El cruce dialéctico se produjo en la sesión matinal del pleno, en el marco de la discusión general de los Presupuestos Generales del Estado para 2027, que contemplan un endeudamiento anual próximo a los 200.000 millones de euros. Weidel, en su papel de líder de la oposición, utilizó su turno de intervención para cuestionar la sostenibilidad fiscal del Gobierno de coalición entre la CDU/CSU y el SPD, al que acusó de conducir al país hacia el colapso financiero.
«Señores diputados de la CDU, miren a su alrededor y quédense con las caras de sus compañeros de asiento, porque uno de cada dos no estarán aquí en la próxima legislatura», afirmó Weidel, en un discurso que buscaba proyectar a escala federal el resultado obtenido por AfD en Sajonia-Anhalt. Según las encuestas citadas durante el debate, AfD rondaría el 28% de intención de voto de cara a las próximas elecciones legislativas federales, frente al 21% que se atribuye a la CDU de Merz, aunque ningún organismo electoral ha fijado todavía fecha para esos comicios.
Merz respondió cuestionando la falta de experiencia de gestión de AfD tanto en materia presupuestaria como de gobierno, y advirtió de que buena parte de su programa colisiona con los principios recogidos en la Ley Fundamental de Bonn, la constitución alemana de 1949. Fue en ese punto cuando pronunció la frase que ha marcado la sesión: «Ustedes hablan de reemigración y ese es un sinónimo de limpieza étnica», dijo dirigiéndose directamente a Weidel, a quien recordó la dependencia de la economía alemana de la mano de obra inmigrante. El concepto de «limpieza étnica» cuenta con reconocimiento en el derecho penal internacional desde los conflictos de los Balcanes en la década de 1990.
Weidel no rebajó el tono. Aprovechó su intervención para volver sobre las cifras de solicitantes de asilo y personas sin derecho de residencia en Alemania, un asunto que AfD sitúa en el centro de su discurso desde su fundación en 2013. «¿Qué demonios hacen todas esas personas en este país?», llegó a preguntar en el hemiciclo. La réplica no vino de Merz, sino del portavoz parlamentario del SPD, Matthias Miersch, que alzó un ejemplar de la Ley Fundamental ante los diputados y respondió: «Los motivos por los que esta gente permanece aquí están escritos en este libro que, por cierto, ustedes no se han leído».
El canciller amplió después su crítica al terreno de la política exterior, señalando la posición de AfD respecto a Rusia en un momento en que Alemania afirma sufrir ataques híbridos atribuidos al Kremlin. Merz reprochó a la formación de Weidel lo que definió como un intento de invertir los papeles de agresor y víctima en la guerra iniciada por Rusia contra Ucrania en febrero de 2022. «Ni la OTAN, ni la Unión Europea, ni Alemania habían amenazado a Rusia», sostuvo el canciller, antes de calificar a AfD como una «fuerza destructiva» frente a la que, dijo, el resto de partidos debe mantener una resistencia común. Desde AfD, Weidel replicó presentando a su partido como la única alternativa a un sistema que considera agotado y vaticinó un vuelco generacional en el Bundestag tras los próximos comicios federales.
El trasfondo inmediato de la disputa es el resultado electoral en Sajonia-Anhalt, un Land del este alemán. El avance de AfD hasta el entorno del 44% consolida una tendencia de fortalecimiento del partido en los antiguos estados de la República Democrática Alemana, una región donde la formación ya ha logrado destacados resultados en parlamentos regionales como los de Turingia y Sajonia en comicios anteriores.
Alerta de los servicios de seguridad ante un posible Ejecutivo de AfD
La eventual formación de un gobierno liderado por AfD en Sajonia-Anhalt ha generado inquietud entre los servicios de seguridad del país. Los ministros regionales de Interior de los distintos Bundesländer mantuvieron este miércoles una reunión para abordar posibles medidas ante el riesgo de fuga de información sensible en caso de que AfD llegue a controlar el Ejecutivo regional. Los servicios de inteligencia alemanes habrían recomendado una «gestión clásica de riesgos», un procedimiento que implica restringir el acceso a determinada documentación clasificada a cargos de partidos bajo vigilancia de la Oficina Federal para la Protección de la Constitución (BfV), el servicio de inteligencia interior que mantiene bajo observación a secciones de AfD por sospechas de extremismo.
La cuestión tiene además una derivada institucional inmediata. Sajonia-Anhalt debía asumir, según el calendario rotatorio establecido, la presidencia de la Conferencia de Presidentes de los Länder a partir del 1 de octubre, el órgano que coordina durante un año a los jefes de gobierno regionales. Sin embargo, el saliente presidente del Land, Sven Schulze, de la CDU, comunicó por carta a Renania-Palatinado —el estado que ostenta actualmente la presidencia— la renuncia de Sajonia-Anhalt a ese turno, invocando «el resultado de las elecciones estatales y la incertidumbre sobre el progreso de la formación de gobierno» en la región.
El episodio se inscribe en una tensión de fondo que atraviesa la política alemana desde que AfD se convirtiera en la segunda fuerza del Bundestag en las elecciones federales de febrero de 2025. Desde entonces, el resto de partidos representados en la cámara —CDU/CSU, SPD, Verdes y La Izquierda— han mantenido formalmente el llamado cordón sanitario o Brandmauer, el compromiso de no pactar con la extrema derecha ni a nivel federal ni, hasta ahora, en la mayoría de los Länder, si bien ese consenso se ha visto puesto a prueba en los parlamentos regionales del este del país.
El precedente histórico que marca la cultura política alemana es el de la República de Weimar, cuya caída en 1933 explica la existencia de mecanismos constitucionales como la prohibición de partidos, contemplada en el artículo 21 de la Ley Fundamental, que el Bundesrat y el Bundestag podrían activar ante el Tribunal Constitucional Federal si consideran que una formación atenta contra el orden democrático. Ese procedimiento, sin embargo, no se ha activado formalmente contra AfD pese a las peticiones de sectores políticos y sociales en los últimos años.
El Gobierno de coalición defiende que el rigor presupuestario y la respuesta firme a los ataques híbridos atribuidos a Rusia son compatibles, y rechaza que el aumento del gasto y del endeudamiento previsto para 2027 comprometa la estabilidad fiscal del país, en un contexto en que Alemania ha elevado su gasto en defensa en cumplimiento de los compromisos asumidos ante la OTAN.
El calendario político alemán queda ahora pendiente de dos procesos paralelos: la negociación para la formación de gobierno en Sajonia-Anhalt, cuyo desenlace determinará si AfD accede por primera vez al Ejecutivo de un Land, y la tramitación parlamentaria de los Presupuestos de 2027, que deberán superar las siguientes lecturas en el Bundestag antes de su aprobación definitiva. Ambos procesos servirán de test para medir el impacto del ascenso de AfD sobre la gobernabilidad alemana de cara a las próximas elecciones legislativas federales.


