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Los murales de Vlady sobre Trotsky pueden verse en la Biblioteca de Hacienda

Las pinturas, realizadas entre 1973 y 1981 en el Centro Histórico, retratan las revoluciones del siglo XX y la crítica al totalitarismo.

Por Redacción de El Hemiciclo·
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En el Centro Histórico de la Ciudad de México, la Biblioteca Miguel Lerdo de Tejada de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público resguarda un conjunto de murales pintados por Vlady entre 1973 y 1981 que recrean las revoluciones del siglo XX y dialogan con la figura de León Trotsky.

Vlady, hijo del escritor y militante Vladímir Kibálchich —conocido como Victor Serge—, llegó a México desde Europa en la década de 1940, cuando el país se consolidaba como refugio de exiliados políticos de distintas latitudes. Años más tarde, entre 1973 y 1981, desarrolló en la Biblioteca Miguel Lerdo de Tejada un ciclo mural que, de acuerdo con la documentación de la obra, constituye una de las lecturas visuales más completas sobre los procesos revolucionarios del siglo pasado.

La elección del recinto tiene un peso simbólico: la biblioteca pertenece a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público y forma parte del patrimonio artístico que resguardan instituciones públicas en el Centro Histórico de la Ciudad de México, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1987. El inmueble se ubica en República de El Salvador 49, a pocas cuadras del Zócalo capitalino, y hoy opera simultáneamente como espacio de consulta bibliográfica y como recinto museístico que exhibe de manera permanente las obras.

León Trotsky, cuyo nombre completo era Lev Davídovich Bronstein, fue una de las figuras centrales de la Revolución Rusa de 1917 y, más tarde, uno de los principales opositores al régimen de Iósif Stalin. Expulsado de la Unión Soviética en 1929, recorrió varios países antes de establecerse en México en 1937, invitado por el entonces presidente Lázaro Cárdenas, en un episodio que la historiografía mexicana señala como ejemplo del papel del país como destino de asilo político durante buena parte del siglo XX.

Trotsky vivió sus últimos años en la Ciudad de México, primero en la Casa Azul de Coyoacán, junto a Frida Kahlo y Diego Rivera, y después en una residencia cercana, hoy convertida en museo, donde fue asesinado el 21 de agosto de 1940 por Ramón Mercader, agente enviado por los servicios de inteligencia soviéticos. El aniversario de su muerte suele ser ocasión, en círculos académicos y culturales del país, para revisar tanto su obra teórica como el impacto de su exilio en la vida intelectual mexicana.

La obra mural de Vlady en la biblioteca de Hacienda no representa de manera directa la biografía de Trotsky, sino que aborda, mediante un lenguaje simbólico y figurativo, las tensiones entre revolución y poder que atravesaron el siglo XX, desde la Revolución Rusa hasta otros procesos de transformación política en distintas regiones del mundo. Esa aproximación coincide, según el material consultado, con la crítica trotskista al totalitarismo estalinista, entendido como la degeneración burocrática de un proyecto revolucionario original.

El legado teórico contra el poder absoluto

El pensamiento de Trotsky sobre el totalitarismo, desarrollado principalmente en textos como La revolución traicionada, de 1936, sostiene que el poder absoluto concentrado en un aparato estatal sin control democrático termina por asfixiar la libertad de creación y de pensamiento crítico, incluso cuando se reclama heredero de una causa emancipadora. Esa tesis, escrita durante su exilio, se convirtió en referencia de la teoría política sobre las dictaduras del siglo XX, tanto de signo comunista como fascista.

La defensa de la imaginación y la autonomía artística frente al dogmatismo político, otro de los ejes atribuidos a su pensamiento, encontró expresión en el manifiesto Por un arte revolucionario independiente, firmado en 1938 en Coyoacán junto al pintor Diego Rivera y el escritor francés André Breton, fundador del surrealismo. El documento defendía la libertad creativa como condición necesaria de cualquier proyecto emancipador, en contraste con el realismo socialista impuesto por el régimen soviético.

Ese vínculo entre exilio y vida cultural mexicana no se limitó a Trotsky ni a Vlady. La Ciudad de México acogió durante el siglo XX a numerosos artistas e intelectuales perseguidos por regímenes autoritarios, tanto de derecha como de izquierda, entre ellos el propio Victor Serge, padre de Vlady, quien murió en la capital mexicana en 1947 tras huir de la persecución estalinista.

El Museo Casa de León Trotsky, ubicado también en la alcaldía Coyoacán, complementa este circuito de memoria histórica al conservar el estudio, la biblioteca personal y los objetos del revolucionario ruso tal como quedaron tras el atentado que le costó la vida. Ambos espacios —la biblioteca de Hacienda y el museo de Coyoacán— funcionan, cada aniversario luctuoso, como puntos de referencia para quienes buscan revisar su legado en México.

No existe, hasta el momento, un programa oficial anunciado por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público ni por autoridades culturales federales para conmemorar de manera específica esta fecha en 2026, más allá de la disponibilidad permanente de los murales para consulta pública, de acuerdo con la información disponible. El acceso se enmarca en las políticas de difusión del patrimonio artístico que la dependencia resguarda en distintos inmuebles históricos del primer cuadro de la capital.

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