La caja fuerte, un modelo europeo de empotrar con cierre biométrico y llave maestra mecánica de cortesía, estaba escondida detrás de un panel corredizo de melamina blanca indistinguible del resto de la pared del cuarto de lavado. La identificación del panel —según el atestado al que este periódico ha tenido acceso reservado— ha sido posible porque uno de los agentes notó, durante la inspección rutinaria de las 07:30, que el zócalo del cuarto tenía 34 centímetros de fondo en tres de las paredes y 42 en la cuarta. Esa diferencia de ocho centímetros, casi imperceptible a simple vista, es la que ha llevado al equipo a centrar la búsqueda en ese punto concreto. Los veteranos de la UCO suelen recordar que en las cajas fuertes más caras no se nota el hierro: se nota la pared que sobra.
El contenido, por orden de importancia jurídica. Tres pasaportes diplomáticos de cortesía expedidos por la República Bolivariana de Venezuela a nombres españoles, en los tres casos con fotografías que coinciden con las del titular real pero con apellidos alterados en un dígito o en una letra. Los tres pasaportes están firmados por el mismo funcionario consular y fueron emitidos entre marzo y septiembre de 2024 en la embajada venezolana en Madrid. La figura del pasaporte diplomático 'de cortesía' es una categoría legalmente existente en la práctica consular venezolana —se concede a amigos del régimen sin cargo diplomático oficial— y, en principio, no confiere inmunidad plena, pero sí facilidades de tránsito y exención de algunos controles aduaneros en terceros países. El detalle clave es que los tres pasaportes están en blanco, sin sellos de entrada ni salida. Eso sugiere que eran pasaportes de reserva, no de uso habitual. En términos judiciales, esa característica los convierte en una prueba circunstancial particularmente pesada: quien guarda documentos de identidad de reserva en una caja fuerte en Ibiza es quien los tiene previstos para un escenario de salida rápida.
El dinero, en segundo lugar. 185.000 euros repartidos en cuatro sobres desiguales, todos ellos en billetes de 200 y 500 euros usados. El detalle de los billetes usados es relevante: el Banco Central Europeo dejó de emitir billetes de 500 euros en 2019 y, desde entonces, la circulación de esos billetes se ha concentrado progresivamente en transacciones informales y en los depósitos extraoficiales de rentas altas que optan por no bancarizar. La combinación de 200 y 500 en billetes usados, con números de serie no consecutivos, es exactamente la que usan los operadores que han decidido maximizar el volumen de efectivo por metro cúbico. En una caja fuerte de ese tamaño, 185.000 euros en billetes usados ocupan un espacio algo mayor que una caja de zapatos. Esa es la primera lectura técnica. La segunda, más política, es que la cifra global —280.000 euros en total sumando las dos cajas fuertes— es compatible con el patrón del sumario Koldo: movimientos de 'liquidez intermedia', es decir, cantidades no estratosféricas pero suficientes para financiar varios meses de logística personal sin dejar rastro bancario.
Las siete tarjetas SIM prepagadas, en tercer lugar, son probablemente el hallazgo más desconcertante del día. Cuatro de ellas están compradas en Marruecos, tres en Andorra, y todas tienen fecha de adquisición escalonada a lo largo de los últimos 18 meses. Ninguna de ellas está activada. En la jerga policial esas tarjetas se llaman 'burners' y su único uso conocido es el de construir identidades telefónicas de un solo uso para comunicaciones que no deben quedar asociadas al titular real. La UCO tiene ya, según las fuentes consultadas a las once y media por este periódico, una hipótesis preliminar sobre la función de estas tarjetas: servir de canal de contacto con los operadores intermedios entre Ibiza, Marruecos y Andorra durante los próximos 12 meses. Esa hipótesis, si se confirma, desplazaría el centro de gravedad del sumario desde la esfera doméstica española hacia una red tripartita con enlaces en al menos dos fronteras, y aumentaría automáticamente la dimensión internacional del caso.
