Dunford, apodado 'el Eric Clapton del laúd' por su pasión por el jazz, defiende que la frontera entre géneros es más artificial de lo que parece. «Ambos géneros están mucho más cerca de lo que la gente imagina. La improvisación está en el corazón de ambos. La principal diferencia está en el lenguaje y el vocabulario», explica el músico, que de adolescente llevaba su laúd a festivales de jazz por toda Francia.
'Idylle' recorre la canción de amor francesa desde el Barroco hasta artistas como Barbara o Françoise Hardy, buscando qué conecta épocas tan distantes. Para Desandre, capaz de alternar repertorio antiguo con Mozart, el hallazgo central del proceso de creación del espectáculo tiene que ver con la permanencia del sentimiento por encima del paso del tiempo.
«Cuando escuchamos una canción de amor que se escribió hace 300 años, es el amor en sí mismo. Aunque la sociedad evolucione y cambie, el amor es el mismo. Siempre es tan doloroso o tan hermoso como lo era hace 300 años, igual que hoy», explica Lea Desandre, mezzosoprano.
El prestigio del dúo se ha construido también fuera de los circuitos estrictamente barrocos. En julio de 2026, el Ensemble Jupiter que dirige Dunford actuó en los BBC Proms de Londres, donde el público terminó cantando junto a los músicos una versión de 'Hey Jude', episodio que resume su manera de entender la música antigua como un territorio permeable y no como una pieza de museo.
Esa voluntad de sacudir la imagen del repertorio histórico enlaza con una tradición de divulgación del Barroco que lleva décadas acercando a Bach o Monteverdi a públicos ajenos a la sala de conciertos, desde las grabaciones de referencia del siglo XX hasta los festivales de música antigua que proliferan hoy en Europa. Dunford reivindica esa aproximación menos reverencial sin renunciar al rigor que exige la interpretación. «Tenemos que ser más generosos e inclusivos y recordar que esta música no se escribió para especialistas. Si la comunicamos con libertad, emoción y generosidad, no hay ninguna razón por la que no pueda llegar a todo el mundo», sostiene el laudista.
Esa actitud, según explica, no es aislada sino generacional. «Hay una generación de músicos cada vez más cómoda moviéndose entre mundos diferentes y cuestionando algunas de las fronteras que se han creado en torno a la música clásica y la música antigua. Creo que eso solo puede hacer que la música sea más rica y esté más viva», añade Dunford, convencido de que las etiquetas pertenecen más a la industria que a la música misma. El espíritu lúdico recuerda el de otras relecturas recientes de clásicos, como la que recorre las tramas de Christie y Conan Doyle en torno a la superstición del martes 13.
San Cipriano, escenario del ciclo
Músicas Cercadas se celebra en Zamora del 23 al 25 de octubre, con la iglesia románica de San Cipriano como sede de los cuatro conciertos del ciclo, que en su cuarta edición combina repertorios que van de Hildegard von Bingen a Bach. «El ciclo nació con vocación internacional. Los artistas y grupos invitados cuentan con una dilatada trayectoria y reconocida calidad. Queríamos que Zamora pudiera abrir una ventana a Europa», explica Alberto Martín, director artístico del ciclo.
Martín subraya que la acústica y la arquitectura del templo condicionan directamente la selección de artistas e intérpretes que pasan por el ciclo. «Contamos con un lugar extraordinario, con una acústica envidiable, así que tanto los artistas como la música deben estar en sintonía con el entorno. Esto, evidentemente, condiciona la programación, pero es un reto fantástico», afirma el director artístico, para quien cada concierto busca una fusión entre espacio e interpretación.
