Los Bombers de la Generalitat contabilizaron 1.671 avisos relacionados con el episodio desde el sábado hasta las once de la mañana de este domingo, con 825 en la región metropolitana norte, 541 en la sur y 295 en Girona, según su cuenta oficial. Nueve dotaciones seguían trabajando a esa hora en la búsqueda de la persona arrastrada por una riera en Pineda de Mar, en una zona donde se acumularon entre 200 y 300 litros por metro cuadrado en pocas horas.
El teléfono de emergencias 112 había recibido 6.712 llamadas hasta las once de la mañana por 4.849 incidentes distintos, según difundió el propio servicio. El Barcelonès fue la comarca más afectada, seguida del Maresme, el Vallès Oriental, el Vallès Occidental y el Baix Llobregat.
El hospital de Blanes, en Girona, se inundó y los equipos de emergencias realizaban «actuaciones al respecto» durante la mañana del domingo. El de Granollers, en Barcelona, también resultó afectado, por lo que las autoridades sanitarias recomendaron derivar a los pacientes a los centros de Mollet, Mataró, Vic o Sant Celoni mientras se normalizaba la situación.
Los Mossos d'Esquadra desplegaron unidades de tráfico en las veinte comarcas afectadas para cortar vías y establecer controles que redirigieran la circulación ante los desprendimientos. Los agentes realizaron además, según portavoces del cuerpo, «actuaciones asistenciales en colaboración con los bomberos y los servicios de emergencia» para rescatar a personas atrapadas en vehículos arrastrados por el agua.
Las lluvias dañaron también el suministro eléctrico: 17.654 personas se habían quedado sin luz hasta las nueve y media de la mañana, según Protección Civil, que registró 220 incidencias en la red con especial impacto en Barcelona capital y en los colindantes Badalona y Santa Coloma de Gramenet. El río Besòs creció hasta alcanzar el puente ferroviario de Sant Adrià de Besòs, infraestructura cuya baja altura ya agravó los efectos de la riada de 1962 y cuya elevación reclaman desde hace años vecinos y técnicos.
Un sistema convectivo, no un medicane
El físico especializado en meteorología Ángel Rivera explicó que lo ocurrido responde a «un sistema convectivo», un fenómeno que genera «grandes nubes» y «tormentas con precipitaciones muy intensas, sobre todo si se forman en el Mediterráneo», un mar que tras un verano especialmente caluroso acumula masas de aire cálido y húmedo que actúan como «combustible». Rivera descartó que se formara un medicane, la estructura ciclónica propia del Mediterráneo que a veces se compara con un huracán debilitado: «No ha habido ningún tipo de minihuracán», aclaró.
Rivera situó la magnitud del episodio en perspectiva: mientras la dana que afectó a Valencia dejó 700 milímetros de agua por metro cuadrado, en Barcelona cayeron entre 240 y 250 milímetros, cantidad superada en el pasado en otros episodios mediterráneos pero que, según los primeros datos, constituiría un récord de acumulación en 24 horas para la capital catalana. El experto defendió que los modelos meteorológicos «han funcionado» y que «las predicciones han sido correctas».
«Vamos aprendiendo y creo que esta vez se han podido salvar incluso vidas al darse avisos adecuados a la situación», aseguró Ángel Rivera, físico especializado en meteorología.
El temporal se suma a una agenda catalana marcada por decisiones territoriales recientes, como el rechazo del Consell de Menorca a la ampliación del aeropuerto sin nueva torre de control. Protección Civil y los servicios de emergencia preveían que el episodio crítico de precipitaciones no se prolongara más allá de las dos de la tarde de este domingo.


