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Sánchez y 13 ministros confirman que no acudirán al Senado el martes: el PP denuncia la mayor 'bunkerización' del Gobierno desde 2018 mientras el caso Koldo se juzga a 800 metros de la Cámara Alta

La ausencia de 14 de los 22 miembros del Consejo de Ministros en la sesión de control del martes ha desatado la indignación de la oposición, que denuncia un vaciamiento deliberado del escrutinio parlamentario. Solo tres ministros han confirmado su asistencia y dos se encuentran en viaje oficial. La coincidencia con la décima jornada del juicio del caso Koldo en el Tribunal Supremo, situado a apenas 800 metros de la sede del Senado, convierte la ausencia en un mensaje político que el Gobierno niega pero que la oposición lee como una huida calculada.

Por Redacción de El Hemiciclo· Madrid· · Actualizado:
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El hemiciclo del Senado tendrá el martes más asientos vacíos en la bancada azul que en cualquier otra sesión de control desde que Pedro Sánchez llegó a la presidencia en junio de 2018. Un total de 14 de los 22 miembros del Consejo de Ministros —incluido el propio presidente— han comunicado oficialmente que no asistirán a la sesión de control de la Cámara Alta prevista para las 16:00, una cifra sin precedentes en la legislatura que ha detonado una tormenta política de proporciones considerables. El Partido Popular ha calificado la situación de 'bunkerización del Gobierno' y ha anunciado que pedirá explicaciones formales a la Mesa del Senado.

La lista de ausentes confirmados a esta hora del viernes incluye al presidente Pedro Sánchez, a la vicepresidenta primera y ministra de Hacienda María Jesús Montero, al ministro de la Presidencia Félix Bolaños, a la ministra de Defensa Margarita Robles, al ministro de Transportes Óscar Puente, a la ministra de Sanidad Mónica García, al ministro de Cultura Ernest Urtasun, a la ministra de Ciencia Diana Morant, al ministro de Industria Jordi Hereu, a la ministra de Igualdad Ana Redondo, a la ministra de Vivienda Isabel Rodríguez, al ministro de Justicia Félix Bolaños —que acumula dos carteras—, al ministro de Agricultura Luis Planas y a la ministra de Educación Pilar Alegría. Los motivos comunicados oscilan entre compromisos internacionales, reuniones bilaterales fuera de Madrid y agendas institucionales que las fuentes gubernamentales describen como 'inaplazables'. Sin embargo, el dato duro es inapelable: nunca antes en esta legislatura se había registrado una ausencia tan masiva y coordinada del ejecutivo en una sesión de control del Senado. El portavoz del PP en la Cámara Alta, Javier Maroto, ha sido el primero en reaccionar con una comparecencia en la escalinata del edificio de la calle Bailén en la que ha utilizado la palabra 'bunkerización' hasta en cuatro ocasiones.

El contexto judicial amplifica exponencialmente el significado político de la ausencia. A exactamente 847 metros del Senado, medidos en línea recta desde la puerta principal de la Cámara hasta la entrada de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo en la calle Marqués de la Ensenada, se celebrará ese mismo martes la undécima jornada del juicio oral del caso Koldo. El proceso, que juzga a José Luis Ábalos, Koldo García y Víctor de Aldama por presuntos delitos de cohecho, tráfico de influencias y organización criminal en relación con los contratos de mascarillas durante la pandemia, ha entrado en una fase especialmente intensa tras las declaraciones de esta semana. La coincidencia geográfica y temporal no es nueva —el juicio lleva semanas celebrándose mientras el Senado mantiene su actividad ordinaria—, pero la decisión de vaciar la bancada del Gobierno justo cuando el caso alcanza su punto de máxima tensión mediática ha proporcionado a la oposición un argumento narrativo de extraordinaria potencia visual: el Gobierno se esconde mientras sus excompañeros se sientan en el banquillo.

Según la versión oficial, Sánchez participa el martes en una videoconferencia con el presidente del Consejo Europeo António Costa para preparar la cumbre de Chipre del 23 y 24 de abril; Montero preside una reunión del Consejo de Política Fiscal y Financiera con los consejeros autonómicos de Hacienda; Robles se encuentra en Bruselas para una reunión del Consejo de Asuntos Exteriores en formato defensa; y Puente —cuya ausencia es la más simbólica dada su relación directa con el caso Koldo como sucesor de Ábalos en Transportes— viaja a Oporto para la firma de un acuerdo ferroviario ibérico. La explicación, articulada ministerio a ministerio, resulta formalmente impecable, pero políticamente insostenible cuando se observa el cuadro completo: 14 de 22 no es una coincidencia, es un patrón.

La reacción del PP ha seguido una escalada calculada a lo largo de la mañana. A las 10:30, el vicesecretario de Comunicación, Borja Sémper, ha publicado un mensaje en redes sociales con la lista de ausentes y la frase '¿Quién gobierna España el martes?'. A las 11:15, Maroto ha dado la rueda de prensa ya mencionada. A las 12:00, el portavoz en el Congreso Miguel Tellado ha anunciado que el PP pedirá una comparecencia urgente de Bolaños para explicar por qué el Gobierno 'huye del control parlamentario'. Y a las 13:00, la secretaria general Cuca Gamarra ha elevado el tono al vincular directamente la ausencia con el caso Koldo: 'Sánchez no quiere que le pregunten por Ábalos, por Koldo, por Aldama. No quiere rendir cuentas. Quiere que los españoles se olviden de que su Gobierno es un Gobierno de la corrupción'. La estrategia del PP combina la denuncia institucional con la narrativa de la huida, una fórmula que pretende instalar en la opinión pública la imagen de un Gobierno que evita el escrutinio cuando la presión judicial aprieta.

