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Zelenski destituye al jefe del Ejército ucraniano y nombra a Drapatyi

El general Oleksandr Syrski es sustituido por Mykhailo Drapatyi tras días de protestas ciudadanas y críticas a la conducción de la guerra con Rusia.

Por Redacción de El Hemiciclo· San Salvador·
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El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, anunció este martes la destitución del comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, Oleksandr Syrski, y el nombramiento en su lugar del general Mykhailo Drapatyi, según fuentes de Kiev, en una decisión que —de acuerdo con lo difundido— busca aliviar las tensiones políticas y militares surgidas tras varios días de protestas ciudadanas y fuertes críticas al manejo de la guerra que Rusia inició con la invasión a gran escala de febrero de 2022 y que a juli

El relevo marcaría uno de los cambios de mayor peso en la cúpula militar ucraniana desde que Syrski asumiera el mando en febrero de 2024, cuando sustituyó al entonces popular general Valeri Zaluzhni en circunstancias también marcadas por la tensión política. Aquella salida, atribuida por analistas a fricciones entre el Órgano Ejecutivo ucraniano y el alto mando militar, sentó un precedente que ahora se reproduce con un patrón similar: protestas en la calle, cuestionamientos a la gestión bélica y una decisión presidencial que reordena el liderazgo castrense en plena contienda.

Drapatyi, de perfil más joven que su antecesor, había cobrado notoriedad como comandante de las fuerzas terrestres ucranianas y por su papel en la defensa de sectores del frente oriental. Su designación, según lo reportado, buscaría transmitir una señal de renovación ante una población que en los últimos días salió a manifestarse en varias ciudades, entre ellas Kiev, por el manejo de la guerra y por decisiones político-institucionales que, según los manifestantes, erosionaron la confianza pública en los mecanismos de control interno.

El trasfondo de las protestas remitiría a un malestar más amplio, que combina el cansancio de la población tras más de cuatro años de conflicto armado con reclamos sobre la transparencia en la gestión de recursos destinados a la defensa. Ucrania depende en gran medida de la asistencia militar y financiera de sus socios occidentales, principalmente EE.UU. y los países miembros de la Unión Europea y la OTAN, una dependencia que convierte cualquier señal de inestabilidad interna en un asunto de interés inmediato para Washington, Bruselas y las capitales aliadas.

Un conflicto con raíces en 2014

La guerra entre Rusia y Ucrania, iniciada formalmente el 24 de febrero de 2022 con la invasión ordenada por el presidente ruso, Vladímir Putin, tiene raíces que se remontan a la anexión rusa de la península de Crimea en 2014 y al conflicto armado en la región del Donbás, en el este ucraniano, que desde entonces enfrentó a las fuerzas de Kiev con grupos separatistas respaldados por Moscú. Ese antecedente resulta clave para entender por qué cualquier movimiento en el mando militar ucraniano se lee, dentro y fuera del país, como un indicador de la capacidad de resistencia y cohesión interna frente a Rusia.

Ucrania ocupa una posición estratégica entre Rusia y Europa central, con fronteras que la convierten en un corredor de rutas energéticas y comerciales que históricamente vincularon a Moscú con el continente europeo. El control de territorios como el Donbás y de Crimea, con salida al mar Negro, ha sido determinante en el desarrollo del conflicto, pues involucra tanto recursos naturales como el acceso a rutas marítimas de exportación de granos, un rubro en el que Ucrania figura como uno de los principales proveedores mundiales.

El cambio en el alto mando abre también un debate sobre la relación entre el Órgano Ejecutivo encabezado por Zelenski y las Fuerzas Armadas, en un contexto en el que la ley marcial vigente desde el inicio de la invasión concentró facultades excepcionales en la Presidencia. Ese marco legal, aprobado por el Parlamento ucraniano (Rada Suprema) en 2022 y sucesivamente prorrogado, ha permitido postergar elecciones y mantener movilizada a buena parte de la población en edad militar, una situación que alimenta parte del descontento social documentado en las recientes manifestaciones.

Voces críticas dentro de Ucrania, citadas por medios internacionales, habrían señalado que la salida de Syrski respondería más a un cálculo político para contener el desgaste del gobierno que a un cambio de estrategia militar de fondo. Desde sectores cercanos al Ejecutivo ucraniano, en cambio, se habría defendido la medida como parte de un proceso de rotación de mandos ante las exigencias cambiantes del frente, sin que ello implique un reconocimiento de fracaso en la conducción de la guerra.

La respuesta de Moscú a estos movimientos internos en Kiev no se conocía al cierre de esta nota. El Kremlin ha utilizado en el pasado episodios de tensión política ucraniana para reforzar su narrativa sobre una supuesta inestabilidad institucional en el país vecino, discursos que —según analistas de la región— buscan erosionar el respaldo internacional a Kiev, respaldo que continúa siendo determinante para la capacidad ucraniana de sostener el frente militar.

El desenlace de este movimiento deberá observarse en las próximas semanas, tanto en el desarrollo de las operaciones en el frente oriental como en la respuesta de los aliados occidentales, que analizan cualquier señal de fractura interna antes de definir nuevos paquetes de ayuda militar y financiera. La Unión Europea y la OTAN mantienen reuniones de coordinación sobre el apoyo a Kiev, encuentros en los que la estabilidad del liderazgo ucraniano —civil y militar— será previsiblemente un punto de referencia obligado.

Para Centroamérica, y particularmente para El Salvador, el seguimiento del conflicto conserva relevancia indirecta en materia de mercados internacionales, especialmente en los precios de granos y combustibles, insumos sensibles para la economía salvadoreña cuya volatilidad ha sido monitoreada por el Banco Central de Reserva desde el inicio de la guerra en 2022. Cualquier episodio de inestabilidad prolongada en Ucrania, uno de los mayores exportadores mundiales de cereales, mantiene el potencial de repercutir en los costos de importación de alimentos que llegan al mercado local.

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