Macron advirtió en la carta que el mercado energético europeo ha resistido gracias a las reservas acumuladas, una mayor producción de las refinerías y una demanda más débil en algunos mercados asiáticos, pero sostuvo que ese colchón se agota de forma acelerada. El gobierno francés informó además que una parte de sus estaciones de servicio ya registra escasez o disponibilidad limitada de ciertos combustibles.
Entre las medidas planteadas a la Comisión figura relajar temporalmente especificaciones técnicas del combustible —parámetros de densidad, volatilidad y desulfurización—, permitir un mayor uso de diésel B10 (hasta 10% de biodiésel) en vehículos compatibles, posponer un año la entrada en vigor de nuevas obligaciones sobre reporte de emisiones de metano para importadores de petróleo y gas, y explorar compras conjuntas de diésel y combustible de aviación a escala europea.
Según los cálculos de Francia, estas medidas podrían aumentar la producción de las refinerías entre un 5% y un 20%, dependiendo de cada planta. La propuesta llega en momentos en que Europa enfrenta nuevas tensiones derivadas de ataques contra infraestructura petrolera y de la prolongada interrupción del tránsito por el estrecho de Ormuz, ruta clave para el comercio mundial de crudo.
El combustible para aviones es particularmente vulnerable a esa interrupción: alrededor del 36% de las importaciones europeas de ese producto provienen de Oriente Medio, mientras que cerca del 18% del diésel importado también depende de esa región, de acuerdo con las cifras que maneja el gobierno francés.
Efecto indirecto para El Salvador
Para El Salvador, país sin refinerías propias y dependiente de la importación de derivados de petróleo a través de terminales como Acajutla, cualquier tensión en el mercado energético europeo tiene un efecto indirecto: los precios internacionales de referencia para el diésel y otros combustibles suelen moverse en bloque, y de esos precios depende buena parte del costo de transporte de carga y del subsidio al gas licuado que administra el Órgano Ejecutivo. El país importa la totalidad del diésel y la gasolina que consume, lo que lo expone directamente a los shocks de oferta que Francia busca prevenir.
La lógica de flexibilizar normas técnicas ante una emergencia de suministro tiene un eco distante en la experiencia salvadoreña. Durante el alza sostenida de los precios internacionales del petróleo tras la invasión rusa a Ucrania en 2022, el Órgano Ejecutivo recurrió a exenciones temporales y ajustes en el esquema de franjas de precios para amortiguar el impacto en el consumidor final, una herramienta distinta pero con el mismo objetivo de contener el costo energético.
La solicitud de Macron se inscribe en un contexto internacional de tensión energética que incluye el acuerdo petrolero entre Trump y Venezuela que el propio mandatario estadounidense calificó como el mayor de la historia. Una eventual flexibilización de normas en Europa, de concretarse, podría en teoría aliviar la presión sobre los precios internacionales del diésel que también paga El Salvador en sus compras al exterior, aunque el efecto dependería de la magnitud de la respuesta y del tiempo que tome su implementación.

