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Proteínas fósiles de Atapuerca reconstruyen un millón de años de evolución de osos

Un estudio del CENIEH con la Universidad de Burgos y el Centro Mixto UCM-ISCIII sitúa a Ursus dolinensis en la base del linaje del oso de las cavernas.

Por Redacción de El Hemiciclo·
4 min de lectura
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Un equipo liderado por el Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH), con la participación de la Universidad de Burgos y el Centro Mixto UCM-ISCIII de Evolución y Comportamiento Humanos, ha reconstruido mediante paleoproteómica la historia evolutiva de los osos que habitaron las cuevas de Atapuerca (Burgos) durante casi un millón de años del Pleistoceno.

Atapuerca lleva más de un siglo entregando hallazgos que han obligado a reescribir manuales de paleontología y evolución humana, casi siempre vinculados a los primeros pobladores de Europa: los restos de Homo antecessor o los acumulados en la Sima de los Huesos han hecho de este complejo burgalés, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2000, una referencia mundial. Pero el yacimiento también conserva información sobre otros protagonistas de aquellos ecosistemas, y el nuevo estudio sobre osos del Pleistoceno demuestra que ese filón está lejos de agotarse.

La investigación se apoya en la paleoproteómica, una técnica que analiza las proteínas conservadas en el esmalte dental de los fósiles en lugar del ADN antiguo. María Martinón-Torres, codirectora de los yacimientos de Atapuerca y coautora del estudio, ha explicado que «se han recuperado proteínas de todas las muestras analizadas y de todos los niveles», un resultado que los propios investigadores destacan por su consistencia a lo largo de distintos estratos cronológicos.

La clave del método reside en una limitación bien conocida de la genética antigua: el ADN raramente se conserva en buen estado más allá de unos pocos cientos de miles de años, sobre todo en climas templados como el de la península ibérica, donde la humedad y las oscilaciones térmicas degradan las moléculas con rapidez. Las proteínas del esmalte dental, en cambio, pueden perdurar mucho más tiempo, lo que abre una vía de estudio para especies y periodos que hasta ahora quedaban fuera del alcance de los análisis genéticos convencionales.

Esa diferencia ha permitido al equipo del CENIEH acceder a información molecular de ejemplares que vivieron durante el Pleistoceno medio e inferior, una franja temporal que la paleogenética apenas había podido explorar debido a la degradación casi completa del ADN en fósiles de esa antigüedad. Amanda Gutiérrez Carbajal, doctoranda y primera autora del trabajo, ha resumido el alcance del avance señalando que «con el análisis de las proteínas se abre una ventana nueva para explorar cuestiones metabólicas» que hasta ahora resultaban inaccesibles para la paleontología molecular. Esa ventana, subrayan los autores, no solo sirve para trazar árboles genealógicos, sino también para aproximarse a aspectos fisiológicos de especies extintas hace cientos de miles de años.

Un debate de décadas resuelto con proteínas

El hallazgo más destacado del estudio afecta a Ursus dolinensis, una especie extinta descrita a partir de fósiles hallados en el nivel TD4 del yacimiento de Gran Dolina, uno de los puntos más estudiados del complejo de Atapuerca. Durante décadas, la posición exacta de esta especie dentro del árbol evolutivo de los osos había sido objeto de debate entre los especialistas, sostenido casi exclusivamente en el análisis morfológico de los huesos y dientes conservados.

Los análisis proteómicos confirman que Ursus dolinensis ocupó una posición basal en el linaje, es decir, que representó una de las formas más primitivas de las que derivarían con el tiempo Ursus deningeri y, posteriormente, Ursus spelaeus, el célebre oso de las cavernas que pobló gran parte de Europa durante el Pleistoceno superior. Elena Santos, segunda autora del estudio y especialista en este taxón, ha señalado que el equipo «ha podido confirmar, mediante el análisis de proteínas fósiles, la hipótesis» que hasta ahora se sostenía sobre todo con datos morfológicos. La confirmación molecular añade así un respaldo bioquímico a una interpretación que carecía de una prueba directa a nivel de secuencia.

El respaldo institucional a esta línea de investigación se ha reforzado con la puesta en marcha, a comienzos de 2026, del Laboratorio de Paleobiología Molecular del CENIEH, una infraestructura diseñada específicamente para consolidar los estudios de paleoproteómica en España. Su creación sitúa al centro burgalés en una posición relevante dentro de un campo emergente en el que instituciones del norte y centro de Europa han liderado hasta ahora buena parte de los avances metodológicos.

El trabajo aporta, según sus autores, el mayor conjunto de datos paleoproteómicos obtenido hasta la fecha sobre este linaje de osos, con muestras de yacimientos de España, Portugal e Italia que amplían el marco geográfico habitual de este tipo de estudios, tradicionalmente centrado en la península ibérica por la abundancia y calidad de conservación de los fósiles de Atapuerca.

La paleoproteómica no es una disciplina completamente nueva: sus primeras aplicaciones a gran escala se desarrollaron en la pasada década, cuando distintos equipos internacionales comenzaron a demostrar que las proteínas del esmalte dental podían recuperarse en fósiles muy por encima del límite habitual del ADN antiguo. El estudio sobre los osos de Atapuerca se suma a esa trayectoria aplicando la técnica de forma sistemática a este linaje concreto.

Los investigadores no han fijado, según la información disponible, plazos concretos para ampliar el estudio a otras especies del ecosistema pleistoceno de Atapuerca, aunque la existencia del nuevo laboratorio del CENIEH apunta a que la línea de trabajo continuará en los próximos años, previsiblemente con publicaciones que aborden otros mamíferos presentes en los mismos niveles estratigráficos. Más de un siglo después de que las primeras exploraciones sacaran a la luz el subsuelo de la Sierra de Atapuerca, el yacimiento burgalés sigue generando hallazgos que trascienden el ámbito estrictamente humano y ofrecen una imagen cada vez más completa de la fauna europea anterior a la llegada de los humanos modernos al continente.

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