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El tetrapylum de Cáparra, único arco romano de cuatro caras en pie en España

La Diputación de Cáceres y REDEX Turismo promueven la ruta La Vera-Jerte-Cáparra, un corredor paisajístico de 250 kilómetros desde Madrid que une ecosistemas de alta montaña con el yacimiento arqueoló

Por Redacción de El Hemiciclo·
4 min de lectura
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La provincia de Cáceres conserva el único tetrapylum —arco romano de cuatro caras— que permanece en pie en territorio español: el Arco de Cáparra, erigido en el siglo I d.C. sobre la Vía de la Plata, en las ruinas de la ciudad romana de Capera, entre los términos municipales de Guijo de Granadilla y Oliva de Plasencia.

La Vía de la Plata, eje histórico del corredor

El itinerario descansa sobre una de las arterias de comunicación más antiguas de la Península Ibérica. La Vía de la Plata —cuyo topónimo deriva con mayor probabilidad del árabe bal'latta ('camino empedrado') que del metal precioso— discurría desde Emerita Augusta (Mérida) hasta Asturica Augusta (Astorga) a lo largo de aproximadamente 700 kilómetros, consolidando durante el Alto Imperio una cadena de mansiones y núcleos urbanos entre los que Capera destaca por ser uno de los más íntegros en su estructura arqueológica. Esta continuidad convierte al corredor en un palimpsesto territorial donde infraestructura romana, cañada medieval y carretera provincial conviven sobre el mismo eje.

La figura de carretera paisajística provincial que aplica la Diputación de Cáceres carece de rango normativo estatal propio, pero replica modelos consolidados en otras comunidades autónomas —Cataluña y el País Vasco han señalizado rutas de conducción lenta desde la década de 1990— y se apoya en el Plan de Infraestructuras de la Junta de Extremadura 2021-2027, que contempla partidas para la mejora de caminos rurales con valor patrimonial. Según la información facilitada por la Diputación de Cáceres y REDEX Turismo, el corredor La Vera-Jerte-Cáparra une comarcas de alto valor ecológico y cultural; la cifra exacta asignada específicamente a este tramo no ha sido desglosada en la documentación pública disponible, por lo que no se consigna.

Piornal y la cascada del Caozo: la antesala natural

El trayecto asciende hacia Piornal, que con 1.176 metros sobre el nivel del mar —según el Instituto Geográfico Nacional— ostenta la cota de población permanente más elevada de Extremadura. Desde su casco urbano, en los meses de invierno y deshielo, se obtienen perspectivas directas sobre las cumbres del Macizo Central de Gredos, declarado Reserva de la Biosfera por la Unesco en 1976. Esa designación impone restricciones de actividad en determinadas zonas del corredor, lo que limita las posibilidades de ampliar la infraestructura viaria y refuerza, de forma involuntaria, el carácter de conducción lenta que promueve la Diputación.

Antes de descender hacia la cuenca del Ambroz, el trayecto bordea la cascada del Caozo, una caída de agua de más de 30 metros en la garganta del Bonal, en el término municipal de Jerte. El acceso se realiza mediante pasarelas instaladas en los últimos años que permiten al visitante aproximarse al paraje sin necesidad de abandonar el vehículo más allá de unos minutos. El entorno se inscribe en la zona de influencia del Parque Natural de Monfragüe y Alrededores, lo que obliga a cualquier intervención sobre el terreno a superar evaluación ambiental previa conforme a la Ley 21/2013, de 9 de diciembre, de evaluación ambiental.

El tetrapylum: singularidad tipológica y contexto jurídico romano

El término tetrapylum designa una estructura arquitectónica romana compuesta por cuatro pilares unidos por arcos en sus cuatro frentes, concebida para señalizar la intersección del cardo maximus (eje norte-sur) y el decumanus maximus (eje este-oeste) de una ciudad. Además de su función orientadora, el monumento tenía un valor propagandístico inequívoco: era sufragado por familias de la élite local como práctica de euergetismo, la financiación de obras públicas a cambio de reconocimiento social y político, un mecanismo de legitimación habitual en el mundo municipal romano.

El arco de Cáparra fue encargado por Marcus Fidius Macer en honor a sus progenitores, según recogen las inscripciones epigráficas conservadas en el propio monumento. Su datación se sitúa en el siglo I d.C., periodo de máxima prosperidad de Capera. En el año 74 d.C., el emperador Vespasiano otorgó a la ciudad el rango de municipium mediante el Ius Latii —derecho latino—, instrumento con el que los emperadores de la dinastía Flavia integraron sistemáticamente a las comunidades hispanas en la estructura jurídica del Imperio: el estatuto de municipium garantizaba autogobierno local, magistraturas propias y acceso a la ciudadanía romana plena para quienes ejercieran cargos públicos, sin extenderla de forma automática al conjunto de la población.

