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Illa pide al Papa que use el catalán en el 'urbi et orbi' y le entrega tres obsequios simbólicos

El presidente de la Generalitat aprovechó la audiencia privada en el Arzobispado de Barcelona para trasladar a León XIV una carta con reivindicaciones culturales y lingüísticas.

Por Redacción de El Hemiciclo·
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Salvador Illa, presidente de la Generalitat de Catalunya, se reunió este martes en audiencia privada con el Papa León XIV en la sede del Arzobispado de Barcelona, durante la segunda etapa de la visita del Pontífice a España.

La carta: entre la teología gaudiana y el peso político de una lengua

La misiva que Illa entregó a León XIV arranca con la invocación «Paz, paz y siempre paz», una formulación que el presidente enlaza con las primeras palabras públicas del nuevo Pontífice tras su elección y con una inscripción del santuario de la Mare de Déu de Queralt, en Berga (Berguedà). La elección del arranque no es inocente: ancla el texto en una tradición religiosa local reconocible para el destinatario sin abandonar el registro protocolario que exige la correspondencia con la Santa Sede.

El grueso de la carta orbita alrededor del centenario de la muerte de Antoni Gaudí, que se cumple en 2026 y que constituye el motivo oficial de la visita de León XIV a Barcelona —la bendición de la torre de Jesucristo de la Sagrada Família, el elemento constructivo más alto del templo, con 172,5 metros según los datos del patronato del propio templo. Illa recupera la cita de san Agustín que el propio Gaudí empleaba con frecuencia —«La medida del amor es el amor sin medida»— para presentar la basílica como síntesis de fe, cultura y patrimonio compartido, más allá de cualquier adscripción nacional.

La petición del catalán en el 'urbi et orbi' ocupa el cierre de la carta y constituye, en términos políticos, su núcleo más sensible. Las salutaciones pontificias de Navidad y Pascua, y la que sigue a la elección de un nuevo papa, se pronuncian habitualmente en más de sesenta lenguas de forma sucesiva. La inclusión o exclusión de un idioma en esa lista no responde a ningún tratado internacional ni a criterio demográfico estricto; es competencia discrecional de la Secretaría de Estado del Vaticano. El catalán, con aproximadamente diez millones de hablantes según datos del Institut d'Estadística de Catalunya (Idescat, 2023), no ha tenido presencia sistemática en esas salutaciones hasta la fecha.

Los tres obsequios: arqueología, escritura y arquitectura como argumento

El primer regalo es una reproducción del acta de colocación de la primera piedra de la Sagrada Família, un documento que data del 19 de marzo de 1882 y que Illa convierte en metáfora de la paciencia fundacional: antes de la obra visible, la preparación invisible del terreno. El segundo obsequio es una réplica de una muñeca articulada de marfil recuperada en la necrópolis paleocristiana de Tarraco —la actual Tarragona—, ciudad que fue sede metropolitana desde el siglo III y que los historiadores consideran uno de los primeros centros del cristianismo en la Península Ibérica. El objeto, asociado a una sepultura infantil, introduce en el encuentro la dimensión del duelo, la esperanza y la trascendencia, valores que conectan directamente con el lenguaje teológico pontificio.

El tercer regalo es el de mayor carga lingüística y, en consecuencia, el que más directamente sustenta la petición sobre el 'urbi et orbi': una copia de las Homilies d'Organyà, un conjunto de sermones litúrgicos datados a finales del siglo XII o principios del XIII que los filólogos consideran uno de los testimonios escritos más tempranos de la lengua catalana. Los originales se conservan en el Arxiu de la Corona d'Aragó. La elección del obsequio tiene una lógica argumental precisa: si la lengua posee una tradición escrita de al menos ocho siglos documentados, la petición de reconocimiento pontificio no es un capricho político coyuntural sino la continuación de una historia larga.

El contexto interno: Illa responde a sus críticos sin nombralos

La iniciativa de Illa no se produce en el vacío. Desde que León XIV comenzó su estancia en Madrid el día anterior, sectores del independentismo catalán —con la CUP y algunos sectores de ERC a la cabeza— habían criticado que el Papa no hubiera incluido el catalán en sus primeras intervenciones públicas en España, y, de manera implícita, cuestionaban la supuesta pasividad del presidente de la Generalitat ante esa omisión. La carta y los obsequios funcionan, en ese sentido, como respuesta anticipada a una demanda de activismo lingüístico que el propio entorno de Illa había detectado como potencial flanco político.

