Según el análisis divulgado por Meteored, «el verano en Europa está haciendo hasta ahora muy cálido y muy seco», con «varias olas de calor, hasta 5», que han afectado a numerosos países y han provocado «un periodo de sequía muy amplio e histórico». El texto describe temperaturas extremas, tanto en máximas como en mínimas, y una «sequedad de los suelos» extrema, con «material vegetal seco y agostado».
La firma vincula ese calor persistente a una temporada de incendios que se ha reproducido, según su descripción, «por países tradicionalmente verdes en Europa», con especial mención a Francia, Alemania y Gran Bretaña, además de las zonas donde los fuegos forestales son más habituales, como España, Grecia e Italia. El seguimiento oficial de la superficie quemada en España corresponde al Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, que mantiene el Estadística General de Incendios Forestales (EGIF); sus comparativas permiten situar cada campaña respecto a la serie histórica reciente, en la que 2022 quedó como uno de los años con mayor superficie afectada.
El mismo análisis señala que «los caudales de los grandes ríos navegables europeos han experimentado una disminución muy apreciable», con problemas para la navegación, y que en cauces secos «restos históricos y materiales del pasado se han encontrado» en zonas donde antes no se observaban. En España, el nivel de embalses lo monitoriza el Boletín Hidrológico semanal del propio ministerio, referencia para contrastar si la reserva hídrica se sitúa por debajo de la media de la última década.
Meteored añade que las olas de calor atmosféricas «han ido acompañadas de olas de calor marinas», como las que, según su descripción, ocurren en el Mediterráneo y en zonas orientales del Atlántico frente a las costas francesas y cantábricas. El calor acumulado en las aguas superficiales es, en la lectura de este servicio, el factor que podría alimentar la formación de sistemas de baja presión y precipitaciones más intensas de lo habitual para la época, en un efecto de contraste tras semanas de estabilidad anticiclónica.
El margen de incertidumbre de un pronóstico a dos semanas
Las previsiones a más de siete o diez días tienen, por su propia naturaleza física, un margen de incertidumbre elevado. La AEMET publica sus predicciones de medio plazo y estacionales con cautelas probabilísticas y no es habitual que confirme giros drásticos de tendencia con varias semanas de antelación sin acompañarlos de rangos de probabilidad. Por el momento, el organismo oficial no ha ratificado un cambio de patrón de la magnitud que sugiere el pronóstico privado, cuyo alcance queda pendiente de contraste con los avisos oficiales que se publiquen en los próximos días.
El contraste entre sequía extrema y lluvias abundantes en pocos días no sería inédito en la climatología ibérica. En septiembre de 2019, una DANA dejó lluvias torrenciales en el sureste peninsular tras un verano seco, con acumulados que superaron los 300 litros por metro cuadrado en puntos de la Vega Baja del Segura, según los registros de la propia AEMET. Episodios de ese tipo ilustran cómo el llamado efecto de la «gota fría» puede provocar precipitaciones muy intensas al final del verano en la fachada mediterránea.
Un fenómeno asociado a estos periodos de sequía es la reaparición de restos sumergidos en embalses y cauces. La bajada del nivel de pantanos como el de Aceredo, en la frontera gallega, ha dejado al descubierto en años recientes poblados anegados décadas atrás por la construcción de presas, algo coherente con la descripción de Meteored sobre los cauces europeos.
Desde el punto de vista agrario, la secuencia de calor y sequía afecta a los cultivos de secano y a la ganadería extensiva, riesgos sobre los que organizaciones como Asaja y COAG han venido alertando en periodos prolongados sin lluvias significativas. Un giro hacia precipitaciones abundantes podría aliviar parcialmente esa situación, aunque un exceso repentino de lluvia sobre suelos extremadamente secos conlleva riesgos de escorrentía, erosión e inundaciones súbitas, especialmente en laderas quemadas por incendios recientes.
En ese escenario, Protección Civil activa protocolos específicos de vigilancia en zonas afectadas por el fuego cuando se prevén lluvias intensas, por el mayor riesgo de arrastre de sedimentos y coladas de barro en terrenos desprovistos de vegetación. La AEMET, por su parte, mantiene actualizados en su web los avisos por fenómenos adversos, con niveles amarillo, naranja y rojo según la gravedad prevista.
El próximo boletín estacional de la AEMET, que el organismo publica de forma periódica, ofrecerá una valoración más precisa sobre si agosto de 2026 anticipa un otoño más lluvioso de lo habitual o si la estabilidad anticiclónica del verano se prolonga. Hasta entonces, el pronóstico de cambio de tendencia difundido por Meteored deberá contrastarse con los avisos oficiales que la agencia estatal emita en los próximos días.

