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La UE califica de terrorismo el ataque ruso a un centro comercial en Ucrania

La alta representante Kaja Kallas condenó como «depravación absoluta» y «terrorismo deliberado» el bombardeo, que según autoridades ucranianas dejó 16 muertos.

Por Redacción de El Hemiciclo·
4 min de lectura
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La alta representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas, condenó este sábado el ataque ruso contra un centro comercial en territorio ucraniano que, según las autoridades locales, se saldó con al menos 16 muertos.

Kallas subrayó que la naturaleza del objetivo —un espacio comercial, no una instalación militar— refuerza la calificación de "terrorismo deliberado" que empleó, un término que la diplomacia europea reserva para los casos más graves de violencia contra población desarmada. El alcance exacto y las circunstancias precisas del ataque no han sido confirmados de forma independiente, y se suma a una serie de bombardeos contra objetivos civiles en distintas ciudades ucranianas durante los últimos meses.

El Kremlin no se pronunció públicamente sobre este ataque concreto. Rusia ha sostenido de manera reiterada, desde el inicio de la guerra, que sus operaciones militares se dirigen exclusivamente contra infraestructura y capacidad militar ucraniana, una versión que Kiev y sus aliados occidentales han desmentido en numerosas ocasiones documentando impactos contra hospitales, escuelas, mercados y bloques de viviendas.

La reacción de la alta representante se produce en un contexto de fatiga diplomática. Desde el 24 de febrero de 2022, la Unión Europea ha aprobado sucesivos paquetes de sanciones contra Moscú, centrados en restricciones energéticas y financieras, sin que ello haya frenado los ataques con misiles y drones contra ciudades alejadas del frente. El Consejo de la UE es la instancia que debe ratificar cualquier nueva ronda de sanciones, un proceso que requiere unanimidad y que en el pasado ha topado con las reticencias de países como Hungría.

Un patrón de ataques contra objetivos civiles

La guerra ha dejado, desde 2022, un patrón recurrente de bombardeos contra infraestructura civil que organismos internacionales han investigado como posibles crímenes de guerra. La Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos ha documentado miles de víctimas civiles desde el inicio de la invasión, con picos de letalidad coincidentes con ataques a mercados, estaciones y centros comerciales en ciudades como Kramatorsk, Dnipro o Kremenchuk. Esta última fue escenario en junio de 2022 de un bombardeo contra un centro comercial que causó más de veinte muertos y que generó entonces una condena similar de las instituciones europeas.

La Corte Penal Internacional, con sede en La Haya, emitió en marzo de 2023 una orden de arresto contra el presidente ruso, Vladímir Putin, por la deportación ilegal de menores ucranianos, un precedente que ilustra la disposición de organismos internacionales a perseguir responsabilidades individuales derivadas del conflicto. Ni Rusia ni Ucrania han ratificado plenamente el Estatuto de Roma en los mismos términos, lo que complica jurídicamente la persecución de crímenes de guerra cometidos en el marco de esta invasión.

El Banco Mundial ha estimado en informes sucesivos el coste de la reconstrucción de Ucrania en varios cientos de miles de millones de dólares, una cifra que crece con cada nuevo ataque contra infraestructura civil o energética. El número de víctimas civiles desde 2022 se cuenta por decenas de miles, según recuentos de Naciones Unidas y organismos ucranianos, aunque las cifras exactas son objeto de disputa por la dificultad de verificación en zonas de combate activo.

La dimensión humana del conflicto ha tenido reflejo directo en España. Recientemente trascendió el caso de un ciudadano cántabro, conocido como 'el Abuelo', combatiente voluntario fallecido en el frente ucraniano cuyo cuerpo fue localizado tres años después de su muerte; su viuda percibirá una indemnización de 291.000 euros, un caso que ilustra la presencia de voluntarios extranjeros, incluidos españoles, en las filas ucranianas desde el inicio de la contienda.

El procedimiento sancionador y sus límites

El procedimiento para imponer nuevas sanciones a Rusia parte de una propuesta del Alto Representante —en este caso la propia Kallas— que debe ser negociada y aprobada por unanimidad en el Consejo de la UE. Ese mecanismo, diseñado para garantizar cohesión política, ha demostrado en la práctica ser lento y vulnerable a los vetos de socios individuales, lo que ha llevado a Bruselas a explorar fórmulas alternativas, como sanciones sectoriales específicas o el uso de los rendimientos de activos rusos congelados en la UE para financiar la reconstrucción ucraniana.

La respuesta de Kallas se enmarca en el papel que la Unión Europea ha asumido como uno de los principales financiadores de Ucrania, con desembolsos acumulados en ayuda financiera, militar y humanitaria desde 2022, según la Comisión Europea. Ese compromiso convive con las tensiones internas entre los Veintisiete sobre el ritmo de las sanciones y sobre la vía de adhesión de Ucrania a la Unión, formalmente abierta en 2022 pero sujeta a un proceso de reformas que Kiev deberá completar antes de cualquier ingreso efectivo.

La OTAN ha mantenido desde 2022 una política de apoyo militar a Ucrania sin intervención directa de tropas aliadas en el terreno, una línea roja que Washington y las principales capitales europeas han evitado cruzar para prevenir una escalada con Rusia, potencia nuclear con uno de los mayores arsenales del mundo junto a Estados Unidos.

La atención se centra ahora en si este ataque provoca una respuesta sancionadora adicional por parte de Bruselas y en el desarrollo de las conversaciones diplomáticas en curso, cuyo calendario y resultado no están garantizados. La declaración de Kallas se suma a un historial de condenas europeas que hasta la fecha no han logrado detener los bombardeos rusos contra objetivos civiles en territorio ucraniano, un patrón que se prolonga desde el inicio de la invasión.

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