Los dos soldados fueron capturados por fuerzas ucranianas en el marco de los combates en los que Pyongyang ha desplegado tropas junto al Ejército ruso, un movimiento que Kiev y sus aliados occidentales han denunciado como una escalada que internacionaliza el conflicto que Rusia libra contra Ucrania desde febrero de 2022. La gestión de los prisioneros plantea un dilema: una repatriación a Corea del Norte los expondría a represalias del régimen de Kim Jong-un, mientras que una acogida en Corea del Sur —país que constitucionalmente considera surcoreanos a todos los nacidos en la península— abre una vía legal poco explorada en un conflicto de esta naturaleza.
Según la versión que ha trascendido, Seúl aceptó en privado hacerse cargo de los dos prisioneros en un gesto que buscaba evitar la publicidad, dado el riesgo que entraña para sus familias y para la seguridad de los propios soldados. La difusión pública por parte de Zelenski rompió ese entendimiento y generó fricción con un Gobierno surcoreano que ha mantenido una postura cautelosa respecto al conflicto europeo, limitando su apoyo a Kiev a la ayuda humanitaria y evitando el envío de armamento letal para no tensar más su relación con Rusia.
Seúl ha evitado históricamente involucrarse de forma directa en conflictos que puedan comprometer su equilibrio regional, en particular su relación con Moscú, un actor con capacidad de influir en la península coreana a través de su vínculo con Pyongyang. El armisticio de 1953, que nunca dio paso a un tratado de paz, mantiene formalmente en guerra a las dos Coreas y explica la prudencia con la que el Sur observa cada movimiento del régimen del Norte.
La implicación militar de Pyongyang en la guerra rusa se ha convertido en motivo de preocupación compartida entre Seúl, Washington y Tokio. De confirmarse el malestar surcoreano, la revelación de Zelenski complicaría los esfuerzos de Kiev por ampliar su base de apoyos en Asia justo cuando el despliegue norcoreano en el frente eleva la alarma en esas tres capitales.
El episodio se suma a otros roces que han marcado la gestión pública de la guerra por parte de Zelenski, cuya estrategia comunicativa ha buscado visibilizar apoyos internacionales a veces al precio de tensar relaciones bilaterales. Ocurrió cuando el presidente ucraniano pidió a Emiratos Árabes Unidos que desmintiera haberle avisado del ataque de Hamás del 7 de octubre, un caso que, sin implicarle directamente, ilustra la tensión que generan sus revelaciones entre socios que prefieren la discreción.
La disputa se produce mientras la guerra continúa marcada por la evacuación de civiles en Kramatorsk, en el Dombás, bajo bombardeos rusos, un frente en el que la presencia de tropas norcoreanas ha añadido una dimensión adicional desde que Pyongyang confirmara el despliegue de sus soldados junto a las fuerzas rusas. Ni Kiev ni Seúl han precisado públicamente los términos exactos del acuerdo de confidencialidad ni el destino final que tendrán los dos prisioneros.



