De acuerdo con la versión oficial siria, ocho ataques aéreos impactaron la pista de aterrizaje y las instalaciones de almacenamiento de la base, ubicada a unos 70 kilómetros de la frontera con Turquía. Una segunda fuente militar y un residente de la zona citados por Ekhbariya descartaron que hubiera víctimas mortales o heridos. El ejército israelí declinó comentar los ataques y las autoridades de Defensa de Damasco no respondieron a las consultas.
La base de Abu al-Duhur permanece fuera de operación como aeródromo militar desde 2013 y cambió de manos en múltiples ocasiones durante los 14 años de guerra civil siria, un conflicto que enfrentó a las fuerzas leales al expresidente Bashar al-Asad con distintas facciones opositoras, entre ellas la que hoy encabeza el gobierno en Damasco.
Israel ha realizado incursiones recurrentes contra posiciones sirias desde la caída de Asad en 2024, cuando el actual presidente sirio, Ahmed al-Sharaa, asumió el poder tras el colapso del régimen. El gobierno israelí mantiene una postura de desconfianza hacia la nueva administración siria por sus antecedentes en milicias de corte islamista, pese a que Al-Sharaa ha cultivado vínculos diplomáticos con gobiernos occidentales.
Tras la caída de Asad, Israel ocupó territorio en el suroeste sirio y destruyó buena parte del armamento pesado y el equipo militar heredado del ejército de Damasco. Bajo el argumento de proteger a la minoría drusa, las fuerzas israelíes también han intervenido en episodios de violencia entre comunidades drusas y combatientes gubernamentales registrados el año pasado. El patrón no es nuevo: Israel bombardeaba objetivos en territorio sirio incluso durante los años en que Asad gobernaba, con el propósito declarado de contener la influencia de Irán en la región.
Ankara eleva el tono y respalda a Damasco
El ataque se produce en un contexto de tensión creciente entre Israel y Turquía, país que se ha consolidado como el principal respaldo internacional del gobierno de Al-Sharaa. Ankara ha entrenado a las fuerzas armadas sirias, colaborado en la reconstrucción de instituciones estatales e infraestructura, y ofrecido apoyo tanto militar como diplomático a Damasco.
El canciller turco, Hakan Fidan, advirtió el 6 de agosto que los ataques israelíes representaban una amenaza continua para la seguridad siria y exigió presión internacional sobre Israel para que respete la integridad territorial del país. El vocero del gobernante Partido de la Justicia y el Desarrollo, Omer Celik, señaló en la red social X que las políticas israelíes constituyen «el mayor enemigo de la paz y la tranquilidad para los pueblos de la región» y llamó a una reacción conjunta de la comunidad internacional.
Turquía cuenta con el segundo ejército más numeroso de la Organización del Tratado del Atlántico Norte y firmó recientemente un pacto de defensa con Pakistán y Arabia Saudita de características similares a los acuerdos de esa alianza. No se ha esclarecido si el gobierno turco participó en trabajos de renovación en la base de Abu al-Duhur, aunque Ankara ha reconocido que brinda asistencia a Damasco en distintos puntos del territorio sirio.
El secretario de Defensa israelí, Israel Katz, ha emitido advertencias reiteradas sobre la presencia militar de su país en la región. Israel ha señalado que sus tropas permanecerán desplegadas en zonas de Líbano, Siria y Gaza mientras persistan las condiciones de seguridad que, a su juicio, lo justifican.
La postura de Barrack refleja el interés de Washington en evitar que la fragilidad del nuevo gobierno sirio se vea comprometida por una escalada militar israelí. En su mensaje en X, el diplomático subrayó que Estados Unidos «sigue creyendo que la moderación y el diálogo ofrecen la vía más constructiva» y animó a todas las partes a «dar prioridad al diálogo racional frente a nuevos incidentes militares».
El episodio se inscribe en una cadena de fricciones diplomáticas que han complicado los esfuerzos de mediación regional, en momentos en que Washington también impulsa negociaciones paralelas para un eventual acuerdo sobre Gaza, con la participación de enviados como Jared Kushner en conversaciones con representantes de Hamás, marcadas hasta ahora por diferencias con la posición israelí.
El precedente de mayor peso es la propia dinámica de los últimos años: bajo el régimen de Asad, Israel ejecutó cientos de ataques contra depósitos de armas y posiciones vinculadas a Irán y a la milicia Hezbolá sin que ninguno de los actores enfrentados escalara hacia una guerra abierta, una tolerancia tácita que la caída de Damasco en 2024 y el ascenso de un gobierno respaldado por Ankara han puesto a prueba.
La Organización de las Naciones Unidas ha expresado en el pasado preocupación por la fragmentación del territorio sirio y el riesgo de que la disputa entre Israel, Turquía e, indirectamente, Irán derive en un nuevo ciclo de violencia que comprometa la ya precaria transición política abierta tras la salida de Asad.