La subida se produce en pleno verano, con temperaturas elevadas en buena parte del territorio, lo que resulta a primera vista paradójico: la generación solar, la más barata del sistema, debería estar en su momento de mayor producción. Sin embargo, el exceso de calor reduce la eficiencia de los paneles fotovoltaicos, de modo que los meses de mayor rendimiento solar no son julio y agosto, sino la primavera y el otoño, cuando hay suficientes horas de luz sin temperaturas extremas.
A esa merma de producción solar se suma la escasa aportación eólica, por la falta de viento característica de estas fechas, y la ausencia de lluvias que permitan generar con hidráulica fluyente. Existe hidráulica embalsada, pero las compañías eléctricas tienden a reservarla para los momentos de mayor precio, dado el coste de oportunidad que supone utilizarla en horas de menor cotización. El resultado es que las tres tecnologías que durante buena parte de la primavera llevaron el precio de la luz a cero en numerosas horas del día no bastan ahora para cubrir toda la demanda, lo que en el sistema se denomina alcanzar el punto de saturación.
Por qué el gas vuelve a marcar el precio
La demanda eléctrica, además, es elevada por el uso masivo de aire acondicionado derivado de las altas temperaturas. Para cubrir ese consumo cuando las renovables no alcanzan, el sistema recurre a las centrales de ciclo combinado de gas, las más caras del mix de generación y las que marcan el precio final en un mercado marginalista, donde la última tecnología necesaria para casar la demanda fija el precio para todas las demás. El gas natural se ha encarecido en los mercados internacionales por la caída de las reservas de la Unión Europea a mínimos de los últimos cinco años.
España cuenta con una potencia nuclear instalada comparativamente reducida, la otra fuente de generación barata y que aporta estabilidad al sistema, lo que limita las alternativas cuando las renovables no cubren la demanda. Ante ese escenario, el gas se convierte en la opción de respaldo casi obligada, con el consiguiente efecto al alza sobre el precio final que paga el consumidor.
La situación se agrava con el denominado método reforzado que aplica Red Eléctrica de España desde el apagón de abril de 2025, un mecanismo diseñado para reforzar la estabilidad del sistema tras aquel incidente, que dejó a buena parte de la península sin suministro eléctrico durante varias horas. Ese protocolo introduce más generación de gas en el mix para compensar las oscilaciones que provoca el exceso de renovables en determinados momentos, una energía adicional que se retribuye por encima del precio de la subasta diaria y que repercute, a su vez, en un encarecimiento añadido de la factura eléctrica.
Este martes, Red Eléctrica activó además la interrupción de suministro a la gran industria para reducir el exceso de demanda en un momento de tensión en el sistema. Se trata de un mecanismo previsto por el que las empresas que aceptan la interrupción reciben una compensación económica, cuyo coste termina repercutiendo también en el recibo de la luz del consumidor doméstico.
La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) mantiene abierta una revisión regulatoria sobre las tarifas de luz y gas que, según ha trascendido, no facilitaría una moderación de precios a corto plazo. El organismo regulador tiene entre sus competencias la supervisión de los peajes de acceso a las redes de transporte y distribución eléctrica, así como la fijación de determinados componentes regulados de la factura, en un marco normativo que combina la Ley del Sector Eléctrico de 2013 con sucesivas modificaciones. Portavoces del regulador defienden habitualmente que su función es garantizar la sostenibilidad del sistema y la retribución adecuada de las redes, más allá del efecto coyuntural sobre la factura.
Los carburantes, en máximos
En paralelo, el precio de los carburantes ha seguido una trayectoria alcista desde que decayó la rebaja fiscal aplicada por el Gobierno para amortiguar el impacto de la crisis energética. El IVA de los carburantes, que había regresado del 21% al 10% en distintos periodos, volvió a subir a comienzos de julio de 2026, lo que ha permitido un repunte inmediato de los precios en el surtidor. El diésel encadena ya seis semanas consecutivas de subidas y se situaba la semana pasada en una media de 1,821 euros por litro, con estaciones que ya superan la barrera de los dos euros por litro en distintos puntos del país.
El precedente más directo de esta dinámica se remonta a 2021 y 2022, cuando la escalada del gas en los mercados internacionales, agravada por la guerra en Ucrania, disparó los precios eléctricos hasta máximos históricos y llevó al Gobierno a impulsar junto a Portugal la conocida como excepción ibérica, un mecanismo pactado con Bruselas para topar el precio del gas utilizado en la generación eléctrica en ambos países. Aquel mecanismo dejó de aplicarse a medida que los precios energéticos se normalizaron, lo que deja al sistema con menos herramientas de contención frente al actual repunte.
El componente energético ha sido en los últimos meses uno de los factores de presión sobre la inflación general, por lo que el impacto de esta escalada quedará reflejado en el índice de precios de consumo (IPC) de agosto que elabora el Instituto Nacional de Estadística (INE), cuyo dato adelantado se conoce habitualmente a finales de mes.
A corto plazo, la expectativa del sector es que la situación se alivie con la llegada del otoño, cuando las temperaturas más moderadas permitan recuperar la eficiencia de la generación solar y el viento aporte una mayor contribución eólica al sistema. El despliegue del almacenamiento en baterías, aún incipiente en España, se considera clave para trasladar los excedentes solares de las horas centrales del día a las horas de mayor demanda nocturna, precisamente cuando se registran los precios más altos, como el máximo previsto para las diez de la noche de este jueves. Hasta entonces, el mercado eléctrico seguirá dependiendo de la evolución del precio internacional del gas y de las decisiones de la CNMC sobre peajes y tarifas reguladas.

