El pliego de cargos del Cuarto Puente, en su sección de "Requisitos técnicos mínimos obligatorios", enumera edificios de especial protección entre los que figura la antigua estación de Balboa, calificada como "edificio reservado al futuro museo del ferrocarril". El documento establece, además, que el contratista no podrá afectar esa construcción en ninguna fase de la obra, según cita la agrupación.
Uno de los anexos del contrato contempla un área de integración urbana en Balboa con al menos cuatro canchas deportivas, pasos peatonales, zonas de esparcimiento y áreas verdes, un espacio que se extendería desde el edificio de la futura estación-museo hasta el acceso principal al puerto de Balboa. La ACAC concluye que preservar la estación no entra en conflicto con la obra, sino que forma parte de la visión concebida por el Estado panameño.
La estación forma parte de un conjunto arquitectónico que integra el edificio de la Administración del Canal en su cúspide y el Prado, con espacios verdes de dimensiones comparables a las esclusas. Construida hace más de un siglo, fue ubicada de manera que la vista de la Administración —hoy coronada por el cerro Ancón y la bandera panameña— impactara al pasajero apenas descendiera del tren, razón por la cual la agrupación la considera propicia para un museo dedicado al primer ferrocarril del mundo que conectó dos océanos.
El texto que sustenta el reclamo, firmado por una escritora integrante de la ACAC, cita a la historiadora Marixa Lasso para reforzar el valor histórico del área.
"Ancón se convirtió en el centro de un nuevo poder político", con diseños que "rendían homenaje a la gloria de la tecnología", escribe la historiadora Marixa Lasso.
La agrupación señala que el abandono del edificio corresponde a las autoridades encargadas de su custodia y no a quienes defienden su preservación. Como referencia, plantea el estado de deterioro en que se hallaba el Casco Antiguo hace unas tres décadas y la recuperación patrimonial alcanzada después, para advertir sobre lo que se perdería si esas edificaciones se hubieran destruido en nombre del progreso.
La ACAC insiste en que exigir el cumplimiento del pliego de cargos no equivale a oponerse al progreso urbano de la capital, sino a demandar la ejecución de lo ya pactado entre el Estado panameño y el contratista del Cuarto Puente. "No hay mejor recordatorio de nuestros logros como nación que preservar los vestigios del inmenso enclave" que ocupó la zona del canal, sostiene el texto difundido por la organización.
El reclamo se inscribe en la historia de la antigua Zona del Canal, territorio bajo administración estadounidense hasta la entrada en vigor de los tratados Torrijos-Carter, cuyo traspaso definitivo a Panamá se completó el 31 de diciembre de 1999. La ACAC enmarca la preservación de la estación dentro de esa memoria histórica, en un debate cultural que ha tenido eco reciente en la capital, como en la Feria del Libro de Panamá, celebrada en Atlapa.
La organización pide a los ciudadanos que repliquen su mensaje frente a las acusaciones vertidas en redes sociales de oponerse a todo. "Exigir que se cumpla esta visión no representa un estorbo para el progreso, sino un retorno a la dirección correcta", concluye el texto que respalda la campaña de la asociación.