Lo que hace singular al arco de Cáparra en el conjunto de Hispania es la integridad de su conservación. Otros tetrapyla documentados o deducidos arqueológicamente en ciudades como Baelo Claudia (Bolonia, Cádiz) o Complutum (Alcalá de Henares, Madrid) no han sobrevivido en alzado. La referencia mediterránea más próxima en tipología es el arco de Jano en Roma; el tetrapylum de Palmira (Siria), quizá el paralelo más citado en la bibliografía especializada, fue destruido por el Estado Islámico en 2015, episodio que intensificó el debate académico sobre la preservación de los ejemplares supervivientes y elevó el valor de referencia internacional del conjunto cacereño.

Termas, foro y el puente intervenido del Ambroz

El recinto arqueológico de Capera no se agota en el tetrapylum. Las excavaciones llevadas a cabo en sucesivas campañas han sacado a la luz las termas públicas —con sus ámbitos diferenciados de frigidarium, tepidarium y caldarium—, restos del foro y fragmentos de la trama urbana de la ciudad. Los materiales recuperados se custodian en el Museo de Cáceres y en el centro de interpretación del yacimiento, que permanece cerrado los lunes y ofrece contexto histórico tanto a los peregrinos del Camino de Santiago —que transita por la Vía de la Plata— como a los turistas que recorren el corredor paisajístico.

El puente romano sobre el río Ambroz, próximo al yacimiento, ilustra con precisión los conflictos entre patrimonio e infraestructura que jalonaron el siglo XX en España: fue parcialmente modificado para permitir el tránsito de vehículos pesados de la Nacional 630, una intervención que hoy resultaría inviable bajo la Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español, norma que exige autorización expresa de la administración competente para cualquier actuación sobre un Bien de Interés Cultural (BIC). El conjunto arqueológico de Cáparra ostenta esa catalogación desde 1931, lo que lo convierte en uno de los yacimientos con declaración de protección más antigua de España y sirve de precedente directo para entender cómo la legislación patrimonial posterior fue construida, en parte, sobre las deficiencias evidenciadas en casos como el del propio puente del Ambroz.

La dehesa, hábitat protegido que envuelve las ruinas

Las dehesas de alcornoques (Quercus suber) y encinas (Quercus ilex) que rodean Cáparra no son un simple telón de fondo: constituyen un ecosistema agrosilvopastoril reconocido por la Unión Europea como hábitat de interés comunitario en virtud de la Directiva 92/43/CEE (Directiva Hábitats), que fundamenta la Red Natura 2000. Ese reconocimiento implica que cualquier ampliación de infraestructuras turísticas en el entorno del yacimiento —aparcamientos, miradores, áreas de descanso— debe someterse a evaluación de impacto ambiental y, si afecta a espacios incluidos en la Red, a la supervisión de la Comisión Europea.

La coexistencia entre ganadería extensiva y patrimonio arqueológico en la dehesa extremeña tiene antecedentes conflictivos. En la década de 1990, varios yacimientos de la provincia de Cáceres sufrieron daños por laboreo agrícola no autorizado, episodio que llevó a la Junta de Extremadura a reforzar la vigilancia mediante convenios con propietarios privados. Parte de las parcelas en las que se asienta el yacimiento de Cáparra son de titularidad mixta —pública y privada—, una circunstancia que los técnicos de Patrimonio de la Junta han señalado en diversas memorias como uno de los principales obstáculos para la gestión integral del conjunto y que permanece sin resolución definitiva.

Plazos y retos: lo que viene después

La proyección del corredor La Vera-Jerte-Cáparra como producto turístico de referencia depende de al menos tres variables concurrentes. Primera, la consolidación de la señalización paisajística provincial, cuya implantación completa está prevista en el horizonte del Plan de Infraestructuras 2021-2027 de la Junta de Extremadura. Segunda, la resolución del régimen de titularidad de las parcelas privadas del yacimiento, que la Consejería de Cultura deberá abordar en el marco del Plan Especial de Protección que la legislación de Patrimonio Histórico exige para los BIC con presencia de suelo privado. Tercera, la renovación de los fondos LEADER del nuevo periodo de programación del FEADER 2023-2027, de cuya asignación definitiva a Extremadura depende la capacidad de REDEX Turismo para cofinanciar nuevas actuaciones en el corredor. Organismos como REDEX recomiendan realizar estas rutas con dispositivos de navegación actualizados y respetando las normas de tráfico local, señal de que la infraestructura de acceso sigue siendo una asignatura pendiente en algunos tramos del itinerario.

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