|
PortadaParlamentoDeportesOpinión
IBEX 35
Última hora
  1. Una nueva denuncia por agresión sexual señala al alcalde de Algeciras, que no dimite
  2. El vicealcalde de Alicante niega conocer el caso VPP: «Ni tengo constancia»
  3. Las lluvias de otoño arrastran ceniza y lodo del incendio de Burgohondo a los embalses

Magyar presenta en Bruselas su hoja de ruta para desbloquear los 18.000 millones congelados por la UE mientras la Comisión advierte de que Hungría debe cumplir los hitos anticorrupción antes del 31 de agosto o perderá los fondos de recuperación

El nuevo primer ministro húngaro ha mantenido reuniones con Von der Leyen y Kallas en su primera visita a las instituciones europeas tras la derrota de Orbán. Bruselas exige la derogación de leyes que restringen la independencia judicial y la libertad de prensa como condición para liberar los fondos.

Por Redacción de El Hemiciclo· Bruselas·
20 min de lectura
Comentarios

El cambio político más significativo que Europa ha vivido en la última década — la derrota electoral de Viktor Orbán tras dieciséis años ininterrumpidos en el poder — ha comenzado esta semana a traducirse en consecuencias tangibles sobre las relaciones entre Budapest y Bruselas, después de que el nuevo primer ministro húngaro Péter Magyar realizara su primera visita oficial a las instituciones europeas con una agenda centrada en un único objetivo: desbloquear los más de dieciocho mil millones de euros en fondos europeos que la Comisión mantuvo congelados durante los últimos cuatro años como respuesta a las violaciones del Estado de derecho perpetradas por el gobierno de Orbán.

El nuevo primer ministro húngaro se reunió en Bruselas con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y con la alta representante para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas, en su primera visita formal a las instituciones comunitarias tras la derrota electoral de Viktor Orbán. El objetivo declarado de la cita fue presentar una hoja de ruta para desbloquear aproximadamente 18.000 millones de euros en fondos europeos congelados. La Comisión advirtió, según la posición trasladada en el marco de las reuniones, de que Hungría deberá acreditar el cumplimiento de los hitos anticorrupción exigidos antes del 31 de agosto o perderá el acceso a los recursos del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia (MRR).

Fondos bloqueados: origen y cuantía en juego

Los 18.000 millones de euros proceden en su mayor parte del MRR, el instrumento creado por la Unión Europea tras la pandemia de covid-19 mediante el Reglamento (UE) 2021/241 para financiar reformas e inversiones en los Estados miembros. A diferencia de los fondos estructurales tradicionales del Marco Financiero Plurianual, el MRR vincula explícitamente cada desembolso a la consecución de hitos y objetivos definidos en los planes nacionales aprobados de forma conjunta por la Comisión Europea y el Consejo de la UE. El incumplimiento del plazo implica, conforme a las reglas del propio reglamento, la pérdida definitiva de las asignaciones no comprometidas, que serían redistribuidas entre el resto de Estados miembros o devueltas al presupuesto comunitario.

Hungría acumula el mayor volumen de fondos europeos congelados de cualquier Estado miembro, una circunstancia que sitúa la negociación en curso en una categoría singular dentro de la historia reciente de las relaciones entre Budapest y Bruselas. Para la economía húngara, renunciar a esa inyección financiera en el momento actual tendría un impacto equivalente a varios puntos de su producto interior bruto, según se desprende de la escala de la cifra respecto al tamaño del país.

Condicionalidad del Estado de derecho: el marco normativo aplicable

La base jurídica del bloqueo de fondos combina dos instrumentos distintos. El primero es el ya citado Reglamento (UE) 2021/241 del MRR, que subordina los desembolsos al cumplimiento de hitos nacionales. El segundo es el Reglamento (UE, Euratom) 2020/2092, conocido como reglamento de condicionalidad ligada al Estado de derecho, que entró en vigor de forma efectiva como mecanismo de presión a partir de 2022 y permite suspender compromisos presupuestarios cuando se detectan vulneraciones que afectan a la gestión de fondos comunitarios. Ambos instrumentos se han aplicado simultáneamente sobre Hungría, lo que explica tanto el volumen total bloqueado como la dificultad técnica de la negociación.

La Comisión Europea condiciona la liberación de los fondos, según la posición trasladada en las reuniones, a la derogación de leyes que, a su juicio, restringen la independencia del poder judicial y la libertad de prensa. Estas dos áreas constituyen el núcleo de los denominados hitos de condicionalidad. La institución comunitaria ha sostenido que el plazo del 31 de agosto no es negociable. Por su parte, el nuevo primer ministro húngaro acudió a Bruselas con una hoja de ruta cuyo contenido específico no ha sido detallado públicamente, pero cuya presentación ante Von der Leyen y Kallas señala la intención del nuevo ejecutivo de abrir una vía de negociación. No consta, a partir del material disponible, que ninguna de las dos partes haya anunciado acuerdos concretos ni cedido en sus posiciones de partida.

