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Un psicoterapeuta plantea la escucha activa frente al castigo en la adolescencia

El especialista Antonio Ríos sostiene que la sobreprotección y el castigo repetido erosionan la autoestima adolescente y propone la negociación como alternativa.

Por Redacción de El Hemiciclo·
4 min de lectura
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El psicoterapeuta Antonio Ríos ha difundido en materiales divulgativos una serie de pautas para acompañar la adolescencia, una etapa de intensos cambios físicos y emocionales en la que, según sostiene, el joven construye su identidad y su autoestima. Ríos defiende sustituir los modelos de crianza basados en el control y la sanción por estrategias de escucha activa y negociación dentro del hogar, un planteamiento que coincide con las recomendaciones de UNICEF para familias con hijos adolescentes.

La adolescencia, entendida por la Organización Mundial de la Salud como el periodo comprendido aproximadamente entre los 10 y los 19 años, constituye una fase de transformaciones físicas, cognitivas y emocionales que coinciden con la formación de la identidad personal. Es en ese marco donde Ríos sitúa la frase con la que resume su enfoque: que el adolescente atraviesa uno de los tramos más exigentes del desarrollo humano, algo que, subraya, tampoco resulta sencillo de acompañar para los progenitores.

Según el psicoterapeuta, especializado en terapia familiar, los adultos tienden a centrar su atención en los comportamientos problemáticos de los hijos adolescentes, lo que crea un ambiente que él describe como demasiado «pesado» en el hogar. Ante esa tendencia, defiende que los padres transmitan seguridad y la convicción de que ciertos comportamientos deben regularse mediante la negociación, haciendo al adolescente partícipe en la búsqueda de la solución y aportándole un entorno estable y equilibrado.

La autoestima, explica Ríos, cumple un papel central en el desarrollo personal y social durante esta etapa: se relaciona con la valoración, positiva o negativa, que cada persona hace de sí misma y de sus capacidades, y se construye a partir de las experiencias vividas, las relaciones con los demás, las emociones, los valores y las opiniones que el joven va formando. Cualquier factor que interfiera en ese proceso puede dejar huella duradera.

Frente al patrón de fijarse en lo negativo, el psicoterapeuta propone un cambio de enfoque con pautas concretas: no juzgar, no culpar, apoyar, potenciar las cualidades del hijo o hija, resaltar sus logros y fijarse en aquello que hace bien. En ese marco sitúa la escucha activa, que considera fundamental para fomentar el bienestar mental y emocional del adolescente, favorecer su aprendizaje social y establecer un vínculo con él.

UNICEF respalda ese planteamiento en sus materiales de orientación para familias. «La escucha activa es fundamental en las relaciones con nuestros hijos. Alguien que escucha de forma activa se implica, se preocupa, no juzga y muestra comprensión, incluso cuando no está de acuerdo con el punto de vista de la otra persona (y especialmente en esas ocasiones)», señala la organización, que añade: «Aunque las convicciones u opiniones de tu adolescente sean distintas de las tuyas, debes respetar y valorar sus puntos de vista, lo que también contribuirá a que tu hijo o hija respete tus propias perspectivas y opiniones».

Construir una buena relación exige, según estas recomendaciones, mostrar interés por aquello que el adolescente considera importante, hacerle sentir que sus gustos y preocupaciones se valoran, compartir aspectos personales y buscar puntos en común. Preguntar por sus opiniones ayuda a comprender cómo se siente y qué piensa; y mantener desde la infancia una comunicación basada en el diálogo sobre sentimientos y experiencias facilita, subrayan, que esa confianza se prolongue en la adolescencia y perdure en la edad adulta.

Los efectos de la sobreprotección y el castigo

Uno de los aspectos en los que más insiste Ríos es en los efectos de la sobreprotección parental, un fenómeno que, según advierte, muchas familias no llegan a percibir. Entre sus secuelas a largo plazo cita la falta de confianza en las propias capacidades —porque el control viene «desde fuera»—, una mayor inseguridad y retraimiento, la dificultad para generar opiniones propias y una menor madurez y responsabilidad, que dejan al adolescente más vulnerable ante los problemas.

El psicoterapeuta también cuestiona la eficacia del castigo como herramienta educativa. Advierte de que el castigo no siempre consigue modificar una conducta y de que, cuando se emplea de manera repetida, puede perder gran parte de su efecto. Por ello recomienda recurrir a estrategias educativas centradas en el diálogo y en la corresponsabilidad, involucrando al adolescente en la búsqueda de soluciones en lugar de imponer normas de forma unilateral.

Este enfoque no es nuevo en el ámbito de la psicología familiar española. Desde la Transición, y de forma más marcada a partir de los años noventa, los modelos de crianza democrática han ido desplazando a los estilos autoritarios predominantes en generaciones anteriores. El derecho del menor a ser escuchado en los asuntos que le afectan está reconocido en la Convención sobre los Derechos del Niño de Naciones Unidas, ratificada por España en 1990 y de rango vinculante en el ordenamiento interno.

Los profesionales que trabajan en atención primaria y en servicios de orientación familiar recuerdan, no obstante, que no existe una fórmula universal válida para todas las familias, y que factores como el contexto socioeconómico, la estructura familiar o la presencia previa de trastornos de salud mental condicionan la eficacia de cualquier estrategia educativa. En esos casos, recomiendan acudir a servicios de orientación psicológica cuando el conflicto se prolonga o se intensifica.

El debate sobre cómo acompañar la adolescencia se enmarca en la creciente atención que instituciones sanitarias y educativas prestan a la salud mental juvenil. Los mensajes divulgativos como los de Ríos y los materiales de UNICEF seguirán previsiblemente presentes en los programas de orientación a familias durante los próximos cursos escolares, en un terreno en el que, coinciden los especialistas, la continuidad del diálogo pesa más que cualquier medida aislada.

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