El comportamiento alcista del oro no es nuevo, pero su intensidad reciente sí llama la atención de los mercados. En 2025 el metal acumuló una ganancia cercana al 35% hasta septiembre y superó los 3,630 euros por onza, según estimaciones citadas por la institución financiera BBVA; la tendencia se profundizó a inicios de 2026 con un máximo histórico de 5,268.23 dólares por onza. Para el ahorrador local, donde la tenencia de metales preciosos ha sido tradicionalmente marginal frente a instrumentos como los Cetes o los fondos de inversión, este repunte ha reactivado la oferta de productos ligados al oro por parte de bancos y plataformas digitales.
El movimiento se explica, en buena medida, por la búsqueda de activos refugio en momentos de incertidumbre. La demanda de oro suele crecer durante periodos marcados por conflictos geopolíticos, inflación elevada, crisis financieras o episodios de volatilidad en los mercados internacionales, un patrón que, según BBVA, se ha observado en los últimos años a raíz de la pandemia, las tensiones geopolíticas y los conflictos bélicos que impulsaron la cotización hasta niveles nunca antes vistos.
María Ángeles Ruiz Ezpeleta, profesora de EAE Business School citada por BBVA, señaló que el oro suele ser la mejor opción para quienes buscan una inversión segura con visión de largo plazo, ya que al tratarse de un activo escaso y considerado refugio su precio se mantiene estable en el corto plazo e incrementa con el paso de los años. La plata, en contraste, permite comenzar con inversiones menores pero presenta una mayor volatilidad, lo que la convierte en una alternativa de mayor riesgo y, potencialmente, de mayor rendimiento en periodos específicos, de acuerdo con la misma fuente.
Según BBVA, los principales metales preciosos para invertir son oro, plata, platino y paladio, aunque el oro y la plata concentran la mayor parte del interés entre los pequeños inversionistas. La institución advierte que el comportamiento de ambos depende de variables como la oferta y la demanda, la inflación, las tasas de interés y, especialmente en la actualidad, la situación geopolítica internacional. Los especialistas consultados consideran que este último factor es el de mayor influencia sobre la cotización del oro, mientras que la plata se beneficia tanto de su atractivo como activo de inversión como de su creciente uso industrial.
Formas de invertir y tratamiento fiscal
Las formas de invertir en metales preciosos son diversas y no todas resultan igualmente adecuadas para el ahorrador promedio. La modalidad más conocida es la compra física de lingotes o monedas; en este caso BBVA recomienda verificar que el vendedor pertenezca a organismos de referencia internacional como la Asociación del Mercado de Lingotes de Londres (LBMA, por sus siglas en inglés), para evitar adquirir piezas de pureza no garantizada. Existen además instrumentos que replican el comportamiento del oro sin necesidad de poseerlo físicamente, como los fondos cotizados respaldados por el metal, que eliminan los costos de almacenamiento y seguro asociados a la tenencia física a cambio de comisiones de gestión.
Un factor diferenciador entre ambos metales es el tratamiento fiscal. Según la fuente, en algunos mercados el oro de inversión no está sujeto al IVA, mientras que la plata sí puede estar gravada, lo que influye en la rentabilidad final dependiendo de la forma en que se realice la compra. Por ello los especialistas insisten en que la elección del instrumento y del régimen aplicable incide de manera directa en el rendimiento efectivo de la inversión.
El precedente que ilustra la lógica del oro como refugio en el país se remonta a la crisis de 1994-1995, cuando la devaluación del peso y la salida de capitales llevaron a numerosos ahorradores a buscar resguardo en activos denominados en divisas fuertes o en metales preciosos, ante la pérdida de confianza en el sistema financiero nacional. Aquel episodio marcó, para varias generaciones de inversionistas, la percepción del oro como instrumento de protección patrimonial en contextos de inestabilidad cambiaria.
Los riesgos, sin embargo, no son menores. El valor del oro y la plata depende de la oferta y la demanda globales, de las decisiones de tasas de interés de los bancos centrales, de la inflación y de la situación geopolítica internacional, y ninguno de estos activos genera rendimientos periódicos como dividendos o intereses: su ganancia depende exclusivamente de la apreciación del precio en el mercado. La respuesta a si conviene invertir, subrayan los especialistas consultados por BBVA, depende del objetivo de cada inversionista, de su horizonte temporal y del nivel de riesgo que esté dispuesto a asumir.
De cara a los próximos meses, el comportamiento del oro seguirá dependiendo de la evolución de los conflictos geopolíticos, de las decisiones de política monetaria de los principales bancos centrales y del ritmo de la inflación en las grandes economías. Los mercados estarán atentos a los próximos anuncios de política monetaria, que podrían modificar el atractivo relativo del oro frente a otros activos como los bonos gubernamentales o las acciones bursátiles.