Una década de conflicto institucional como antecedente

El enfrentamiento entre Budapest y Bruselas sobre independencia judicial y libertad de prensa se remonta a la primera legislatura de Orbán tras su retorno al poder en 2010. Desde entonces, la Comisión Europea, el Parlamento Europeo y el Tribunal de Justicia de la Unión Europea emitieron sucesivos dictámenes, sentencias y resoluciones cuestionando reformas legales húngaras en materia de organización de los tribunales, estatuto de los jueces, régimen de los medios de comunicación y control de organizaciones de la sociedad civil. El precedente más severo fue la activación del procedimiento del artículo 7 del Tratado de la Unión Europea, el mecanismo más gravoso previsto por los tratados para un Estado miembro, que puede llegar hasta la suspensión de derechos de voto en el Consejo y que se mantiene formalmente abierto.

El caso húngaro no carece de paralelo histórico. La disputa entre la Comisión Europea y Polonia entre 2015 y 2023 en torno a la reforma del Tribunal Supremo polaco siguió una trayectoria comparable: años de procedimientos de infracción, congelación parcial de fondos y, finalmente, un cambio de gobierno que abrió una negociación de normalización con Bruselas. La diferencia relevante es que Polonia logró desbloquear parte de sus fondos del MRR tras presentar un plan de reformas judiciales que la Comisión consideró suficiente; ese itinerario constituye el precedente inmediato más cercano al que se enfrenta ahora el nuevo ejecutivo húngaro.

El primer contacto formal y su peso político

La visita tiene un valor simbólico que trasciende la negociación técnica. Es el primer contacto formal entre el nuevo ejecutivo de Budapest y las instituciones comunitarias, y se produce en un momento en que la relación acumula años de tensión sostenida. El hecho de que el nuevo primer ministro haya viajado a Bruselas en esta fase temprana de su mandato señala una voluntad de ruptura con la dinámica de confrontación que caracterizó la etapa Orbán, aunque la distancia entre las posiciones de partida de ambas partes sigue siendo significativa según se desprende de la ausencia de acuerdos anunciados.

La reunión con Kallas añade una dimensión de política exterior a la visita. Durante los años de Orbán, Hungría mantuvo posiciones divergentes respecto al consenso europeo en varios expedientes de política exterior, lo que generó fricciones adicionales más allá del Estado de derecho. El encuentro con la alta representante sugiere que el nuevo gobierno húngaro busca también una recomposición de su posición en el ámbito de la política exterior y de seguridad común.

Plazo del 31 de agosto: consecuencias y efecto precedente

Si Hungría no acredita antes del 31 de agosto el cumplimiento de los hitos exigidos, las reglas del MRR activan automáticamente la redistribución de los fondos no comprometidos. Para Budapest, el coste económico sería inmediato y cuantificable. Para la Comisión Europea, dejar expirar el plazo sin acuerdo consolidaría el precedente de que la condicionalidad del Estado de derecho tiene consecuencias financieras reales y ejecutables, un mensaje con alcance político para el conjunto de los veintisiete Estados miembros y para cualquier futuro gobierno que considere desafiar los estándares comunitarios en esta materia.

Las próximas semanas determinarán si la hoja de ruta presentada por el nuevo primer ministro húngaro incluye compromisos legislativos suficientes para que la Comisión certifique el cumplimiento de los hitos antes de la fecha límite. El procedimiento técnico exige que Budapest adopte las reformas requeridas, que la Comisión las evalúe y que el Consejo de la UE dé su aprobación final, una cadena de pasos que, con el 31 de agosto como horizonte, deja un margen operativo estrecho. El resultado de este proceso definirá tanto la orientación del nuevo gobierno húngaro como la credibilidad del sistema de condicionalidad europeo de cara a la legislatura comunitaria 2024-2029.

Temas relacionados

¿Qué te ha parecido esta pieza?

Siguiente en Europa →La inversión europea en redes eléctricas llegaría a 48.000 millones en 2027, según Eurelectric
¿Tienes información para ampliar esta noticia? Escríbenos por el canal para informantes — protegemos a las fuentes.¿Error en este artículo? → Infórmanos

Comentarios

Comentas como Anónimo — seudónimo generado localmente, sin cuenta
0/1000

Cargando la conversación…

Los comentarios son anónimos. El Hemiciclo no registra IPs ni vincula comentarios a cuentas de usuario. Tu seudónimo y tus comentarios se guardan solo en este dispositivo. Conexión cifrada (HTTPS).

Sigue leyendo en El Hemiciclo