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Una exclusiva vincula al Gobierno de Ayuso a un ático de lujo en Chamberí

El diario que publicó la información describe una operación inmobiliaria con un ático de 200 metros de terraza cuyos términos, según ese medio, no están aclarados.

Por Redacción de El Hemiciclo·
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La Comunidad de Madrid, que preside Isabel Díaz Ayuso, afronta desde el miércoles 29 de julio la difusión de una información periodística sobre una operación relacionada con un ático de lujo con una terraza de 200 metros cuadrados en el barrio de Chamberí, en la capital. La pieza, describe una contratación en la que, según ese diario, quedan sin aclarar el destino final del inmueble y los términos exactos del proceso.

La revelación sitúa el foco en una operación inmobiliaria de perfil elevado ligada al Ejecutivo regional madrileño. Según la información, el inmueble —un ático en Chamberí, uno de los distritos de mayor valor de la capital— habría sido objeto de un contrato o gestión cuyos términos, subraya el medio, no han trascendido con claridad. El propio diario titula la operación como una «extraña» sucesión de incógnitas.

Fuentes del Gobierno regional, citadas en esa información, habrían calificado el episodio como «un lío a lo bobo», expresión que apunta a un error de gestión antes que a una maniobra deliberada. No consta hasta ahora una versión oficial cerrada de la Comunidad que detalle el procedimiento, el coste ni la justificación de la necesidad administrativa que motivó la operación.

Qué exige la normativa de contratación y patrimonio

Cualquier operación de alquiler, compra o gestión de inmuebles por parte de una Administración autonómica está sujeta a la Ley 9/2017, de 8 de noviembre, de Contratos del Sector Público, que traspone directivas comunitarias y exige, salvo excepciones tasadas, procedimientos de publicidad y concurrencia para garantizar la transparencia en el uso de fondos públicos. La Comunidad de Madrid dispone además de la Ley 3/2001, de 21 de junio, de Patrimonio, que regula la adquisición, el arrendamiento y la gestión de bienes inmuebles por parte del Ejecutivo regional.

Si una operación de esta naturaleza se hubiera tramitado al margen de esos cauces —mediante contratación directa sin concurrencia cuando esta fuera exigible, o con una justificación insuficiente del gasto—, el asunto podría derivar en una fiscalización de la Cámara de Cuentas de la Comunidad de Madrid, órgano encargado de supervisar la actividad económico-financiera del sector público regional, o del Tribunal de Cuentas si se apreciaran indicios de responsabilidad contable. Se trata, por ahora, de un escenario hipotético: no consta la apertura de ninguna fiscalización.

El control ordinario corresponde en primera instancia a la Asamblea de Madrid, que por el Estatuto de Autonomía puede reclamar comparecencias y documentación de los expedientes. La oposición autonómica —PSOE y Más Madrid— dispone de esos instrumentos para exigir explicaciones, si bien la actividad parlamentaria se encuentra reducida durante el periodo estival y las peticiones de control suelen sustanciarse tras su reanudación.

Un antecedente que marca la sensibilidad del caso

La combinación de los términos «ático» y «Chamberí» arrastra una carga específica en la política madrileña reciente. El precedente más citado es el llamado caso del ático de Íñigo Errejón, referido a un supuesto trato de favor en el alquiler de una vivienda durante su etapa como diputado en la Asamblea de Madrid, episodio que en su momento abrió un debate sobre los estándares éticos exigibles a los cargos públicos en el uso de bienes patrimoniales. La coincidencia terminológica, aunque no jurídica, explica en parte con qué sensibilidad se ha recibido la nueva información.

Más allá del episodio concreto, la controversia se inscribe en un contexto de escrutinio creciente sobre la gestión patrimonial de las administraciones autonómicas, cuya ejecución presupuestaria supervisa de forma periódica la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF). El grado de cumplimiento de la normativa de contratación es, además, uno de los indicadores habituales en los informes de los órganos de fiscalización.

El desenlace dependerá de la documentación que finalmente se haga pública y de si los órganos de control —la Cámara de Cuentas en primer término— consideran necesario abrir una fiscalización específica. La reanudación de la actividad parlamentaria tras el verano marcará el momento en que la oposición pueda activar los mecanismos de control disponibles y en que el Ejecutivo regional pueda ofrecer una versión pormenorizada de los hechos, aún pendiente.

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