Guterres dedicó buena parte de su intervención a trazar un diagnóstico sombrío del momento internacional. Describió un mundo en el que las «grietas» entre potencias «se han convertido en abismos», con «derechos humanos pisoteados» y el «derecho internacional ignorado» en distintos frentes abiertos. Para el secretario general, estos episodios no son «crisis aisladas», sino «capítulos de la misma historia: la historia del poder», una reflexión que enlazó con la pregunta de quién concentra ese poder y a quién se le niega.
En materia de inteligencia artificial, Guterres fijó límites: alertó de que «los robots asesinos no tienen lugar en nuestro futuro», en referencia a los sistemas de armas autónomas letales, uno de los debates que Naciones Unidas arrastra desde hace años sin lograr un tratado vinculante que los regule. La ONU intenta articular un marco multilateral sobre estas armas en el seno de la Convención sobre Ciertas Armas Convencionales, con avances limitados por la falta de consenso entre las grandes potencias militares.
La apertura de Guterres sirvió de preámbulo a una jornada en la que Donald Trump concentró la atención diplomática. El presidente estadounidense intervino por la tarde ante la Asamblea, en una comparecencia que se sumó a una agenda de encuentros bilaterales que incluyó desde representantes de Venezuela hasta Zelenski y el asunto de Groenlandia, en lo que ya se ha descrito como un maratón diplomático de cinco citas claves.
También en Nueva York, el secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, se mostró dispuesto a reunirse con los enviados iraníes que acudieran a la Asamblea para abordar la situación en el estrecho de Ormuz, corredor marítimo por el que transita una parte sustancial del petróleo mundial y que ha sido escenario recurrente de tensión entre Teherán y Washington en las últimas décadas. El presidente de Brasil, Lula da Silva, completó el cartel de intervenciones destacadas de la jornada.
La ausencia española y la cuota a la ONU
La cita de Nueva York coincide con la decisión del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, de no acudir a la recepción que Trump ofrece con motivo de la Asamblea pese a estar invitado, según se ha informado sobre la actualidad política en directo. El encuentro se produce en un momento en que España ha reforzado su compromiso financiero con el organismo: según datos ministeriales, el país aportó 522 millones de euros por encima de su cuota obligatoria a la ONU, en línea con el papel en foros multilaterales que Sánchez ha defendido.
El debate sobre la inteligencia artificial que Guterres situó en el centro de su discurso se enmarca en una gobernanza internacional aún incipiente. La propia ONU creó en 2023 un órgano asesor de alto nivel sobre IA que en 2024 recomendó mecanismos de supervisión científica y un fondo global para reducir la brecha tecnológica entre países ricos y pobres, propuestas que hasta la fecha no han cristalizado en un tratado vinculante.
«¿Quién lo tiene? ¿A quién se le niega?», preguntó Guterres al describir el trasfondo común de las crisis actuales, en una intervención que dio paso a una Asamblea en la que la tecnología, la guerra y el reparto de poder entre potencias compartieron protagonismo antes de que Trump tomara la palabra horas después ante el mismo plenario.



