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Estados Unidos confirma que desplegó un arma en órbita para el control del espacio

El secretario de la Fuerza Aérea, Troy Meink, dijo que el arma responde a «amenazas en constante evolución»; China advirtió contra una «carrera armamentística» en el espacio.

Por Redacción de El Hemiciclo·
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Ilustración de El Hemiciclo · el arma satelital en órbita terrestre
ILUSTRACIÓN DE EL HEMICICLO

Estados Unidos confirmó por primera vez que desplegó un arma en órbita terrestre, según declaró el secretario de la Fuerza Aérea, Troy Meink, durante la Conferencia sobre Aire, Espacio y Ciberseguridad celebrada el lunes. El funcionario no precisó cuándo se colocó el sistema ni cómo opera, pero aseguró que Washington enfrenta amenazas que evolucionan constantemente en el dominio espacial. China respondió el martes con una advertencia contra lo que calificó de riesgo de una carrera armamentística fuera de la atmósfera terrestre.

El reconocimiento marca un giro en la comunicación militar estadounidense, que hasta ahora evitaba admitir públicamente capacidades ofensivas en órbita. La Fuerza Espacial de Estados Unidos, la rama más joven de sus fuerzas armadas, creada en 2019 para proteger cientos de satélites usados en comunicaciones y vigilancia, describió el alcance de estas herramientas sin detallar el arma específica anunciada por Meink.

Un portavoz de la Fuerza Espacial precisó el concepto que enmarca el despliegue.

"El control espacial engloba las áreas de misión necesarias para disputar y controlar el dominio espacial, empleando medios cinéticos y no cinéticos para afectar las capacidades del adversario mediante la interrupción, la degradación e incluso la destrucción, si fuera necesario", declaró un portavoz de la Fuerza Espacial de Estados Unidos.

El mismo portavoz añadió que esas capacidades pueden emplearse tanto en operaciones ofensivas como defensivas bajo la dirección de los mandos en combate. Meink, en cambio, no ofreció dato alguno sobre el funcionamiento del sistema ni sobre la fecha en que fue colocado en órbita.

Especulación sobre la tecnología empleada

La ausencia de detalles técnicos abrió paso a la especulación entre analistas. Bleddyn Bowen, investigador del Royal United Services Institute (RUSI) de Londres, dijo en el programa Today de BBC Radio 4 que estaba "puramente especulando", pero planteó que Estados Unidos podría referirse a "algún tipo de plataforma de guerra electrónica o de interferencia de radio". Según explicó, un satélite privado de sus enlaces de radio "puede ser bastante inútil", una táctica que ya existe desde tierra pero que ahora podría trasladarse al espacio.

Bowen planteó también la posibilidad de un vehículo de destrucción cinética capaz de impactar físicamente contra un satélite rival, aunque consideró este escenario menos probable por la cantidad de escombros que generaría en órbita. Una tercera hipótesis, dijo, sería algún tipo de satélite de inspección cercana y captura, similar a la "capacidad de remolque espacial" que China ha demostrado previamente, mediante la cual un vehículo se acopla a un satélite ajeno y lo traslada a otra órbita.

La respuesta de Beijing

El Ministerio de Asuntos Exteriores chino reaccionó el martes con dureza: "Instamos a Estados Unidos a que deje de expandir sus capacidades militares y de prepararse para la guerra en el espacio ultraterrestre", declaró un portavoz de la cancillería, según recogió la agencia AFP. La Fuerza Espacial estadounidense sostiene, por su parte, que China "desarrolla y opera capacidades espaciales y antiespaciales como parte de una estrategia de modernización militar", mientras que atribuye a Rusia la consideración del espacio como "un dominio de guerra" decisivo en futuros conflictos.

El trasfondo jurídico de esta disputa se remonta al Tratado del Espacio Exterior de 1967, que prohibió el emplazamiento de armas de destrucción masiva en órbita terrestre pero dejó fuera de su alcance otras capacidades, como los sistemas diseñados para interferir o incapacitar satélites rivales. Desde entonces, Estados Unidos, Rusia y China han desarrollado, cada uno por su lado, tecnologías que bordean ese vacío normativo sin llegar a violarlo de forma explícita.

La rivalidad se intensificó en los últimos años con episodios concretos. A principios de febrero se reveló que dos satélites rusos habrían interceptado las comunicaciones de al menos una docena de satélites europeos desde la invasión de Ucrania en 2022, lo que hipotéticamente habría permitido a los servicios de inteligencia rusos leer datos confidenciales o incluso tomar control de esos sistemas. En 2024, Estados Unidos afirmó que Rusia había lanzado un satélite con capacidad para atacar otras sondas similares, señalamiento sobre el que Moscú no se pronunció públicamente.

En la última década, Rusia y China han ejecutado numerosas operaciones de encuentro y proximidad, conocidas como RPO por sus siglas en inglés, acercándose de manera arriesgada a satélites occidentales. Rod Thornton, profesor de Estudios de Defensa y Seguridad de Rusia en el King's College de Londres, explicó a la BBC que "teóricamente, estos satélites de RPO pueden convertirse en satélites cazadores-destructores, ya sea colisionando físicamente con otros satélites o empujándolos fuera de su órbita".

El anuncio de Meink se produce dentro del sistema de defensa Cúpula Dorada impulsado por la administración de Donald Trump, que contempla capacidades espaciales y misiles interceptores como piezas centrales de la protección estadounidense frente a amenazas aéreas. El año pasado, el mandatario firmó una orden ejecutiva que amplió el papel de la Fuerza Espacial más allá de la defensa de activos, reconociéndola también como una fuerza con capacidad de ataque.

Estas tensiones tecnológicas se cruzan con otras turbulencias de la agenda internacional, en un momento en que Wall Street atraviesa jornadas volátiles vinculadas a la inteligencia artificial, con una apertura en rojo arrastrada por el sector tecnológico tras alertas sobre el desarrollo acelerado de estas capacidades.

Pese al despliegue confirmado, tanto Estados Unidos como Rusia y China cuentan desde hace años con sistemas terrestres capaces de apuntar y disparar contra objetivos en órbita, por lo que el arma anunciada por Meink representaría, según los analistas consultados, una novedad de ubicación más que de concepto. El vacío de información pública sobre su funcionamiento exacto deja abierta la discusión técnica y diplomática sobre el verdadero alcance de esta capacidad.

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