Tigrino llegó a Senda Verde en 2018, luego de pasar un año en manos de una familia que lo confundió con un gato doméstico. Cuando el animal comenzó a cazar y a mostrar comportamiento silvestre, fue entregado al santuario, que atiende animales rescatados de situaciones de vulnerabilidad. Hoy es un macho de diez años, con un cuarto propio en una casita elevada entre los árboles y una rutina que incluye huevo, carne y una marcada preferencia por la soledad: cuando alguien se acerca, coloca una pata en el suelo y rasca hacia atrás, «como para decir ‘Ándate’», relató la bióloga Paola Nogales.
La responsable del descubrimiento contó cómo surgieron las primeras dudas sobre la clasificación del animal, inicialmente catalogado como un Leopardus tigrinus.
«Mientras describía a Tigrino con base en una guía brasileña, observé que muy probablemente no se trataba de esa especie. Para el Leopardus tigrinus la descripción era: ‘café claro, manchas chicas y cola anillada’. Y yo veía al gato y decía: ‘Este no es’», explicó la bióloga Paola Nogales.
Esa sospecha derivó en una colaboración de cinco años con el investigador Enzo Aliaga, el zoólogo Eduardo Eizirik y el biólogo Jonas Lescroart, quienes analizaron los genomas completos de 38 felinos del género Leopardus, procedentes tanto de ejemplares vivos como de especímenes conservados en museos. El equipo también obtuvo una muestra de pelo de otra hembra tilcayo silvestre, rescatada y luego liberada por veterinarios de Senda Verde tras ser perseguida por perros y herida a pedradas.
La taxonomía exige una divergencia genética de al menos un millón de años para reconocer una especie distinta. Según el estudio, el tilcayo se separó de su pariente más cercano, el Leopardus pardinoides, hace un millón 400 mil años. Hasta antes de la publicación, el llamado complejo tigrinus agrupaba cuatro especies —Leopardus tigrinus, Leopardus guttulus, Leopardus pardinoides y Leopardus emiliae—; con la incorporación del tilcayo, suman cinco las especies de gatos pequeños del género Leopardus en Sudamérica. La investigación describió además una subespecie, Leopardus tigrinus antisuyo, hallada en Perú.
El tilcayo mide 50 centímetros de la cabeza al cuerpo, con una cola de 26 centímetros y un peso cercano a los dos kilos. Se distingue de sus parientes por un pelaje más corto, menor contraste dorsal, rosetas abiertas más expandidas e irregulares y una cola proporcionalmente más larga, pero menos tupida.
Nogales explicó por qué Tigrino no podrá regresar a la vida silvestre pese a encontrarse sano. «A Tigrino lo sacaron del monte cuando era bebé. En realidad, a estos gatos la mamá los deja en la madriguera mientras se va a cazar y cuando vuelve ya no encuentra a sus crías», detalló. La cría fue alimentada de forma inadecuada durante su etapa de domesticación, cuando debía nutrirse únicamente de calostro para proteger su sistema inmunitario, lo que complicó su capacidad de adaptarse después a una dieta silvestre balanceada.
Desde 2021, el Decreto Supremo 4489 en Bolivia prohíbe tener animales silvestres como mascotas, una norma que Nogales invoca al describir el caso de Tigrino como una advertencia y no como un modelo a seguir. Un plan de reinserción a su hábitat natural implicaría, según la bióloga, entre uno y dos años de estrés para un animal que puede vivir hasta 13 años, por lo que permanecerá bajo resguardo permanente en el santuario. El hallazgo se suma a otras noticias recientes vinculadas a la conservación y el medio ambiente en la región, como el avance del huracán Polo frente a las costas del Pacífico.
Para el equipo científico, el siguiente objetivo es determinar la distribución geográfica de los tilcayos silvestres, un dato indispensable para evaluar su grado de amenaza. Nogales confía en que Tigrino tiene hermanos en los bosques nubosos de los Yungas, aunque localizarlos representa, por ahora, una tarea exhaustiva y pendiente.