El nombre del hermano, Joseba García, llevaba meses apareciendo en los márgenes del sumario. Hasta ahora, todas las referencias eran indirectas: conversaciones intervenidas, transferencias cruzadas, correos electrónicos reenviados. Lo novedoso del testimonio que este periódico revela hoy es que, por primera vez, una persona distinta al círculo directo de Ábalos y Koldo relata cómo funcionaba presuntamente el circuito de efectivo en el Caribe.
Según el relato recogido en el sumario, las entregas se producían en tres establecimientos distintos de Santo Domingo: un restaurante cercano al Malecón, un hotel de gama media en la zona colonial y un despacho profesional en el que la testigo asegura haber firmado un recibo de servicios que ella misma define como 'ficticio'. Las cantidades, según su declaración, oscilaron entre los ocho mil y los quince mil dólares por sobre. No llegaban acompañadas de documentación.
La testigo, que se acogió a la protección procesal y cuya identidad este periódico no revela por motivos judiciales, explicó que el destinatario final del dinero no era ella. 'Yo era un puente', dice literalmente su declaración. Las cantidades, afirma, terminaban en manos de Joseba García, que se las llevaba en los vuelos de regreso a España. En algunos casos, según la testigo, las entregas se producían a las pocas horas de su llegada al país.
La conexión dominicana del caso Mascarillas no es nueva. El sumario ya incluía referencias a viajes frecuentes a República Dominicana de varios miembros del entorno Koldo, así como reservas en hoteles y restaurantes coincidentes con fechas clave de la trama. Lo novedoso del testimonio es que incorpora por primera vez un relato directo y en primera persona del funcionamiento del presunto circuito: origen del dinero, puntos de entrega y destinatario final.
El hermano del exasesor, Joseba García, ha negado por escrito a través de su abogado cualquier relación con el circuito descrito por la testigo. Su defensa sostiene que los encuentros existieron, pero que tenían 'finalidad personal y turística' y recuerda que no figura, a día de hoy, imputado en ninguna causa. El letrado ha pedido a la juez instructora que se practiquen nuevas diligencias para 'contextualizar' el testimonio.
El propio Koldo García, que sí está procesado y sentado en el banquillo del Supremo desde el pasado 7 de abril, ha optado por una estrategia de silencio procesal: no ha hecho declaraciones, ni propias ni a través de terceros, sobre las nuevas revelaciones. La Fiscalía Anticorrupción, según fuentes consultadas por este periódico, ya ha comunicado a la defensa que no descarta ampliar la acusación si las investigaciones actuales confirman el relato de la testigo.
Hay un dato técnico que conviene retener porque es el que puede convertir el testimonio en prueba: varias de las fechas y lugares citados por la declarante coinciden con registros del servicio de inteligencia financiera dominicano (UAF), que este periódico ha podido contrastar con ayuda de un colaborador independiente en el país. Si esos registros terminan incorporándose al sumario —algo que la juez todavía no ha decidido— el relato pasará de indicio a prueba documental. La diferencia, jurídicamente, no es menor.
La instrucción, iniciada hace casi dos años, sigue abierta. Y lo está justo cuando el juicio principal contra Ábalos, Koldo García y Aldama entra en su fase más compleja. La coincidencia no es casualidad: los distintos frentes del caso Mascarillas se mueven en paralelo y, a veces, se cruzan. Hoy ha sido uno de esos días. Y, con toda probabilidad, no va a ser el último.

