El entendimiento en discusión buscaba reducir el arancel del 25% sobre automóviles mexicanos y los gravámenes del 50% sobre acero y aluminio a cambio de una serie de concesiones de México, lo que abriría paso a nuevas conversaciones sobre la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá. El T-MEC, vigente desde 2020, contempla una revisión conjunta de sus tres socios prevista para 2026, mecanismo pactado desde su firma que obliga a evaluar la continuidad del acuerdo trilateral.
Lutnick se habría opuesto también a flexibilizar los gravámenes sobre los llamados productos derivados, es decir, bienes terminados elaborados con acero y aluminio. Según el WSJ, empresas estadounidenses del sector del aluminio comunicaron al gobierno de Donald Trump que cualquier reducción de esos aranceles perjudicaría a la industria nacional y costaría empleos en Estados Unidos.
Pese a la fricción reportada, funcionarios de ambos países afirmaron que las conversaciones continúan y negaron que exista un estancamiento estadounidense. Un alto funcionario mexicano sostuvo que las partes están cada vez más cerca de cerrar un acuerdo.
"El Departamento de Comercio mantiene un diálogo constante con México en materia de comercio", declaró Ben Kass, vocero del departamento, quien añadió que la dependencia "está comprometido con el avance de la agenda comercial 'Estados Unidos Primero' del presidente Trump".
La negociación arancelaria se produce después de que Sheinbaum señalara los aranceles y la revisión del T-MEC como las principales líneas de negociación con Estados Unidos. Ambos gobiernos ya habían pospuesto una cuarta ronda de pláticas sobre el tratado comercial, lo que anticipaba la complejidad de un proceso que involucra a sectores sensibles como el automotor y el metalúrgico en los tres países.
El episodio arancelario no es el único frente en que la política comercial de Trump presiona decisiones del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum: México canceló recientemente envíos de crudo a Cuba para sortear sanciones estadounidenses y evitar represalias. La disputa remite al viejo pulso del acero norteamericano: en 2018, durante la renegociación del entonces TLCAN, Washington impuso aranceles del 25% al acero y 10% al aluminio mexicanos invocando seguridad nacional, gravámenes que México respondió con medidas espejo y que se retiraron hasta 2019.
La postura de Lutnick, de confirmarse en los términos reportados, representaría un obstáculo para un acuerdo que funcionarios mexicanos y representantes empresariales habían dado por cercano. Su departamento es el que administra los aranceles sobre vehículos y metales, el núcleo del desacuerdo que, según el WSJ, frenó el pacto en los últimos días.


