El debate sobre seguridad y defensa ha ganado en los últimos meses una centralidad política inusual en Europa. La combinación de sabotajes, ciberataques y presión militar directa de Rusia sobre varios países europeos se suma a una guerra convencional en Ucrania que este año entra en su quinto ejercicio consecutivo, sin avances decisivos confirmados en los frentes.
A ese cuadro se añade la crisis en Oriente Próximo. Estados Unidos e Israel han llevado a cabo ataques contra Irán, mientras Teherán ha respondido contra países del Golfo aliados de Washington. El 9 de septiembre, Estados Unidos aseguró haber destruido cinco petroleros iraníes, y Teherán advirtió el 7 de septiembre de un giro en su doctrina de respuesta:
«La era de las respuestas proporcionales a Estados Unidos ha terminado», afirmó Irán, según la información
La tensión en el golfo Pérsico ha tenido un correlato inmediato en los mercados energéticos. El petróleo llegó a tocar los 100 dólares por barril a principios de septiembre por el recrudecimiento del conflicto, un nivel que reflejaría el temor a un cierre parcial o total del estrecho de Ormuz, paso por el que transita una parte sustancial del crudo mundial. La dependencia energética europea de rutas alternativas, ya puesta a prueba tras la invasión rusa de Ucrania en 2022, vuelve a quedar expuesta.
El foro se centra precisamente en el papel de Europa ante este mapa de crisis simultáneas: la amenaza rusa al este, la inestabilidad en Oriente Próximo y la creciente militarización de nuevos dominios tecnológicos. En ese terreno conecta con otras discusiones recientes, como la que plantea Michael Ignatieff al pedir a Xi Jinping y Donald Trump un pacto para evitar que la inteligencia artificial acceda a armas atómicas.
La preocupación europea por la llamada guerra híbrida no es nueva, pero se ha intensificado en los últimos años. Desde la anexión de Crimea en 2014, Rusia ha recurrido de forma creciente a sabotajes de infraestructuras críticas, campañas de desinformación y ciberataques contra instituciones europeas, una estrategia frente a la que los mecanismos de disuasión tradicionales resultarían insuficientes. En paralelo, el Senado de Estados Unidos aprobó sanciones contra el proyecto gasístico ruso Arctic Yamal LNG, en línea con el esfuerzo occidental por asfixiar las exportaciones de gas ruso, que se suma a las restricciones vigentes desde 2022.
El encuentro remite también a la discusión, recurrente desde hace años, sobre el grado de autonomía estratégica que la Unión Europea debería asumir frente a su dependencia histórica de la OTAN y, en particular, de Estados Unidos. La incertidumbre sobre la política exterior de Washington ha reforzado el debate sobre la necesidad de que Europa desarrolle capacidades propias de defensa, disuasión y respuesta ante amenazas híbridas.
La cita se produce, además, en paralelo a procesos electorales que reflejan la centralidad de estos temas en la agenda pública europea, como las elecciones en Berlín, donde la crisis de la vivienda y el avance de la extrema derecha marcan la campaña mientras la seguridad y la defensa ganan peso en el debate continental.


