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Alemania y Países Bajos destinan 40 millones a diseñar chips de IA sin depender de EE.UU.

El programa financiará equipos pequeños con hasta 9,6 millones en dos fases; Europa domina la máquina que fabrica chips, pero no su diseño.

Por Redacción de El Hemiciclo·
4 min de lectura
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Alemania y Países Bajos han puesto en marcha un programa conjunto de 40 millones de euros y 20 meses de duración para desarrollar, con ayuda de inteligencia artificial, nuevas arquitecturas de chips destinadas al entrenamiento y la inferencia de modelos de IA. La iniciativa, gestionada por la agencia neerlandesa NADI y la alemana SPRIND, busca reducir la dependencia europea del diseño estadounidense sin tocar el eslabón de la fabricación.

El programa no reparte el dinero de golpe. La primera fase dura ocho meses y limita la financiación a 2,6 millones por equipo; quienes superen ese corte entran en una segunda fase de doce meses adicionales con hasta 7 millones más, hasta sumar un máximo de 9,6 millones por proyecto. El primer corte llegará, según el calendario del programa, ya entrado 2027. SPRIND, la agencia alemana de innovación disruptiva creada en 2019, actúa junto a NADI, su equivalente neerlandés aún en constitución.

La convocatoria apunta a tareas muy concretas del proceso de diseño: búsqueda de arquitecturas, generación de RTL —la descripción lógica que define cómo se comporta el hardware—, verificación del resultado y exploración de alternativas mediante agentes y aprendizaje por refuerzo. SPRIND habla de comprimir de años a semanas ese ciclo, con aceleraciones de varios órdenes de magnitud, aunque ningún equipo, en ningún país, ha presentado todavía un chip comercial diseñado de principio a fin por un sistema de inteligencia artificial.

El objetivo declarado —entrenamiento e inferencia— no es un detalle técnico menor. Son las dos cargas de trabajo que sostienen el despliegue actual de la inteligencia artificial y el terreno donde Nvidia concentra cuota de mercado y margen. Cualquier arquitectura europea que gane eficiencia en ese terreno erosionaría, aunque solo sea en el margen, la prima de precio que hoy paga el mercado por el hardware estadounidense.

El diseño del propio programa transmite además un cambio de modelo. Frente a los grandes subsidios a plantas de fabricación que han marcado la política europea de semiconductores en la última década, Berlín y La Haya ensayan ahora equipos pequeños, presupuesto acotado y fases con corte eliminatorio. Es una apuesta más barata y más rápida de evaluar, pero también más modesta en volumen que los megaproyectos industriales financiados hasta ahora con fondos comunitarios.

ASML sostiene la máquina, no el diseño

Países Bajos aporta a la ecuación el ecosistema industrial más denso de Europa, construido alrededor de ASML, único fabricante mundial de litografía ultravioleta extrema, además de una red de proveedores de óptica y metrología con clientes en medio mundo. Alemania suma capacidad investigadora y, en paralelo, mantiene su apuesta por la fabricación avanzada con las ayudas europeas ya aprobadas para la planta de TSMC en Dresde.

Jelle Prins, cofundador de NADI, explicó a la agencia Reuters que la lógica del programa consiste en combinar recursos complementarios de ambos países para avanzar más rápido de lo que lograría cada uno por separado. El matiz importa: el liderazgo neerlandés se sitúa en la maquinaria que fabrica chips, no en el diseño de los chips que exige la IA, y la propia política europea de semiconductores señala ese diseño, junto a la fabricación avanzada, como una de las dependencias críticas frente a terceros países.

Países Bajos ha reservado 500 millones de euros para poner en marcha NADI como agencia estable, una cifra muy superior a los 40 millones de esta primera convocatoria. La agencia, sin embargo, todavía está en proceso de constitución, un trámite que deberá completarse antes de que pueda gestionar ese presupuesto mayor con el peso institucional que sus promotores le atribuyen.

Un antecedente que ya existe fuera de Europa

Usar inteligencia artificial para diseñar chips no es una novedad europea. Google DeepMind ya empleó su sistema AlphaChip en el diseño físico de varias generaciones de sus procesadores TPU, y los principales proveedores de herramientas de automatización electrónica incorporan IA en distintas etapas del flujo de trabajo desde hace tiempo. Lo que aporta de nuevo el programa germano-neerlandés es el formato: dinero público, equipos reducidos y una agencia que todavía no existe formalmente.

España afronta esta misma ola con un antecedente propio que invita a la cautela. El PERTE Chip, activado en 2022, comprometió 12.250 millones de euros para atraer diseño y fabricación de semiconductores al país, y su despliegue ha avanzado por debajo de lo prometido en el anuncio inicial. Sin una fábrica de obleas de última generación ni un actor nacional de referencia en diseño, la posición española queda supeditada a fondos europeos y centros de investigación, lo que hace más difícil replicar a corto plazo el modelo que ensayan ahora Berlín y La Haya.

El límite estructural del plan es que diseñar no equivale a fabricar. Un chip concebido en Múnich o Eindhoven seguirá necesitando capacidad de producción avanzada, hoy concentrada en Taiwán y Corea del Sur, además de herramientas de diseño que permanecen en manos de un número reducido de proveedores estadounidenses y alemanes. La automatización puede abaratar y acelerar el proceso, pero no lo desvincula de esa cadena física que Europa no controla.

El calendario regulatorio añade otra variable. La Chips Act 2.0 sigue siendo, por ahora, una propuesta en tramitación, y de su redacción final dependerá si los Estados miembros pueden subvencionar el diseño de chips con la misma libertad con que han subvencionado la construcción de plantas durante la última década. Ese marco normativo condicionará si iniciativas como la de NADI y SPRIND pueden escalar más allá de una convocatoria puntual.

El primer corte de la convocatoria, previsto para 2027 tras los ocho meses iniciales de trabajo, ofrecerá la primera señal concreta sobre qué equipos superan la fase eliminatoria y acceden a los fondos adicionales de la segunda etapa. Ahí se comprobará si los 40 millones comprometidos se traducen en propiedad intelectual registrada o en prototipos que ninguna fábrica llegue a producir.

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