Una alternativa gratuita a las piscinas municipales
El fenómeno de las piscinas naturales como refugio frente al calor reaparece cada temporada estival en la Comunidad de Madrid a medida que las temperaturas suben y los madrileños buscan opciones fuera del circuito habitual de piscinas municipales, muchas con aforos limitados y entradas de pago. Frente a ese modelo, enclaves como la Presilla de Canencia ofrecen una alternativa sin coste de acceso, aunque sujeta a las condiciones naturales del caudal del río y a la meteorología de cada verano.
Un embalse natural en la cabecera del Lozoya
La Presilla de Canencia aprovecha el curso del río Lozoya, uno de los principales cauces del sistema de embalses que abastece de agua potable a buena parte de la Comunidad de Madrid a través del Canal de Isabel II, para crear una zona de baño de dimensiones reducidas pero de notable atractivo paisajístico. Se ubica en el término municipal de Canencia, en plena Sierra de Guadarrama, un macizo declarado Parque Nacional en 2013 que combina zonas de protección estricta con áreas de uso recreativo regulado, entre las que se encuentran diversas zonas de baño tradicionales en los cursos altos de sus ríos.
Según la descripción, el entorno se caracteriza por sus aguas frescas y cristalinas, un rasgo que comparten otras zonas de baño de la sierra madrileña alimentadas por deshielo y manantiales de alta montaña, y que contrasta con la temperatura del agua en piscinas municipales o en las playas artificiales de embalses como el de San Juan, más expuestas a la insolación directa.
Infraestructura y accesibilidad, un valor añadido
Uno de los elementos que distingue a la Presilla de Canencia de otras zonas de baño natural menos acondicionadas es la existencia de infraestructuras de apoyo: zonas recreativas con mesas y bancos, aparcamiento en las inmediaciones y accesos adaptados para personas con movilidad reducida, de acuerdo con la información difundida por el citado medio. Esta dotación de servicios básicos suele ser determinante en la afluencia, dado que muchas zonas de baño natural en la Sierra de Guadarrama carecen de socorrista, señalización de profundidad o accesos acondicionados.
La Comunidad de Madrid, a través de sus servicios de protección ciudadana, viene recordando cada verano que las zonas de baño natural no oficiales carecen de la supervisión que sí existe en piscinas municipales o en playas artificiales homologadas, por lo que recomienda prudencia ante crecidas repentinas, corrientes o cambios súbitos de profundidad, circunstancias que año tras año provocan rescates en ríos y embalses de la sierra durante los meses de julio y agosto.
La Chorrera de Rovellanos y el patrimonio del valle
Más allá del baño, la Presilla de Canencia funciona como punto de partida de rutas de senderismo que recorren el valle del Lozoya, entre las que destaca el camino hacia la Chorrera de Rovellanos, una cascada que, según describe otro medio, se ha convertido en uno de los grandes reclamos de la zona. El trayecto atraviesa varios puentes de origen medieval, vestigios de las antiguas vías de comunicación y trashumancia que conectaban los pueblos de la sierra norte madrileña antes de la llegada de las carreteras modernas.
Esta combinación de recurso natural y patrimonio histórico es habitual en la Sierra de Guadarrama, donde numerosos senderos enlazan zonas de baño con elementos etnográficos como puentes, molinos o antiguas cañadas reales, en un modelo de turismo de proximidad que creció con fuerza a partir de la pandemia de 2020, cuando las restricciones a los desplazamientos de larga distancia impulsaron el turismo de cercanía.
Escalada, saltos al agua y advertencias de seguridad
El entorno de Canencia permite también la práctica de escalada y, según recoge la fuente, algunos visitantes realizan saltos al agua en puntos concretos cuando las condiciones de seguridad lo permiten. Este tipo de prácticas, frecuentes en zonas de baño natural de toda España, son objeto recurrente de advertencias por parte de los servicios de emergencia, que cada verano registran accidentes por golpes contra rocas sumergidas o por desconocimiento de la profundidad real del agua, especialmente en enclaves sin socorrista ni señalización oficial.
No consta, según la información disponible, una regulación municipal específica que prohíba el baño en la Presilla de Canencia, a diferencia de otras zonas de la Comunidad de Madrid donde el baño en ríos y embalses está restringido por motivos de abastecimiento, como ocurre en los embalses gestionados como reserva estratégica de agua potable por el Canal de Isabel II.
Un turismo de sierra en expansión pero pendiente de regulación
La revalorización de espacios como la Presilla de Canencia se enmarca en una tendencia de descentralización del turismo estival madrileño hacia la sierra norte, favorecida por la mejora de las comunicaciones y por la promoción de rutas por parte de ayuntamientos y de la Comunidad de Madrid a través de su red de espacios naturales protegidos. Municipios como Canencia, Rascafría o Lozoya han visto crecer su afluencia en los últimos veranos, sin alcanzar los niveles de masificación de enclaves como La Pedriza, donde en los últimos años se han implantado limitaciones de aforo en fines de semana de alta demanda.
Por el momento, la Presilla de Canencia no figura entre las zonas de baño con restricciones de acceso, lo que explica en parte el atractivo que le otorga otro medio al describirla como un enclave todavía no masificado. La evolución de la afluencia a lo largo de este verano, condicionada por las altas temperaturas y por el eventual desgaste del entorno, determinará si el municipio o la Comunidad de Madrid consideran necesario, como ya ocurre en otros puntos de la sierra, introducir medidas de regulación de aforo o de protección ambiental en los próximos meses.


