Curie nació en una Polonia entonces bajo dominio del Imperio ruso, en un contexto en el que las mujeres tenían vetado el acceso a la universidad. Para formarse, recurrió a la llamada Universidad Volante, una red clandestina de enseñanza superior organizada por profesores polacos que operaba al margen de las autoridades zaristas. Antes de poder costearse sus estudios en París, trabajó varios años como institutriz en el campo polaco para financiar primero la carrera de su hermana y después la suya propia. Llegó a la capital francesa en 1891, con 24 años, y se instaló en una buhardilla sin calefacción mientras cursaba física y matemáticas en la Sorbona.
Junto a Pierre Curie, con quien se casó en 1895, identificó en 1898 dos nuevos elementos químicos, el polonio y el radio, y acuñó el término radiactividad para describir el fenómeno que ambos habían observado. El hallazgo les valió, junto al físico Henri Becquerel, el premio Nobel de Física de 1903, concedido por la Real Academia de las Ciencias de Suecia.
Pierre Curie murió en 1906 en un accidente de tráfico en París, cuando la investigación conjunta del matrimonio se encontraba en pleno desarrollo. Marie Curie asumió entonces la cátedra que él ocupaba en la Sorbona, convirtiéndose en la primera mujer en impartir clases en esa institución, fundada en el siglo XIII.
Un segundo Nobel entre polémicas
En 1911 recibió, ya en solitario, el Nobel de Química por el aislamiento del radio puro y el estudio de sus propiedades. La concesión coincidió con una intensa campaña mediática en Francia sobre su vida privada, hasta el punto de que la Academia sueca llegó a sugerirle que no viajara a Estocolmo a recoger el galardón. Curie respondió que el premio distinguía un descubrimiento científico y no su biografía, y acudió a la ceremonia.
Con ese segundo Nobel, Marie Curie se convirtió en la única persona, hombre o mujer, en obtener el galardón en dos categorías científicas distintas. Otros investigadores han recibido dos Nobel —el estadounidense Linus Pauling ganó los de Química y de la Paz—, pero ninguno ha repetido la combinación de dos especialidades dentro de las ciencias experimentales.
Durante la Primera Guerra Mundial, Curie aplicó su conocimiento sobre los rayos X al desarrollo de unidades móviles de radiología para el frente, conocidas popularmente como petites Curies. Llegó a conducir personalmente algunas de estas unidades hasta zonas próximas a las trincheras, donde se utilizaban para localizar metralla y fracturas en heridos.
Esa exposición prolongada a la radiación, sin la protección que hoy exigen los protocolos de radioprotección vigentes en la Unión Europea, tuvo consecuencias directas sobre su salud. Marie Curie murió en 1934 de anemia aplásica, una enfermedad de la médula ósea que la comunidad científica vincula a décadas de contacto con material radiactivo sin las medidas de seguridad que se adoptarían más tarde.
El descubrimiento del radio abrió la puerta a la radioterapia oncológica, hoy una de las tres columnas del tratamiento del cáncer junto a la cirugía y la quimioterapia. La técnica, que en sus orígenes empleaba directamente fuentes de radio, evolucionó a lo largo del siglo XX hacia aceleradores lineales y fuentes controladas, y continúa siendo un pilar de la práctica hospitalaria contemporánea.
La frase más citada de Curie —«Nunca veo lo que se ha hecho; solo veo lo que queda por hacer»— procede de una carta privada que escribió a su hermano Józef Skłodowski el 18 de marzo de 1894, años antes de sus grandes descubrimientos. El texto se conserva gracias a que su hija menor, Ève Curie, lo incluyó en la biografía Madame Curie, publicada en 1937, tres años después de la muerte de la científica.
Casi un siglo después de su desaparición, el nombre de Marie Curie sigue presente en instituciones científicas, hospitales y programas educativos de toda Europa, desde el Institut Curie de París hasta múltiples centros de investigación oncológica que llevan su nombre. Su trayectoria se cita habitualmente como referencia en los debates actuales sobre la presencia de mujeres en las carreras científicas, un ámbito en el que ellas siguen estando infrarrepresentadas en el personal dedicado a I+D en buena parte de los países europeos.