El presidente lo reconoció sin ambages ante los periodistas de la comitiva vaticana, antes de la audiencia privada: afirmó que no había necesitado «insistir» en la sensibilidad del Papa hacia Cataluña porque estaba convencido de que ya la tenía. Como prueba adujo que fue el primer presidente autonómico en ser recibido por León XIV y que la visita a España tiene como epicentro formal la Sagrada Família. En TV3, horas antes, había añadido que ya en 2014 —cuando León XIV aún era el cardenal Robert Prevost, prefecto de la Congregación para los Obispos— había podido comprobar esa sensibilidad. La afirmación mezcla una experiencia personal anterior con una coyuntura institucional distinta, y algunos analistas la consideran un argumento que necesitará respaldo factual en próximas semanas.

Precedentes: la diplomacia autonómica y la Santa Sede

La relación institucional entre comunidades autónomas y el Vaticano tiene precedentes que permiten calibrar el alcance real de este tipo de gestos. En 1982, durante la visita de Juan Pablo II a España, la recepción de autoridades autonómicas seguía protocolos estrictamente establecidos por el Estado central, dado que las relaciones exteriores son competencia exclusiva del Gobierno en virtud del artículo 149.1.3 de la Constitución. Sin embargo, la práctica posterior ha ido admitiendo audiencias bilaterales entre el Romano Pontífice y líderes regionales, siempre en el ámbito de la cortesía institucional y sin que generen obligaciones de derecho internacional.

La petición de que una lengua regional acceda al 'urbi et orbi' tampoco es inédita. El gallego fue incluido en alguna de esas salutaciones durante el pontificado de Juan Pablo II, y el euskera ha tenido presencia esporádica en contextos litúrgicos pontificios en el País Vasco. La diferencia con el catalán radica en que la petición se formula ahora de manera oficial, por escrito, desde la presidencia de una comunidad autónoma y en un momento de alta visibilidad mediática, lo que eleva el coste político de una eventual negativa implícita.

El recibimiento en el aeropuerto y el protocolo lingüístico

Antes de la audiencia privada, Illa recibió al Papa a pie de pista en el Aeropuerto de Barcelona-El Prat, con unas palabras de bienvenida pronunciadas en catalán y en castellano, siguiendo el mismo esquema bilingüe de la carta. El gesto protocolario tiene valor simbólico en sí mismo: el catalán como primera lengua de bienvenida en suelo catalán, aunque seguido inmediatamente del castellano. El Gobierno de la Generalitat ha sido especialmente cuidadoso en no presentar ambas lenguas como alternativas excluyentes, sino como complementarias, una posición que busca evitar la acusación de sectarismo lingüístico sin renunciar a la reivindicación.

Qué ocurre después: plazos, hitos y margen de respuesta del Vaticano

La pelota queda ahora en el tejado de la Secretaría de Estado vaticana. La próxima oportunidad para que León XIV pueda incorporar el catalán al 'urbi et orbi' es la bendición de Navidad de 2025, que se celebra el 25 de diciembre desde la logia central de la Basílica de San Pedro. Si el Vaticano decidiera atender la petición, debería comunicarlo con suficiente antelación a la oficina litúrgica correspondiente para preparar la fonética y la transliteración del texto. No existe un plazo reglamentario público para este tipo de decisiones; la discrecionalidad es total.

La carta de Illa quedará en los archivos de la Secretaría de Estado como documento oficial. Su valor práctico dependerá menos del contenido simbólico de los obsequios que de las gestiones diplomáticas que el Govern pueda activar a través del Ministerio de Asuntos Exteriores —que es quien formalmente canaliza las relaciones con la Santa Sede— y de los contactos de la Iglesia catalana con Roma. El cardenal arzobispo de Barcelona, Juan José Omella, que es además presidente de la Conferencia Episcopal Española, ejerció en esta visita como interlocutor natural entre la Generalitat y el Vaticano.

En el plano interno, la capacidad de Illa para capitalizar políticamente este encuentro depende de un resultado concreto: que León XIV pronuncie alguna palabra en catalán en algún acto público antes de que concluya la visita, o que la Secretaría de Estado dé alguna señal de que la petición será considerada. Sin ese elemento tangible, el gesto corre el riesgo de quedarse en lo que sus críticos ya anticipan: una operación de imagen bien construida pero sin consecuencias verificables para la lengua que dice defender.

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