La cuarta pieza, que este periódico ha podido conocer pero que no figura en el atestado que se ha elevado al juzgado —porque no es material sino indiciario—, es un detalle aparentemente banal. En el fondo de la caja fuerte, los agentes han encontrado un ticket de caja arrugado, ilegible en las zonas expuestas a la humedad pero con tres líneas aún legibles: un nombre de un establecimiento de restauración de Mascate, una fecha —19 de marzo de 2026— y un importe en rials omaníes. Mascate, 19 de marzo. Veintiocho días antes del encuentro directo EEUU-Irán que el Sultanato va a acoger este sábado. La UCO no ha establecido todavía ninguna conexión causal entre el ticket y el viaje de un funcionario español a Mascate en esa fecha, pero ha incorporado el ticket como prueba documental número 47 y ha solicitado al juzgado una orden de información preliminar a la agencia tributaria sobre los movimientos de tarjeta asociados al detenido en las fechas 17-21 de marzo. Si esa conexión se confirmase, tendría una implicación importante y desestabilizadora: que el entorno de Koldo tenía, un mes antes del encuentro del sábado, presencia en el escenario diplomático que hoy ocupa el primer plano europeo. Esa hipótesis requiere verificación rigurosa y este periódico la presenta aquí con la prudencia que corresponde.
La petición de ampliación del secreto de sumario, presentada a las once y media de esta mañana por la UCO ante la Fiscalía Anticorrupción y remitida al juzgado de instrucción número 5 de Ibiza, pide 60 días adicionales de secreto por tres motivos que figuran en el escrito: la internacionalidad del material documental encontrado, la existencia de hasta siete líneas telefónicas potencialmente operables vinculadas al detenido y la necesidad de realizar análisis biométricos de los pasaportes diplomáticos en laboratorio especializado fuera de España. La solicitud es técnica pero contiene una frase que conviene subrayar textualmente: 'el volumen y la naturaleza de los elementos encontrados esta mañana hacen previsible que la imputación sobrepase el marco inicial del sumario y alcance figuras delictivas no contempladas en las diligencias previas'. Eso, en lenguaje administrativo, significa una cosa: el sumario que ayer tenía cinco delitos va a tener, probablemente, siete u ocho antes del viernes.
Hay un detalle que los lectores atentos a la dimensión política del caso deben retener con lupa. La aparición de los pasaportes diplomáticos de cortesía venezolanos reabre automáticamente una rama de la investigación que había quedado en suspenso desde el otoño: la del posible papel de intermediación de una red de apoyo entre Caracas y determinados actores españoles y andorranos en la ingeniería financiera informal detectada en los últimos doce meses. Esa rama se había enfriado en noviembre por falta de elementos de vinculación. Esta mañana, con tres pasaportes y un ticket de Mascate, vuelve al centro de la mesa. Fuentes judiciales consultadas a las once y cincuenta por este periódico reconocen en privado que 'es el hallazgo más complejo del sumario desde la apertura'. Y añaden, con cautela: 'no es todavía una prueba de relación orgánica, es una prueba de infraestructura'. La diferencia entre una cosa y la otra es el trabajo que las próximas seis semanas van a tener que hacer los técnicos.
¿Por qué debería un lector sin interés particular por los entresijos policiales seguir este hilo? Por una razón muy concreta. Los sumarios de corrupción de gran escala nunca avanzan por los titulares: avanzan por los objetos pequeños que aparecen en los lugares menos mediáticos. Una agenda con códigos en un cajón. Un ticket de restaurante arrugado en una caja fuerte. Una tarjeta SIM sin activar envuelta en un kleenex. Lo que este jueves a mediodía está sobre la mesa del juzgado de instrucción número 5 de Ibiza es ese tipo de material. Si el sumario gira —y todo indica que va a girar— el periodismo español se va a enfrentar a un desafío de cobertura clásico: separar lo indiciario de lo probado, lo relevante de lo llamativo, lo penal de lo político. El Hemiciclo va a intentar hacer esa separación con la cautela máxima. Pero, al mismo tiempo, va a contar cada hallazgo material con toda la precisión de la que sea capaz. La primera entrega está publicada. La segunda llegará cuando el juzgado autorice la comparecencia del forense informático. Y la tercera, previsiblemente, el lunes por la mañana, tras el primer análisis de los pasaportes en un laboratorio de documentos de la Europol en La Haya.

