El anuncio, difundido a través de la cuenta de Trump en Truth Social, no fue acompañado de un comunicado formal de la Casa Blanca ni de un documento oficial que precise los términos jurídicos, plazos o contrapartes empresariales del acuerdo. Trump escribió que la transacción se habría concretado «sin costo para el contribuyente estadounidense» y mediante una asociación con «negocios privados», sin identificar a las compañías involucradas ni el mecanismo de participación accionaria previsto. El mandatario sostuvo, además, que el pacto «duplicaría» las reservas petroleras de su país y que reduciría «sustancialmente» los precios del combustible para los consumidores estadounidenses «en el futuro».
El secretario de Estado, Marco Rubio, respaldó el anuncio y lo describió como «una gran victoria tanto para el pueblo estadounidense como para el venezolano». Rubio afirmó que el acuerdo traería consigo casi $100,000 millones en inversión privada hacia Venezuela, apoyaría «miles de empleos bien remunerados» e impulsaría «la reconstrucción de la economía» de ese país, sin especificar el origen de esos capitales ni un cronograma de ejecución.
La referencia de Trump a Delcy Rodríguez como «presidenta interina» de Venezuela introduce una ambigüedad relevante. Rodríguez ha ejercido como vicepresidenta ejecutiva bajo la presidencia de Nicolás Maduro, y la designación empleada por el mandatario estadounidense no corresponde a la estructura constitucional venezolana vigente ni ha sido corroborada por otras fuentes gubernamentales. El gobierno de Maduro no ha emitido, hasta la publicación de esta nota, una confirmación oficial a través de sus canales institucionales sobre los términos descritos por Trump; tampoco ha trascendido una versión de Rodríguez que corrobore la firma formal del acuerdo ni las condiciones bajo las cuales Caracas habría aceptado transferir el control mayoritario de sus reservas probadas a intereses estadounidenses.
Qué significa para la factura energética salvadoreña
Para El Salvador, un eventual reacomodo del mapa petrolero venezolano tiene implicaciones indirectas pero no menores. Venezuela ha sido históricamente uno de los mayores exportadores de crudo del hemisferio, y cualquier variación sustancial en su producción o en las sanciones que pesan sobre su industria petrolera —impuestas por Washington desde 2019, durante el primer mandato de Trump, y mantenidas con matices por administraciones posteriores— repercute en los precios internacionales de referencia que inciden en el costo de los combustibles que importa el país centroamericano.
El país no cuenta con producción petrolera propia significativa y depende casi por completo de las importaciones de derivados, por lo que las variaciones del precio internacional del crudo influyen directamente en la factura energética nacional. Una eventual caída sostenida de los precios del combustible, si el anuncio se materializara, podría trasladarse parcialmente a las tarifas de transporte público y electricidad, aunque los canales de transmisión suelen tomar meses en reflejarse. El Banco Central de Reserva (BCR) no se ha pronunciado sobre el anuncio.
El precedente más cercano en materia de aperturas petroleras entre Washington y Caracas data de comienzos de 2025, cuando la administración estadounidense flexibilizó de forma temporal licencias para operaciones de empresas extranjeras en Venezuela, en medio de negociaciones ligadas a la migración y a la política interna venezolana. Aquellas autorizaciones fueron revocadas y restituidas en más de una ocasión a lo largo de ese año, lo que ilustra la volatilidad de los compromisos bilaterales entre ambos gobiernos en materia energética.
La magnitud atribuida al anuncio no ha sido respaldada por registros oficiales de reservas. El desarrollo de infraestructura petrolera en yacimientos como los de la Faja del Orinoco —los más extensos de Venezuela— requiere inversiones cuantiosas en perforación, transporte y refinación, lo que abre interrogantes sobre la afirmación de que la operación se ejecutaría «sin costo para el contribuyente estadounidense». Ninguna agencia estadounidense ni venezolana ha publicado documentación que precise la magnitud de los 65,000 millones de barriles mencionados por Trump.
La política exterior salvadoreña ha mantenido en los últimos años una postura de distanciamiento crítico hacia el gobierno de Maduro, en sintonía con buena parte de los gobiernos de la región agrupados en el marco de la Organización de los Estados Americanos (OEA). Un giro en la relación bilateral entre Washington y Caracas, de confirmarse, podría reconfigurar alineamientos diplomáticos en Centroamérica y el Caribe, donde varios países han servido de plataforma para negociaciones ligadas a la crisis venezolana.
La Cancillería salvadoreña no se ha pronunciado públicamente sobre el anuncio. En el pasado, el Órgano Ejecutivo ha evitado emitir posiciones inmediatas sobre anuncios formulados exclusivamente en redes sociales por mandatarios extranjeros, a la espera de comunicados oficiales o documentos formales que permitan una valoración diplomática precisa.
De confirmarse en los próximos días o semanas mediante documentación oficial —del Departamento de Estado, del Departamento del Tesoro o de instancias gubernamentales venezolanas—, el acuerdo tendría que sortear el entramado de sanciones vigentes contra Petróleos de Venezuela (PDVSA) y contra funcionarios del gobierno de Maduro, muchas de ellas ancladas en decisiones del Congreso de Estados Unidos que requerirían acciones ejecutivas o legislativas adicionales para su levantamiento parcial o total. Hasta entonces, el anuncio se mantiene sin respaldo documental público que permita verificar sus términos.


