La declaración llegó desde la Casa Blanca con el tono seco que Trump reserva para sus mejores golpes comunicativos. El presidente no habló de aranceles, ni de China, ni de Europa: habló de Irán. Y habló, por primera vez, de la posibilidad de convertir el estrecho de Ormuz —esa lengua de mar de apenas 33 kilómetros de ancho entre Omán e Irán— en un tapón. 'Si tenemos que cerrarlo, lo cerraremos; el mundo entenderá', dijo. La frase, pronunciada ante un grupo reducido de periodistas, sacudió al instante los mercados de futuros del crudo.
Para entender el tamaño real del aviso conviene mirar los números. Por Ormuz circulan cada día unos 21 millones de barriles de petróleo, más del 30% del consumo marítimo mundial. Además, el estrecho es la principal vía de salida del gas natural licuado de Qatar. Si el bloqueo se prolongara más de diez días, los precios del Brent —hoy en 78 dólares— podrían escalar por encima de los 120, lo que arrasaría cualquier escenario de inflación moderada en Europa y en Estados Unidos. La historia reciente lo demuestra: cada vez que Ormuz ha estado amenazado —crisis de 2019 con los petroleros incendiados, episodios de 2022 y 2024—, los mercados han reaccionado al instante.
A las dos horas y cuarenta minutos de la frase, el FMI publicaba en su página web una nota de 'actualización extraordinaria' que, en la jerga del organismo, es lo más parecido a una alarma. La directora general del Fondo recortaba las previsiones globales para 2026 —del 3,1% al 2,5%— y advertía de que una escalada 'significativa' en Oriente Medio podría llevar al mundo a una 'recesión global sincronizada'. No se ve una palabra tan fuerte desde los peores meses de la pandemia. El texto explicita, además, que la zona euro 'sería especialmente vulnerable' por su dependencia energética.
En Bruselas, la reacción ha sido inmediata y coreografiada. La Comisión Europea ha activado el llamado 'grupo de crisis energética' y ha convocado a los 27 para un Consejo extraordinario el próximo jueves en Luxemburgo. Las primeras informaciones apuntan a una agenda doble: revisar el mecanismo de compras conjuntas de gas y reabrir el debate sobre la posible aceleración del despliegue de reservas estratégicas. Francia y España, entre otros países, han defendido en privado que la UE 'debe dejar de improvisar cada vez que estornuda Washington'.
El impacto en España, aunque amortiguado por la baja dependencia directa del petróleo iraní, es real. El Banco de España calculaba hace menos de un mes que un aumento sostenido del Brent de 15 dólares restaría medio punto de PIB a la economía española. Y el Gobierno, a través del Ministerio para la Transición Ecológica, ha anunciado esta misma tarde que vigilará los márgenes de los combustibles para evitar que las petroleras aprovechen el ruido geopolítico 'para redondear al alza' en los surtidores. El ministro del ramo ha utilizado una expresión directa: 'no vamos a permitir que la guerra sea una excusa'.
Dentro de España, la primera consecuencia concreta se va a ver en el transporte. El real decreto aprobado hoy mismo —y que se publicará en el BOE del miércoles— contempla un sistema de control extraordinario sobre las subidas del carburante para los sectores de transporte público, logística y pesca. Las asociaciones del sector agroalimentario ya han pedido un encuentro de urgencia con Moncloa para que la medida se amplíe a los costes de refrigeración y transporte de productos frescos.
Queda por ver si Trump cumple o se limita a hacer ruido. Los analistas militares consultados por este periódico coinciden en una lectura: el cierre físico de Ormuz es prácticamente inviable sin una escalada bélica directa, pero el simple anuncio basta para desplazar miles de millones en los mercados. Es el arte trumpiano por excelencia: negociar con titulares. La duda, como en abril de 2025 con los aranceles, es cuánto tiempo puede sostenerse una política económica global basada en un tuit.
Y, mientras tanto, el Consejo Europeo sigue esperando una hoja de ruta clara sobre seguridad energética, defensa común y respuesta arancelaria. La caída de Orbán en Hungría —otra de las noticias del día, tratada por extenso en este periódico— acelera todavía más la necesidad de una voz europea unitaria. En palabras de un alto diplomático consultado por El Hemiciclo: 'Washington nos mira como vaquitas, y nosotros estamos todavía discutiendo de qué color ha de ser el aprisco'.


