Venezuela atraviesa una de las crisis económicas más prolongadas del continente, sostenida en gran medida por las sanciones que Washington impuso a su industria petrolera desde hace más de una década. Un análisis reciente vincula la riqueza petrolera de Venezuela a su crisis prolongada: el control de las mayores reservas del mundo no se ha traducido en desarrollo económico sostenido para la población.
La relación entre Washington y Caracas ha oscilado entre el aislamiento diplomático y los acercamientos puntuales desde que Estados Unidos dejó de reconocer al gobierno de Nicolás Maduro tras las elecciones de 2018. Las sanciones petroleras, aplicadas en 2019, restringieron drásticamente la capacidad de Petróleos de Venezuela S.A. para exportar crudo a su principal comprador histórico y profundizaron la contracción de la economía venezolana en los años siguientes.
Un giro de sanciones a un acuerdo de la envergadura que describió Trump marcaría un cambio en la estrategia estadounidense hacia uno de los países con mayores reservas probadas del planeta. La región centroamericana, atenta a los movimientos energéticos y migratorios de Washington en Sudamérica, lee este anuncio como un indicio de las prioridades que la administración estadounidense fija para el hemisferio.
Para El Salvador, cuya economía depende en gran medida de las remesas y de la relación con Estados Unidos, cualquier reconfiguración de las prioridades de Washington resulta relevante. El país afronta la incertidumbre de miles de connacionales beneficiarios del Estatus de Protección Temporal, cuyo futuro depende de decisiones del Congreso estadounidense. Esta semana, salvadoreños con TPS presionaron al Congreso de EUA ante el plazo del 9 de septiembre, un episodio que muestra cómo la política exterior estadounidense repercute de forma directa en la vida de miles de salvadoreños dentro y fuera del país.
Un acuerdo energético de esa magnitud tendría implicaciones para los mercados de combustibles en América Latina. Venezuela ha sido tradicionalmente un proveedor relevante de crudo para refinerías del Caribe y Centroamérica bajo esquemas de cooperación como Petrocaribe, hoy prácticamente inoperante por las sanciones y la caída de la producción venezolana.
Los términos exactos del pacto —montos, plazos y empresas involucradas— no se han hecho públicos. La ausencia de detalles deja abierta la pregunta sobre el alcance real de esta reconfiguración energética y sobre el equilibrio de poder que Washington busca ejercer sobre los recursos estratégicos del hemisferio.


