No se trata de un destino elegido al azar. Zamalloa pasó parte de su infancia en la zona y ha regresado en varias ocasiones a lo largo de los últimos años. «¡Este pueblo me ha visto crecer!», escribió en redes sociales durante una de sus visitas, en la que relató la ilusión de recorrer con sus hijas los lugares de su niñez. Marta Pombo reaccionó entonces con un mensaje en la misma línea: «Qué suerte de infancia y qué suerte poder enseñárselo a las tres».
Las visitas de la pareja al municipio no son nuevas. En marzo de 2024, Pombo publicó imágenes de un paseo familiar por la playa; en agosto de 2025 la familia volvió a dejar constancia de su paso por la localidad, en una jornada de tiempo desapacible que terminó con un helado en el puerto. Zamalloa aprovechó aquel viaje para recordar lugares cotidianos de su niñez, entre ellos el Eroski de Leioa donde, según relató, sus padres habían hecho la compra «toda la vida». Este verano, la pareja ha repetido destino.
Plentzia pertenece a la comarca de Uribe Kosta, en la costa occidental de Bizkaia, y comparte bahía con el municipio vecino de Gorliz. Su ubicación, en la desembocadura de la ría del Butroe frente al mar Cantábrico, ha condicionado históricamente su economía y su urbanismo. El pueblo reúne en una superficie reducida una playa urbana, un puerto, un paseo junto a la ría y un casco antiguo de trazado medieval, una combinación poco frecuente en distancias tan cortas dentro del área metropolitana de Bilbao.
La accesibilidad es uno de los rasgos que explican su atractivo como destino de proximidad. Además de la carretera y las líneas de Bizkaibus, el operador público de transporte, Plentzia es la estación terminal de la Línea 1 de Metro Bilbao, lo que permite llegar desde el centro de la capital vizcaína sin necesidad de vehículo privado. Esta conexión ferroviaria, poco habitual para un municipio de su tamaño, ha sido durante décadas un factor de atracción tanto para el turismo estacional como para la movilidad residencial de quienes trabajan en Bilbao y buscan vivienda en la costa.
Un origen medieval documentado desde 1299
La villa fue fundada en 1299 bajo el nombre de Placencia de Butrón, dentro del proceso de fundación de villas costeras vascas que impulsaron los señoríos medievales para consolidar el control territorial y comercial del litoral cantábrico. Ese nombre original derivó con los siglos en Plencia y, más adelante, en la denominación actual de Plentzia. Desde sus orígenes, la vida del municipio estuvo ligada al mar: la pesca, la navegación y la construcción naval fueron actividades centrales de sus vecinos durante siglos, en un patrón compartido con otras villas marineras del litoral vizcaíno como Bermeo o Lekeitio.
El casco histórico conserva ese pasado en su trazado urbano, con calles estrechas propias de la planificación defensiva medieval. Entre los edificios representativos destaca la iglesia de Santa María Magdalena, con una torre del siglo XVI, y el antiguo consistorio, un edificio de piedra que en la actualidad alberga el Museo de Plazentia Butrón, dedicado a recopilar la historia local. También se conserva el Arco de Santiago, resto de la antigua muralla que protegía la villa, uno de los pocos vestigios defensivos que sobreviven tras siglos de transformaciones urbanísticas y el impacto de la industrialización de los siglos XIX y XX en buena parte del litoral cercano a Bilbao.
La combinación de patrimonio histórico y oferta de playa ha permitido a Plentzia mantener un perfil turístico distinto al de otros municipios costeros vascos de mayor tamaño, como Getxo o Zarautz. Su escala reducida —en torno a los 4.000 habitantes— le confiere un carácter de pueblo que contrasta con la intensidad urbana de la cercana área metropolitana de Bilbao. Ese contraste entre proximidad y atmósfera de pequeña localidad costera explica en buena medida por qué funciona como destino de fin de semana o estancia corta para residentes en Bilbao y su entorno, así como para quienes conservan vínculos familiares o de infancia con la zona.
La repercusión asociada a personas con notoriedad en redes sociales viene registrándose desde hace años en municipios pequeños del norte de España. La exposición de perfiles con amplia audiencia ha coincidido en ocasiones con picos de interés turístico en localidades costeras cántabras, asturianas y vascas, un fenómeno que las administraciones locales observan con atención, aunque sin que existan por el momento estudios cuantitativos oficiales que midan con precisión su impacto en la ocupación o el gasto turístico de estos pequeños municipios.
El precedente más conocido en el propio litoral vizcaíno es el de San Juan de Gaztelugatxe, cuya popularidad se disparó tras su aparición como localización de la serie de televisión 'Juego de Tronos', lo que obligó a las autoridades a implantar un sistema de acceso regulado con reserva previa para gestionar la afluencia. El caso ilustra cómo un impulso mediático repentino puede alterar la gestión de enclaves de escala reducida no preparados para grandes volúmenes de visitantes.
Uribe Kosta, la comarca a la que pertenece Plentzia, ha experimentado en las últimas décadas una transformación ligada a su cercanía con Bilbao, pasando de una economía tradicionalmente pesquera a un modelo mixto que combina segunda residencia, turismo estacional y población que se desplaza a diario a la capital para trabajar. Este proceso, común a otras comarcas costeras próximas a grandes áreas metropolitanas, plantea a los ayuntamientos de la zona retos de gestión urbanística y de servicios que se agudizan en los meses de verano, cuando la población flotante puede multiplicar el censo oficial del municipio. La temporada estival, que se prolonga hasta septiembre, marcará el próximo horizonte de esa presión sobre servicios y accesos.


