes lo acuerdan. Gutiérrez reconoció que la revisión anual que se perfila tras la negativa estadounidense a la prórroga larga no aporta la claridad que los inversionistas necesitarían para comprometer capital de forma sostenida, aunque subrayó que el tratado, en su formulación vigente, se mantendrá activo hasta 2036.
Gonzali añadió una capa temporal al análisis: entre el presente y 2036 se sitúa el fin de la actual administración de Donald Trump, en enero de 2029, y antes, en noviembre de este año, las elecciones legislativas de medio mandato en Estados Unidos. El mercado, señaló, anticipa un Congreso estadounidense más equilibrado tras esa cita, lo que podría limitar la capacidad del Ejecutivo para tomar decisiones comerciales unilaterales que afecten a México.
El analista precisó además que, en la valoración de los inversionistas sobre México, la incertidumbre generada por las políticas comerciales de Estados Unidos pesa más en las decisiones de inversión que la derivada de la reforma judicial mexicana, aprobada en 2024, que introdujo la elección por voto popular de jueces y magistrados, incluidos los de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, y que ha sido cuestionada por sectores empresariales y jurídicos por su impacto en la certidumbre legal.
El precedente más cercano de un recorte de calificación soberana en México se remonta a 2020, cuando S&P, Moody's y Fitch rebajaron la nota del país en plena pandemia, citando el bajo crecimiento previo a la crisis sanitaria y el deterioro de las finanzas de Petróleos Mexicanos (Pemex). Aquel episodio dejó a México con calificaciones ya cercanas al límite del grado de inversión, el mismo umbral que ahora, según la advertencia de Franklin Templeton, volvería a estar en juego.
Ni la Secretaría de Hacienda y Crédito Público ni el Banco de México (Banxico) se han pronunciado públicamente sobre estas declaraciones. El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) tiene previsto publicar nuevas cifras del producto interno bruto que permitirán calibrar si la desaceleración descrita por la firma se confirma en los datos oficiales del segundo semestre de 2026.
La decisión que finalmente adopte S&P Global Ratings sobre la calificación soberana de México, así como los movimientos que puedan seguir Moody's y Fitch, dependerán en gran medida de la trayectoria fiscal que fije el paquete económico para 2027 y de cómo evolucione la revisión conjunta del T-MEC, dos hitos que los mercados seguirán de cerca en lo que resta de año.