El Consejo de Supervisión del gigante aeroespacial europeo, reunido esta tarde en Toulouse, ha decidido por amplia mayoría proponer el relevo en la presidencia no ejecutiva. La elección tendrá que ser refrendada por los accionistas en la junta general extraordinaria prevista para principios de octubre, pero las tres principales agrupaciones accionariales —los Estados francés, alemán y español, además de los institucionales privados— han confirmado ya su respaldo. La decisión es, a efectos prácticos, cosa hecha.
Conviene detenerse en el apellido 'histórico' y explicar por qué lo es. Airbus nació en 1970 como consorcio industrial europeo, y en sus 56 años de historia todas sus presidencias han alternado entre alemanes y franceses, reflejando fielmente el delicado equilibrio de poder entre los dos socios fundadores. Ningún español —y, sobre todo, ninguna mujer— había ocupado jamás ese asiento. Lo que hoy ha roto ese patrón no ha sido una cuota ni una reivindicación: ha sido, simplemente, la constatación de que Moraleda acumulaba más apoyos que cualquier otro candidato.
¿Quién es, exactamente, Amparo Moraleda? Ingeniera industrial por el ICAI, MBA por el IESE, 61 años, una carrera profesional que atraviesa los nombres más grandes del tablero global: IBM, donde llegó a presidir la filial española y luego la división europea de medio y sur; Iberdrola, donde entró en el consejo como independiente; Caixabank, donde es vicepresidenta y consejera coordinadora; Solvay, Airbus —ya formaba parte del consejo desde 2015—, Vodafone o Ericsson son algunos de los nombres que aparecen en su biografía. Moraleda pertenece, en efecto, al grupo muy reducido de directivas españolas con presencia simultánea en consejos europeos, estadounidenses y asiáticos.
Los elogios, tanto dentro como fuera del sector, se cuentan por decenas. El CEO de Airbus la ha definido como 'una consejera rigurosa, con un conocimiento profundo del negocio y una especial sensibilidad hacia el ecosistema proveedor del sur de Europa'. El ministro de Industria español ha hablado de 'un día de orgullo para la ingeniería española'. La Bolsa de París ha reaccionado en las dos horas posteriores al anuncio con una subida de Airbus superior al 1,6%.
Pero más allá de la simbología, lo que Moraleda hereda es una compañía en transición. Airbus factura hoy más de 65.000 millones de euros al año, emplea a 150.000 personas, tiene carga de trabajo hasta 2032 en la división de aviones comerciales y mantiene abierta una pugna larga con Boeing por el liderazgo global. Al mismo tiempo, enfrenta tres retos simultáneos: la competencia creciente del avión chino COMAC, la transición climática en un sector especialmente expuesto al coste del combustible y el estancamiento de programas estratégicos de defensa que han sido, históricamente, la segunda pierna del negocio.
La agenda de Moraleda, por tanto, no es precisamente suave. En primer lugar, deberá pilotar la relación institucional con Bruselas en el contexto de la guerra arancelaria abierta por Estados Unidos. En segundo lugar, tendrá que arbitrar en los próximos meses uno de los movimientos industriales más complejos que prepara Airbus: la posible consolidación del ecosistema aeroespacial del sur de Europa, con particular incidencia en España, Italia y Portugal. Y en tercer lugar, afrontará la delicada cuestión del futuro programa FCAS —el caza europeo de nueva generación—, atravesado por tensiones entre las industrias francesa, alemana y española.
No debe pasarse por alto, en clave hispana, lo que el nombramiento significa para la planta de Airbus en Getafe, para la de Illescas, para las factorías de Sevilla y Puerto Real y para el tejido de proveedores especializados del País Vasco y Cataluña. Durante años, el peso de España en las decisiones estratégicas del grupo ha sido inferior a su aportación industrial.
La otra lectura es, como siempre en estos casos, la de género. Moraleda lleva años evitando los focos que la presentan como 'directiva ejemplar' o 'pionera'. En las pocas entrevistas concedidas últimamente, insiste en que 'la normalización llegará cuando no haya que subrayarlo'. Y, sin embargo, el propio hecho del titular de hoy —primera mujer que preside Airbus— demuestra que la normalización aún no ha llegado. Es, al mismo tiempo, una victoria y un recordatorio.
Al salir de Toulouse esta tarde, Moraleda ha dicho solo dos frases a los reporteros que esperaban en la puerta: 'Gracias al consejo por la confianza. Ahora hay que trabajar'. Quienes la conocen aseguran que esa frase, entendida en su contexto, es casi un programa de mandato. Y, si los próximos meses confirman el pulso firme con el que se ha movido siempre, la era Moraleda en Airbus empezará antes aún del relevo oficial.


