Hernán Garza, director del torneo, calificó el cuadro de esta edición como el mejor en la historia del certamen en entrevista con la organización. "Este año, es el mejor cuadro en toda la historia. Estamos cerrando en la 53 del mundo y el torneo de clasificación en la 80", sostuvo el empresario mexicano al frente de la cita regiomontana, en referencia a las posiciones del ranking mundial que alcanzan las jugadoras del cuadro principal y de la fase clasificatoria.
Garza señaló además que mantuvo negociaciones para intentar sumar a Serena Williams, ganadora de 23 títulos de Grand Slam, aunque la estadounidense no forma parte del cuadro de esta edición. El intento por atraer a figuras de máximo nivel ha sido una constante en la estrategia del torneo para elevar su atractivo comercial y deportivo.
El certamen llega con bajas relevantes respecto a lo anunciado en meses previos: la checa Linda Noskova, la también checa Sara Bejlek, la rumana Sorana Cirstea, la polaca Magdalena Frech y la turca Zeynep Sonmez no disputarán finalmente esta edición, de acuerdo con la información de la organización.
Pese a esas ausencias, el cartel conserva nombres de peso en el circuito femenil: la rusa Ekaterina Alexandrova, la belga Elise Mertens y la croata Donna Vekic figuran entre las jugadoras que buscarán el título en Nuevo León. La representación mexicana se apoya en Renata Zarazúa, una de las raquetas nacionales llamadas a dar batalla ante el público local, en un torneo que desde su fundación ha servido de escaparate para el tenis femenil mexicano frente a rivales de mayor ranking.
Giuliana Olmos, una de las tenistas mexicanas más consistentes en el circuito profesional, buscará esta semana su tercera final en el Abierto de Monterrey. "Cada año, cuando llega el torneo, es un acontecimiento sumamente importante para todos", declaró la jugadora sobre el peso que tiene el certamen dentro del calendario deportivo del país.
Un torneo pionero que ha resistido donde otros no
El Abierto de Monterrey nació como el primer torneo de la WTA en México y, desde entonces, se ha consolidado como plataforma para acercar a figuras del ranking mundial a un público con escasa exposición histórica al tenis profesional de más alto nivel. Su continuidad durante 18 ediciones lo distingue de otros intentos de establecer torneos WTA o ATP en el país, varios de los cuales no lograron sostenerse en el calendario internacional por razones presupuestales o de organización. México llegó a albergar durante años el Abierto Mexicano de Acapulco en la rama masculina, referencia del circuito ATP en el país, mientras que la escena femenil dependió durante largo tiempo de eventos aislados que no arraigaron.
La categoría 500 que ostenta el torneo desde hace tres años implica mayor puntaje para el ranking de la WTA y, en consecuencia, mayor atractivo para jugadoras que buscan sumar unidades antes del cierre de temporada. La bolsa de esta edición, de 1,206,446 dólares, es la más alta reportada en la historia del certamen y, según los organizadores, se inscribe en un crecimiento sostenido de los premios conforme el torneo ha escalado de categoría dentro del circuito.
La cita se ubica en un tramo del calendario internacional previo a la gira asiática y al cierre de temporada de la WTA, lo que la convierte en una parada relevante para las jugadoras que pelean por posiciones en el ranking. Para el tenis mexicano, además, representa una de las pocas ventanas del año en las que aficionados locales pueden ver en vivo a jugadoras del top mundial sin salir del país.
La final está prevista para el sábado 29 de agosto, cuando se conocerá a la campeona de esta edición número 18. Ese día quedará por verse si el nivel del cuadro, calificado como el mejor de la historia del certamen por su director, se traduce en resultados a la altura de las expectativas generadas antes del arranque.