La compilación aspira a preservar en formato libro un material que, repartido en entregas periodísticas, corría el riesgo de quedar relegado a las bases de datos digitales. La serie se adentraba en el origen toponímico de calles y plazas, en las leyendas populares asociadas a determinados rincones y en la evolución arquitectónica y social de barrios que han cambiado de fisonomía en las últimas décadas.
Víctor de la Serna y Gutiérrez-Répide (Madrid, 1929-2004) fue una de las firmas más reconocidas del periodismo español de la segunda mitad del siglo XX, con una trayectoria que atravesó el franquismo, la Transición y las primeras décadas de la democracia. Cronista y columnista, cultivó tanto la crónica urbana como la gastronómica, terreno este último en el que fue pionero al reivindicar la cocina tradicional española cuando la prensa apenas prestaba atención al sector. Esa doble faceta explica por qué muchos de sus textos sobre el callejero incorporaban referencias a tabernas, mercados y fondas históricas.
Un género con raíces en la prensa madrileña
La crónica de calles es un género con larga tradición en el periodismo de la capital, que desde el siglo XIX ha dedicado secciones fijas a explicar por qué una vía se llama como se llama o qué edificio ocupó antes un solar. El costumbrismo urbano español cuenta además con precedentes ilustres, desde Ramón Gómez de la Serna —tío del periodista— hasta Pío Baroja, ambos observadores del Madrid castizo de comienzos del siglo XX.
El callejero de una gran capital funciona como un palimpsesto histórico. Nombres de reyes, batallas, gremios medievales y personajes ya olvidados conviven con homenajes más recientes, y cada cambio de nomenclatura ha dejado huella en la toponimia de la ciudad. Algunas de las calles del centro histórico mantienen denominaciones que se remontan al siglo XVI, cuando la villa era todavía una corte de tamaño modesto, antes de su consolidación como capital del reino en 1561 bajo Felipe II.
Los cambios de nombre de las vías públicas están sujetos a un procedimiento reglado. El Ayuntamiento de Madrid tramita a través de sus órganos competentes las peticiones de modificación de la nomenclatura, atendiendo a criterios históricos, técnicos y, en ocasiones, políticos. Buena parte de esos procesos en la última década estuvieron ligados a la aplicación de la Ley de Memoria Histórica de 2007 y, posteriormente, de la Ley de Memoria Democrática de 2022, que impulsaron la retirada de placas asociadas al franquismo.
La reedición de estas crónicas se inscribe en una corriente editorial que ha ganado presencia en España: la recuperación en formato de coleccionista de series periodísticas de largo aliento —desde crónicas de guerra hasta reportajes de investigación— que se convierten en volúmenes con valor documental y de consulta. En los últimos años se han reeditado trabajos de otros cronistas históricos de Madrid, Barcelona y otras ciudades, en un esfuerzo por preservar un periodismo pausado y documentado que las urgencias del ciclo informativo actual han hecho menos frecuente.
El valor de estos textos se acentúa en un contexto de transformación urbana acelerada. Madrid ha vivido en las últimas dos décadas procesos de gentrificación, peatonalización y renovación de barrios como Malasaña, Lavapiés o Chueca, que han alterado el paisaje social sin modificar, en la mayoría de los casos, la nomenclatura de sus calles. Ese contraste convierte las crónicas en un contrapunto histórico frente al cambio contemporáneo.
Este tipo de rescates editoriales exige un trabajo de edición minucioso: comprobar fechas, actualizar datos toponímicos que hayan variado desde la publicación original y añadir un aparato de notas que sitúe los textos en su contexto. Los fondos de archivos municipales y de instituciones como la Real Academia de la Historia permiten datar con precisión el origen de muchas de las vías del casco antiguo, un material de referencia habitual en esta clase de investigaciones.
La distribución del libro se produce este verano de 2026, y se suma a un catálogo creciente de obras dedicadas a explicar la ciudad a través de su nomenclatura. La publicación combina divulgación histórica y memoria periodística, y funciona como homenaje a un modo de contar Madrid calle a calle, a partir del origen que se esconde bajo cada placa.