Vox ha sumado su crítica con un enfoque diferente: Santiago Abascal ha calificado la ausencia de 'insulto a la soberanía popular' y ha anunciado que su grupo presentará una iniciativa para reformar el Reglamento del Senado e imponer un mínimo de asistencia obligatoria del 75% de los miembros del Gobierno en cada sesión de control. La propuesta, que los constitucionalistas consultados consideran de difícil encaje legal al chocar con la autonomía del ejecutivo para organizar su agenda, sirve sin embargo para reforzar el relato de que la derecha defiende el control parlamentario frente a un Gobierno que lo elude. Sumar, por su parte, ha guardado un silencio que los observadores interpretan como malestar contenido: la vicepresidenta Yolanda Díaz sí asistirá al Senado el martes, una decisión que fuentes de su entorno justifican por 'responsabilidad institucional' pero que inevitablemente contrasta con la ausencia masiva de los ministros socialistas.

El precedente más cercano a la situación actual se remonta al 12 de septiembre de 2018, cuando el Gobierno de Sánchez —entonces recién llegado al poder tras la moción de censura contra Rajoy— envió a solo cuatro ministros a una sesión de control del Senado en la que el PP disponía de una mayoría aplastante de 148 escaños y utilizó la Cámara como plataforma de oposición feroz. En aquella ocasión, la estrategia tenía una lógica aritmética clara: el Senado era territorio hostil y el Gobierno minimizaba la exposición de sus miembros más vulnerables. Ocho años después, la lógica ha cambiado pero el resultado es el mismo. El Senado actual, con una composición mucho más fragmentada, sigue siendo incómodo para el ejecutivo porque las preguntas del PP y de Vox se centran obsesivamente en los casos judiciales abiertos y en las investigaciones que salpican al entorno de Sánchez. La diferencia entre 2018 y 2026 es que ahora hay un juicio en curso, no meras investigaciones, y que la escala de la ausencia —14 de 22— rompe cualquier baremo de normalidad.

El impacto mediático de la 'bunkerización' se medirá en los informativos del martes, pero ya este viernes por la tarde las redes sociales han convertido el asunto en tendencia con más de 87.000 publicaciones en menos de tres horas bajo las etiquetas #GobiernoEscondido y #SenadoVacío. Los analistas de comunicación política consultados coinciden en que la imagen del banco azul del Senado vacío tiene un potencial destructor considerable porque activa un resorte emocional primario en la ciudadanía: la percepción de que quienes gobiernan no rinden cuentas. Un estudio del CIS de febrero de 2026 situaba 'la falta de transparencia del Gobierno' como la cuarta preocupación de los españoles, por detrás del empleo, la vivienda y la inmigración pero por delante de la corrupción. La ausencia masiva del martes alimenta directamente esa percepción y ofrece al PP un regalo comunicativo que no necesita explicación ni contexto: la foto del hemiciclo vacío se explica sola.

Desde el punto de vista constitucional, la sesión de control del Senado no impone una obligación de asistencia a todos los miembros del Gobierno. El artículo 111 de la Constitución establece que 'el Gobierno y cada uno de sus miembros están sometidos a las interpelaciones y preguntas que se les formulen en las Cámaras', pero no especifica un quórum mínimo ni sanciona la ausencia individual. El Reglamento del Senado, en su artículo 66, regula el procedimiento de las preguntas orales pero tampoco impone la presencia física del ministro interpelado: si un ministro no asiste, la pregunta puede ser respondida por otro miembro del Gobierno o puede decaer hasta la siguiente sesión. Este vacío normativo es precisamente el que Vox quiere llenar con su propuesta de reforma reglamentaria, aunque los letrados del Senado han señalado informalmente que una imposición de asistencia obligatoria podría entrar en conflicto con el principio de separación de poderes. La batalla jurídica, no obstante, es secundaria frente a la batalla de la percepción: cuando 14 ministros faltan el mismo día, el Gobierno puede ganar el argumento legal pero pierde irremediablemente el argumento político.

La oposición ha encontrado en el caso un hilo argumental que conecta tres de los frentes más incómodos para Sánchez: la falta de control parlamentario, la sombra del caso Koldo y la percepción de un Gobierno que prioriza la autoprotección sobre la rendición de cuentas. Para el martes, el PP ha preparado una batería de 47 preguntas escritas que van desde los detalles de la agenda de cada ministro ausente hasta las razones por las que Puente viaja a Oporto mientras su exantecesor Ábalos declara a 800 metros del Senado. Gamarra ha anunciado también que el PP exhibirá en el hemiciclo carteles con los rostros de los ministros ausentes y la leyenda 'Ni está ni se le espera', una escenificación teatral que busca convertir la sesión de control en un espectáculo visual imposible de ignorar por las cámaras de televisión. La pregunta que sobrevolaba los pasillos del Senado este viernes por la tarde era reveladora: ¿cuántos martes más puede el Gobierno permitirse vaciar la Cámara Alta antes de que la narrativa de la huida se convierta en un relato permanente?

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