La festividad, que este año cae en sábado, reúne en Compostela a autoridades autonómicas y estatales en torno a la Catedral, epicentro de una tradición que se remonta al hallazgo de los restos atribuidos al apóstol en el siglo IX, durante el reinado de Alfonso II de Asturias. Aquel descubrimiento, según la tradición eclesiástica, convirtió el lugar en centro de peregrinación y cimentó siglos después el título de patrón de España otorgado a Santiago.
En el imaginario que rodea la fecha vuelve a circular una de las reflexiones más citadas atribuidas al apóstol: «Persevera hasta tu último aliento, porque es en el esfuerzo continuo donde se revela la verdadera fe». La frase sintetiza una idea recurrente en los textos que llevan su nombre: la fe no se sostiene en la declaración de principios, sino en la constancia de los actos. Esa misma noción aparece formulada de manera más explícita en otro pasaje que la tradición le atribuye: «¿De qué beneficio son, mis hermanos, si alguien dice que tiene fe pero que no tiene obras?».
El planteamiento, coherente con el conjunto de su legado textual, ha alimentado durante siglos comentarios teológicos sobre la relación entre creencia y comportamiento, un debate que sigue vivo en distintas corrientes del cristianismo. A ese mismo cuerpo de textos pertenecen otras sentencias que la tradición vincula al apóstol, como la advertencia dirigida a quienes acumulan riqueza sin generosidad —«Vengan, ahora, hombres ricos, lloren y lamenten por las miserias que les sobrevienen»— o la reflexión sobre la misericordia que, según esos escritos, «triunfa sobre el juicio».
Una biografía marcada por el martirio
La vida de Santiago el Mayor, tal y como la recoge la tradición cristiana, está marcada por el compromiso sostenido en circunstancias adversas. Fue uno de los discípulos más próximos a Jesús de Nazaret y, tras su muerte, continuó la labor de predicación en un contexto de persecución hacia los primeros seguidores del cristianismo. Ese periodo, según los relatos conservados, terminó con su ejecución en Jerusalén por orden de Herodes Agripa I, lo que le convirtió en el primer apóstol martirizado, en torno al año 44.
Ese desenlace, unido a la posterior tradición sobre el traslado de sus restos a Galicia, es el que ha cimentado su figura como símbolo de perseverancia dentro del relato religioso. La narrativa del martirio y el hallazgo posterior de la tumba —sin que existan pruebas arqueológicas concluyentes sobre la identidad de los restos, extremo que la propia jerarquía eclesiástica ha reconocido en distintas ocasiones— funcionó como elemento fundacional de la devoción jacobea en la Península.
El Camino de Santiago, declarado Primer Itinerario Cultural Europeo por el Consejo de Europa en 1987 y Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1993 en su trazado francés, continúa siendo el principal vehículo de proyección internacional de la festividad. La Oficina del Peregrino, dependiente del Arzobispado de Santiago, contabiliza cada año a quienes reciben la Compostela, un registro que en los ejercicios de mayor afluencia, especialmente los declarados Año Santo Jacobeo, ha superado ampliamente el medio millón de personas.
Un año no jubilar con menor despliegue
Los años santos, que se celebran cuando el 25 de julio cae en domingo, concentran buena parte de la actividad turística y religiosa asociada a la festividad; el próximo será en 2027, tras el de 2021 prorrogado a 2022 por la pandemia. En 2026, al coincidir la fecha en sábado, la programación institucional mantiene el formato de años no jubilares, con una ofrenda al apóstol y actos protocolarios de menor despliegue que los reservados a las ediciones jubilares.
La ofrenda nacional al Apóstol, que tradicionalmente preside un representante del Gobierno de España en nombre del jefe del Estado, es uno de los actos centrales de la jornada. Se remonta, según los archivos catedralicios, a votos históricos realizados por la Corona española en los siglos posteriores a la Reconquista. Este gesto, de carácter institucional y no estrictamente religioso, mantiene una doble dimensión: la del patronazgo espiritual y la de una referencia identitaria del Estado que ha sido objeto de debate político en las últimas décadas, cuando distintas formaciones han cuestionado la presencia de actos religiosos en la agenda oficial.
Junto a la liturgia y los actos oficiales, la festividad conserva un fuerte componente popular en Galicia, con fuegos artificiales sobre la plaza del Obradoiro y una programación cultural que combina música, gastronomía y actividades para las familias. El Ayuntamiento de Santiago de Compostela y la Xunta de Galicia coordinan cada año un dispositivo de seguridad y movilidad reforzado ante la afluencia de visitantes, peregrinos y turistas.
Más allá del ámbito estrictamente religioso, la figura de Santiago Apóstol ha trascendido como referencia cultural asociada a valores de constancia y compromiso, apelando también a quienes no se identifican con la práctica religiosa. Esa lectura del Camino como experiencia personal, ligada al esfuerzo continuado más que al culto, explica en parte la persistencia de su legado y el crecimiento sostenido de la peregrinación en las últimas décadas, con caminantes de perfiles y nacionalidades muy diversos.
La jornada de este sábado desemboca en un calendario que sitúa el próximo hito relevante en 2027, cuando el 25 de julio vuelva a caer en domingo y Compostela recupere la condición de Año Santo Jacobeo, con la apertura de la Puerta Santa de la Catedral y un despliegue litúrgico e institucional muy superior al de las ediciones ordinarias como la de este año.


