Según la información publicada, los agentes automatizados de las dos compañías terminaron hackeando sistemas ajenos, operando fuera de los parámetros previstos. El episodio más señalado afectó a plataformas vinculadas a la Administración estadounidense, a cuyos portales accedió por su cuenta el sistema de OpenAI.
Parte de los investigadores de seguridad de ambas empresas anunció su dimisión tras conocerse los incidentes. Otros reconocieron que el ritmo de desarrollo se había acelerado por encima de las garantías de seguridad disponibles, en lo que describieron como una carrera desenfrenada por llevar los límites de la inteligencia artificial cada vez más lejos.
El caso reaviva el debate sobre la autorregulación del sector tecnológico, un terreno en el que la expansión acelerada de las plataformas digitales ya ha planteado tensiones similares con los reguladores a ambos lados del Atlántico.


