El argumento central distingue entre dos objetivos que, según el ensayo, conviven en los programas oficiales panameños sin resolverse: uno de raíz ilustrada, orientado a que el estudiante comprenda el pasado con las herramientas de las ciencias sociales, incluida la posibilidad de criticar al propio país, y otro de raíz identitaria, enfocado en cultivar la lealtad nacional y separar un "nosotros" de los "otros". Los programas declaran ambos propósitos, pero en la práctica el segundo se impone a través de rituales como la jura a la bandera y los actos cívicos de noviembre.
"Según esa idea, el conocimiento histórico ya está hecho, guardado en los libros, y basta con leerlo para comprenderlo", escribe Mario Carretero, psicólogo e investigador en didáctica de la historia, sobre la concepción extendida de que la disciplina es un saber fácil.
El texto llama a esa diferencia la que separa un patriotismo cívico, que ama a su país sin dejar de examinarlo, de un patriotismo ciego, que no enseña sino que adoctrina. No se trata, aclara, de renunciar a la identidad ni al afecto por el país, sino de no confundir el amor con el adoctrinamiento.
El calendario patrio después de 1903
El ensayo recurre a los historiadores Eric Hobsbawm y Terence Ranger y su concepto de "invención de la tradición" para situar el calendario cívico panameño, construido por el Estado tras la separación de 1903. Apunta además que no todas las conmemoraciones nacen desde el poder: la del 9 de enero de 1964 surgió como memoria estudiantil y popular antes de que el Estado la declarara día de duelo nacional en 1967, y en 2013 la rebautizara oficialmente como Día de la Soberanía Nacional, aunque la población siga llamándola Día de los Mártires.
El texto advierte sobre el riesgo de lo que Carretero llama "narrativas maestras": relatos fundacionales que presentan a la nación como si hubiera existido siempre, dividen el pasado entre propios y ajenos y suelen apoyarse en un mito de origen. Esas narrativas, señala, se transmiten no solo en la escuela, sino también en museos, monumentos, mapas y fiestas cívicas, y moldean la manera en que la mayoría imagina su país pese a que la investigación histórica actual ofrezca visiones más críticas. Para ilustrar lo que está en juego, el ensayo apela a la novela 1984 de George Orwell: quien controla la enseñanza de la historia controla también la capacidad de una sociedad para imaginar su futuro.
Del relato a la pregunta abierta
Frente a ese modelo, el ensayo propone una enseñanza que no sustituya un relato por otro, sino que cambie la pregunta: en vez de transmitir una versión cerrada del pasado, plantearlo como un problema que exige indagar quién lo contó, con qué fuentes y qué quedó fuera. Cita para ello los seis conceptos del historiador canadiense Peter Seixas —significación histórica, fuentes como evidencia, continuidad y cambio, causas y consecuencias, perspectivas históricas y dimensión ética— como marco para trabajar el pasado en el aula.
El texto incorpora también los hallazgos del investigador estadounidense Sam Wineburg sobre la manera en que los historiadores leen documentos: identificando a su autor, su intención y su época, y contrastándolo con otras fuentes. Como ejercicio concreto para un salón panameño, el ensayo sugiere comparar cómo narran el 3 de noviembre un libro de texto, un periódico de la época y un documento diplomático extranjero, un contraste que —sostiene— revela diferencias de relato que son el punto de partida del pensamiento histórico y no un problema que haya que esconder. La reflexión coincide con otras aproximaciones recientes de la cultura panameña a su propia memoria, como el documental El Último Llamado de María.
El autor insiste en evitar el presentismo, que es juzgar el pasado solo con los ojos del presente, porque quien lo hace no entiende las razones, los miedos y los límites de las personas de otra época. Mientras miles de estudiantes se preparan para marchar en noviembre como lo hicieron sus padres y abuelos, el ensayo deja planteada la pregunta de fondo que, según su autor, rara vez se formula en las aulas: quién decidió celebrar así, cuándo y con qué propósito.