El registro supone un máximo para AfD en la serie de GMS, dos puntos por encima del estudio de mediados de julio. La CDU/CSU, por el contrario, retrocede tres puntos y ya no reuniría apoyos suficientes para reeditar la actual coalición de gobierno con el Partido Socialdemócrata Alemán (SPD), que se quedaría en quinta posición con un 11%, la misma cifra que en julio.
Los Verdes ocuparían la tercera plaza con un 14% de apoyo, un punto más que en el sondeo anterior, mientras que La Izquierda escalaría al cuarto puesto con un 11% tras sumar también un punto. Por detrás quedarían el Partido Liberal Demócrata (FDP, 4%), la Alianza Sahra Wagenknecht (BSW, 3%) y los Votantes Libres (1%), tres formaciones que se situarían por debajo del umbral del 5% necesario para obtener representación en el Bundestag.
La debilidad de Merz no se limita a la intención de voto de su partido. Una encuesta reciente de Insa cifra en el 78% la proporción de alemanes que no lo considera «adecuado» para el cargo de canciller, frente a un 14% que respalda su capacidad; el 8% restante no sabe o no contesta. El deterioro alcanza incluso a su propio electorado: entre votantes de la CDU y la CSU, un 58% se muestra en contra y solo un 36% a favor.
Estos datos llegan una semana después de que AfD ganara las elecciones regionales del 6 de septiembre en Sajonia-Anhalt con un 43,8% de los votos y 39 escaños, tres menos de los necesarios para la mayoría absoluta. La CDU quedó relegada al segundo puesto con el 17%, seguida del SPD (9,3%), Los Verdes (8,9%), La Izquierda (8,6%) y la BSW (5,3%). El resultado consolidó a AfD como primera fuerza en un estado del este alemán, donde el partido —fundado en 2013 como formación euroescéptica— viene registrando sus mejores resultados.
Tras aquella derrota, Merz reconoció el golpe y advirtió de que «tendrá consecuencias». El canciller, que llegó al poder en 2025 al frente de una coalición con el SPD tras el colapso del tripartito semáforo de Olaf Scholz, encaja así un desgaste que erosiona los dos ejes sobre los que AfD ha construido su ascenso: la política migratoria y la económica.
«Tendrá consecuencias», advirtió Friedrich Merz, canciller de Alemania, tras el resultado de AfD en las elecciones regionales de Sajonia-Anhalt.
La formación de extrema derecha ha pedido ya la convocatoria de elecciones federales anticipadas para sustituir a Merz antes de que termine el año. La petición carece de recorrido legal inmediato: en el sistema alemán, el canciller solo puede ser reemplazado mediante una moción de censura constructiva en el Bundestag, que exige una mayoría alternativa capaz de investir a un sucesor, algo que hoy no existe mientras la coalición CDU/CSU-SPD conserve sus escaños.
Sajonia-Anhalt como precedente en el este
El avance de AfD en el este alemán no es nuevo. En las elecciones estatales de Sajonia-Anhalt de 2021 la formación ya había quedado como segunda fuerza, y en Turingia obtuvo en 2024 su primera victoria en unos comicios regionales tras la reunificación. El resultado del 6 de septiembre eleva ese techo hasta rozar la mayoría absoluta, en una región donde el descontento con la política energética y migratoria heredada de la era Merkel ha calado con más fuerza que en el oeste del país.
La Oficina Federal para la Protección de la Constitución (BfV) clasifica como extremistas a varias de las federaciones regionales de AfD, lo que somete al partido a vigilancia por parte de los servicios de inteligencia interior. Su discurso euroescéptico y sus posiciones favorables a un levantamiento de las sanciones contra Moscú lo sitúan como un actor disruptivo dentro de la arquitectura de seguridad europea, en un momento en que la Unión Europea intenta sostener una posición común frente a Rusia tras la invasión de Ucrania en 2022.
El fenómeno alemán se inscribe en una tendencia más amplia de fortalecimiento de la derecha radical en Europa, desde Italia hasta Países Bajos, acompañada de gestos de simpatía desde la Administración de Donald Trump. Esa misma dinámica atlántica asoma en otros frentes, como la presión de Washington sobre Kiev para que frene los ataques al diésel ruso ante su impacto en los precios internos de Estados Unidos.
La coalición de Berlín afronta así un doble frente: sostener la gestión económica de un país lastrado por el estancamiento industrial desde la crisis energética, y contener el avance de una formación que, según GMS, aventajaría en diez puntos a los democristianos si hoy hubiera elecciones federales.
El calendario no da tregua. El próximo 20 de septiembre se celebran elecciones regionales en Mecklemburgo-Pomerania Occidental y en Berlín, dos comicios que servirán para calibrar si la tendencia detectada en Sajonia-Anhalt y en los sondeos federales se traslada también al centro urbano y al norte del país, donde el discurso de AfD ha penetrado tradicionalmente menos que en los länder del este.


