El Bulli, ubicado en la remota cala de Cala Montjoi, en la Costa Brava gerundense, cerró sus puertas en 2011 tras más de dos décadas de actividad, convertido en referencia obligada de la cocina de vanguardia. Quince años después, su historia regresa a la actualidad de la mano de una serie que aspira a explicar, más allá de la técnica culinaria, el fenómeno cultural que llegó a representar.
Adrià, que se hizo cargo de la cocina del restaurante en los años ochenta tras conocer a Juli Soler, ha resumido la esencia de aquel proyecto en una conversación recogida con motivo del estreno: «Hacer pensar a la gente y la influencia que tuvo en el mundo, fuimos agitadores». Según el propio chef, la clave no estuvo únicamente en la innovación técnica, sino en esa capacidad de provocar y abrir nuevas preguntas que terminó trascendiendo la propia cocina.
El cocinero ha matizado, no obstante, que nunca entendió la innovación como un fin en sí mismo ni como una obligación aplicable a cualquier cocina. «Puede haber una gastronomía tradicional maravillosa donde no se tenga que innovar. Lo que me importa es la calidad de cualquier tipo de cocina», ha señalado, en una reflexión que distancia su discurso de la imagen más simplificada de El Bulli como sinónimo exclusivo de vanguardia experimental. Sobre las fuentes de su creatividad, ha enumerado: «Desde la naturaleza hasta en el ser humano, el arte, el diseño, la cocina de otros países».
La producción ha trabajado con antiguos miembros del equipo original —entre ellos Marc Cuspinera, Alain Devahive y Eduard Bosch— para reconstruir con precisión los platos que definieron distintas etapas del restaurante. El proceso ha contado con la supervisión directa de Ferran Adrià y de elBulli Foundation, entidad creada para preservar y difundir el legado documental del proyecto tras su cierre. La selección abarca 70 elaboraciones escogidas entre las 1.846 que jalonaron la trayectoria del local.
La trama de Gènesi se articula en dos planos temporales. Por un lado, retrocede hasta los años ochenta para narrar la llegada de un joven Adrià a Cala Montjoi y el origen de su relación con Juli Soler, socio y gestor del restaurante. Por otro, desarrolla una historia contemporánea protagonizada por Glòria Canabach, una crítica gastronómica retirada que regresa a Cataluña tras la muerte de su padre con la intención de recuperar el negocio familiar. Ambas líneas permiten a la serie abordar la memoria, la identidad y el legado.
El reparto está encabezado por Miquel Fernández, en el papel de Ferran Adrià, e Iván Massagué, que interpreta a Juli Soler. Completan el elenco Mónica López, Carlos Cuevas, Joana Vilapuig, Pere Arquillué y Mario Gas, entre otros, en una producción que combina localizaciones de época con la recreación de la cocina original del restaurante.
El precedente más directo de este tipo de producciones sobre El Bulli es el documental 'El Bulli: Cooking in Progress', estrenado en 2010, que ya retrataba el proceso creativo del restaurante en su última etapa de actividad. Gènesi se diferencia de aquel formato al optar por la ficción dramatizada y ampliar el foco hacia los años de formación del proyecto, no solo hacia su fase de consagración internacional.
La estrategia de distribución sigue un patrón habitual en la producción audiovisual catalana reciente: estreno inicial en la televisión pública autonómica y en su plataforma digital, seguido de una ventana posterior en Netflix que proyecta la serie a los mercados internacionales. Este modelo de doble ventana combina la financiación pública y el arraigo local con el alcance global de las plataformas de streaming.
El cierre de El Bulli, en 2011, se produjo cuando el restaurante figuraba entre los más laureados del mundo. Tras su clausura, Adrià reconvirtió el espacio en un centro de creatividad culinaria, elBulli1846, en referencia al número total de elaboraciones documentadas a lo largo de su historia, la misma cifra que sirve de base para la selección de platos reconstruidos en la serie.
A la espera del estreno del 21 de septiembre en TV3 y 3Cat, y de su posterior salto a Netflix, la producción se presenta como un intento de trasladar a un público más amplio, y en particular a las generaciones que no conocieron el restaurante en activo, la dimensión cultural de un proyecto que, según defiende Adrià, funcionó como un laboratorio de ideas más allá de los fogones.

