No se trata de un bache aislado. La misma serie de Reuters/Ipsos situaba la aprobación en el 35% a comienzos de agosto, de modo que el retroceso de dos puntos consolida una tendencia descendente. De confirmarse, el 33% sería el peor dato del mandatario en cualquiera de los grandes institutos demoscópicos estadounidenses desde su regreso a la Casa Blanca en enero de 2025.
Trump recuperó la presidencia en noviembre de 2024 con un mensaje construido sobre dos pilares: contener la inflación heredada de la Administración de Joe Biden y no involucrar a Estados Unidos en nuevos conflictos prolongados, tras dos décadas de guerras en Oriente Próximo iniciadas con la invasión de Afganistán en 2001 y la de Irak en 2003. Año y medio después, el curso de los acontecimientos ha puesto en cuestión ambos compromisos.
La guerra con Irán se ha convertido en el principal lastre político del presidente. Trump vaticinó que el conflicto se resolvería en «cuatro o cinco semanas» o que alcanzaría un acuerdo con Teherán «en dos o tres días». Ninguna previsión se cumplió: según el sondeo, un 80% de los estadounidenses —incluido un 71% de los votantes republicanos— cree que el conflicto «todavía durará mucho tiempo».
El respaldo a la gestión bélica es minoritario. Solo uno de cada cinco encuestados considera que la guerra «merece la pena», y entre los propios votantes republicanos el apoyo apenas alcanza la mitad, un dato especialmente inquietante para los candidatos que se juegan el escaño en noviembre. Trump ha defendido objetivos cambiantes para la intervención: primero apeló a favorecer que el pueblo iraní expulsara al régimen de los ayatolás y, más recientemente, ha centrado el argumento en impedir que Irán obtenga un arma nuclear. El pasado viernes, en un mitin en los suburbios de Nueva York, afirmó que «pagar un poco más por la gasolina» merece la pena para lograr ese objetivo.
El impacto económico constituye el segundo frente de desgaste. El precio del combustible, que los votantes perciben de forma directa cada día en la gasolinera, ha vuelto a superar los cuatro dólares por galón de media nacional. La inflación fue precisamente el argumento con el que Trump construyó buena parte de su ventaja frente a Biden en 2024, lo que convierte su repunte en una contradicción políticamente costosa.
Los demócratas recuperan la ventaja en economía
El giro en la percepción económica marca un punto de inflexión: por primera vez en una década, más estadounidenses confían en la gestión demócrata que en la republicana para la economía, un 38% frente a un 35%, según el mismo sondeo. La brecha se repite sobre quién manejaría mejor el encarecimiento del coste de la vida —la principal preocupación del electorado en este momento—, con un 38% a favor de los demócratas y un 31% de los republicanos. Una encuesta de Financial Times situaba en el 53% la proporción de estadounidenses que considera que su bolsillo está peor con Trump, pese al encadenamiento de máximos históricos en bolsa.
La inmigración, tradicionalmente uno de los activos más sólidos del presidente, también da síntomas de desgaste. Aunque su Administración ha reducido de forma notable los cruces irregulares en la frontera tras los elevados registros de la etapa de Biden, la ventaja republicana en este asunto se ha estrechado hasta márgenes mínimos, según el sondeo, señal de que el desgaste alcanza incluso a los terrenos que se consideraban su fortaleza.
Trump ha insistido públicamente en que no toma decisiones sobre la guerra pensando en el impacto electoral. La afirmación se produce en un contexto en el que sus aliados en el Congreso temen perder las mayorías: una derrota en cualquiera de las dos cámaras dejaría al presidente con capacidad legislativa muy limitada en la segunda mitad de su mandato, un escenario ya vivido por antecesores como Barack Obama tras las legislativas de 2010 o el propio Trump tras las de 2018.
El precedente más recurrente entre los analistas es el de Lyndon B. Johnson durante la guerra de Vietnam, cuando el deterioro de la opinión pública sobre un conflicto exterior prolongado erosionó su capital político hasta llevarle a renunciar a la reelección en 1968. Aunque las circunstancias no son equiparables en magnitud, el patrón de una guerra que se alarga más de lo prometido y penaliza al mandatario que la inició es una referencia habitual en la historia política estadounidense.
El calendario marca los próximos hitos: restan semanas de primarias en distintos estados, el inicio del voto anticipado a comienzos de octubre y la jornada electoral de noviembre, en la que se decide el control de ambas cámaras. La evolución del precio del petróleo, ligada al curso del conflicto en Oriente Próximo, será uno de los indicadores que los estrategas de ambos partidos sigan con mayor atención en las próximas semanas.



