La actriz, hija del también intérprete español Miguel Arenas, conocido por su papel en "El Conde de Montecristo", se alejó por primera vez de la actuación en 1964 para dedicarse a su familia, un paréntesis que se prolongó 25 años. Su segundo y definitivo retiro llegó en 1994, de manera que acumula 32 años fuera de los reflectores al momento de recibir el reconocimiento.
Fue precisamente durante su primera pausa cuando el productor Ernesto Alonso, recordado por "El maleficio", la convenció de regresar a la pantalla con la telenovela histórica "Senda de gloria". La decisión no fue sencilla, según relató la propia actriz, y terminó por inclinarse gracias a la insistencia de su esposo, el actor y director Abel Salazar.
"Me habló Ernesto y me dijo que me quería para un personaje preciso, una prostituta. Y le dije cómo, siempre he sido la niña dulce. Total que le digo que sí, pero le dije que me hiciera una prueba porque había estado fuera mucho tiempo y me iba a temblar hasta lo que no", contó Rosita Arenas, actriz.
La rivalidad entre Infante y Aguilar
El papel que marcó su trayectoria fue el de "Marianela" en "¿Qué te ha dado esa mujer?", secuela de "A toda máquina" dirigida por Ismael Rodríguez, donde interpretó a la novia de "Luis Macías", cuya presencia enemistaba a los personajes de Aguilar e Infante, ambos como agentes motociclistas de tránsito. En la trama, el personaje de Arenas decide romper con su pareja, lo que provoca la celebración desmedida de "Pedro Chávez" sin reparar en la tristeza de su amigo, hasta que ella misma reconsidera sus sentimientos.
Infante y Aguilar eran entonces dos de las figuras más populares del cine mexicano y cargaban fama de mujeriegos fuera de cámara, pero la actriz se encontró con un trato distinto en el set.
"Fue una entrada fácil porque ya había hecho 'Fierecilla' y gracias a Ismael Rodríguez, el director, que iba todos los días a mi casa a ponerme al personaje, a ensayar, porque me iba a encontrar con dos fieras y sí, encantadores, pero fieras", abundó Rosita Arenas, actriz.
Su trayectoria incluyó también el papel de princesa en "La momia azteca", una incursión en el cine de lucha libre con "Neutrón, el enmascarado negro" y telenovelas como "Valeria y Maximiliano". La actriz señaló que, pese a trabajar con directores de fama exigente como Chano Urueta o Alejandro Galindo, nunca enfrentó conflictos en los sets, a diferencia de otros compañeros de reparto que sí recibían un trato más severo. También recordó que en su época no existía la exigencia de modificar el cuerpo para trabajar frente a cámara y que el maquillaje se usaba con moderación en favor de un estilo más natural.
"Era otro tipo de mujer, voluptuosas, muy acinturadas, exageradas, y de pronto vino la época de la mujer delgada y ya no entrábamos en eso. Pero yo no tuve que ceder en nada, cuando mucho, el color del cabello, a veces negro, a veces no", apuntó Rosita Arenas, actriz.
La entrega del Ariel de Oro coincide con un momento en que el cine mexicano revisa su propia memoria a través de distintos formatos, como ocurre con documentales centrados en figuras históricas del oficio, caso de Demetrio Bilbatúa, la vida de México en una cámara. Pese a las décadas transcurridas y a la cantidad de anécdotas acumuladas sobre el cine de oro mexicano, Arenas descartó en más de una ocasión plasmarlas en un libro.
"Es mi vida y se va conmigo", subrayó la actriz, quien con el Ariel de Oro cierra, al menos en el reconocimiento institucional, una carrera que comenzó cuando era apenas una niña dentro de una industria que, según dijo, la conocía desde entonces por ser hija de actor.